Cuando Galán era Joven (y Javeriano)
- Nicolás Gómez González

- 15 ene
- 6 Min. de lectura
El pasado 18 de agosto se cumplieron 36 años del magnicidio de Luis Carlos Galán. Pero hoy no evocamos al líder político que marcó una generación, sino al joven estudiante que, desde las aulas de la Javeriana, comenzaba a forjar su destino.

Por: Nicolás Gómez y Sofía Parra
La javeriana no siempre fue lo que es hoy, hace cerca de sesenta y cinco años la ‘Gran Caverna Conservadora’ como solían llamarla los jóvenes liberales de la década de 1960 se había convertido en el referente por excelencia de la educación superior para quienes tenían el privilegio de llamarse ‘javerianos’. De aquella javeriana, cuando los parqueaderos eran gratuitos y los estudiantes de derecho iban a clase en traje de paño y corbata, bajo la reservada mirada del Padre Gabriel Giraldo llegaría graduado del Colegio Antonio Nariño de Bogotá y con tan solo 17 años un joven de nombre Luis Carlos Galán Sarmiento a la carrera de Derecho y Economía.
Graduado con honores del Antonio Nariño y con una beca para cursar sus estudios universitarios en la Universidad de su elección, decidió presentarse a dos universidades, el Externado y la Javeriana. Sería admitido sobresalientemente en el Externado, mas no pasaría lo mismo en la Javeriana. Poco antes de morir contaría en una de las últimas entrevistas que concedería en vida con “Pacheco” la anécdota: “...y había una pregunta muy complicada en el examen de admisión (de la Javeriana). Yo me había formado en un colegio laico y la pregunta era que demostrara la existencia del alma, y yo llene como tres páginas de argumentos y me pusieron cero…”
¿La razón? Tenía que realizar su respuesta en forma de silogismo, algo imposible para alguien que no había tenido formación tomista, dejándolo en aprietos frente a los jesuitas. A pesar del percance, sería admitido en la Javeriana, y optó por quedarse. Su decisión no fue casual: el resultado menos brillante en el examen lo asumió como un reto personal, convencido de que en la Javeriana podría demostrarse y demostrar que estaba a la altura.
Del primíparo Galán cuentan que tenía una figura casi quijotesca: delgado, cabello crespo ensortijado, ojos azul verdosos y nariz aguileña, ni muy alto ni muy bajo. Un joven de ‘pinta javeriana’ los cuales con el pasar de los años reemplazan los trajes de paño por los jeans holgados y las camisas blancas de cuello en ‘V’, símbolo de la nueva era del hipismo que se tomaba poco a poco la Javeriana.
No se salvaría de las primiparadas de todo buen alumno de primer año (hoy primer semestre) pues recién entrado a la universidad se inscribiría en el Campeonato Javeriano de Ping Pong de la Facultad de Derecho. Para aquel entonces, contaría entre risas, que se sentía como un jugador casi nato de Ping Pong, había representado a su colegio en unos intercolegiados llevándose mención honorífica por su participación. Sin embargo, la Javeriana le daría su primer vuelco, en una partida contra el alumno de último año de derecho Roberto Gerlein Echeverria sería derrotado según Galán de forma “humillante”.
Tendría de compañero de pupitre durante toda su carrera a Rodrigo Lloreda Caicedo, quien sería su máximo rival durante sus estudios. Entre concursos de oratoria, se enfrentarían en toda clase de temas y debates, uno de ellos era la relación entre Colombia y los Estados Unidos, pues mientras que el doctor Lloreda defendía una posición más cercana a los Estados Unidos, Luis Carlos sostenía una tesis de mayor independencia de Colombia como protagonista importante de la vida americana.
Además del reto inicial que representó para él ingresar a la Javeriana, Galán tuvo que enfrentarse a una Facultad de Derecho reconocida por su marcado espíritu conservador. Fernando Carrillo la describiría años después como “una facultad ultraconservadora, algo así como los cuarteles generales del alvarismo. Las dos grandes glorias de la Facultad de Derecho eran el expresidente Misael Pastrana y Álvaro Gómez Hurtado”. En ese ambiente, Galán, de corriente liberal, asumió su paso por la universidad como un desafío: el de contraponer su ideología a una tradición que exaltaba las figuras más representativas del conservatismo colombiano.
En mayo de 1963, Galán representó a la Javeriana en el Congreso de la Federación Universitaria Nacional, realizado en la Universidad de Antioquia. Allí se enfrentó al rechazo de la mayoría de los jóvenes asistentes, quienes no compartían sus ideas liberales, influenciadas por su admiración hacia quien pocos años después sería presidente de la República: Carlos Lleras Restrepo. En aquellos años, la juventud universitaria oscilaba entre dos fuerzas opuestas: quienes proponían la vía armada de la guerrilla y quienes defendían el ala más conservadora. Galán vio de cerca cómo varios de sus compañeros se unieron a los movimientos insurgentes, pero nunca se sintió tentado a seguir ese camino. Para él, la transformación social tenía otro sentido, como lo expresó en una frase que se convertiría en principio de vida: “El cambio no se da sino por cambios de conciencia; no se da sino por transformación en la mentalidad”.
Su espíritu curioso lo llevaría a fundar en tercer año la primera revista liberal javeriana, “VERTICE”, un espacio de divulgación política del medio universitario liberal para formar y compartir las tesis de un grupo de jóvenes liberales javerianos en una de las universidades más conservadoras del país. Siendo la presencia conservadora en la Facultad de Derecho un gran desafío para plantear alternativas distintas a la militancia de buena parte de sus estudiantes. Aquella “rebeldía institucional” llamaría la atención del expresidente Eduardo Santos, en aquel tiempo director del periódico El Tiempo, quien, por intermediario de una trabajadora del periódico y estudiante de la Javeriana, Isabelita Pérez Ayala, mandaría llamar a Galán, a quien entrevistaría en su propia casa durante casi 4 horas.
Casi un año había pasado tras la intensa entrevista con el doctor Santos, cuando en la cafetería de la universidad Daniel Samper Pizano, en aquel entonces estudiante de quinto año le comentaría que querían vincularlos a Enrique Santos Calderón, a Daniel y a él a El Tiempo, ¿la condición? que en la entrevista pidiera que le pagaran mil quinientos pesos (de esa época) ya que esa era la única oportunidad del trío de futuros periodistas de obtener tan generoso salario.
De esos años universitarios, aquel muchacho de cabello ensortijado y ojos claros publicaría su primera columna en El Tiempo en agosto de 1965, gracias al apoyo del expresidente Eduardo Santos, quien más tarde lo nombraría su representante en la junta directiva del diario. No era sorpresa cuya vida como columnista daría un giro vertiginoso que marcaría el rumbo de su carrera política. Ya en quinto año de carrera, y con un lugar ganado en el periódico, Galán seguía de cerca los debates en el Senado y la agitada coyuntura de las elecciones presidenciales de 1970, que enfrentaron a Misael Pastrana Borrero, candidato del Frente Nacional, con el exdictador Gustavo Rojas Pinilla, respaldado por la ANAPO.
En ese contexto, el joven periodista tendría la oportunidad de entrevistar personalmente a Pastrana, ya posesionado como presidente de la República, un hito temprano que anunciaba su futura cercanía con la vida política nacional.
Durante casi 4 horas habló con el presidente Pastrana sobre los temas más importantes del momento. A su salida el presidente Pastrana lo detendría en la puerta y con tono amigable le diría “Discúlpeme Luis Carlos, pero temo que no podrá publicar esa entrevista”, ¿pero por qué presidente?, le preguntaría Galán. “Porque quiero que usted sea mi Ministro de Educación”.
Aquella propuesta dejaría estupefacto al joven Galán, que con tan solo unos segundos para recuperarse le respondería al presidente: “pero doctor Pastrana… es que yo ni siquiera me he graduado”.
La noticia de la nominación había dado un inicio apresurado a los preparativos para su grado dentro de la facultad de derecho de la Javeriana, “Hay que graduarlo ya, ¡porque va a ser ministro!” exclamó el Padre Giraldo ante la noticia. Llegaría aquella tarde a la oficina de redacción del periódico, y tras ser recibido por una de sus amigas de El Tiempo, Gloria Pachón, quien años más tarde sería su compañera de vida, le contaría la noticia. “¡Gloria! ¡El presidente Pastrana quiere que yo sea su ministro de Educación! ¿Cómo te parece?”.
Con 27 años, y 5 minutos de diferencia entre su grado de derecho y economía y su nombramiento como ministro, Luis Carlos Galán, el estudiante, el columnista, el liberal, el político cerraba su ciclo su ciclo de estudiante, más jamás como javeriano, regresaría toda vez que pudiera, como docente y otras en búsqueda de apoyos para profundizar en aquellos temas que sin ser estudiante seguía generando duda más siempre recordando su paso como estudiante.
No podemos dejar de preguntarnos, ¿Qué le dejó la Javeriana a Luis Carlos Galán? Pero después de la exhaustiva investigación para la realización de este artículo, sin planearlo encontramos la respuesta en una pequeña charla, con la mejor fuente posible para hablar sobre el doctor Galán, su gran compañera de vida, Gloria Pachón. Entre su vivida calidez, nos expresó, que la formación en la Javeriana sembró en él una idea que años más tarde convertiría en realidad, introducir la política en la universidad, mediante esta idea, lo que se buscaba era fomentar el activismo y la participación política entre los jóvenes, adentrarse a ella, hacer que no la sintieran ajena o lejana, sino propia.







