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16th World Scout Moot

  • Foto del escritor: José Javier Osorio Quintero
    José Javier Osorio Quintero
  • 15 ene
  • 7 Min. de lectura

Faltar casi tres semanas a la Universidad puede parecer una locura – y a lo mejor lo es – para muchas personas. Para mí, en cambio, depende de qué se hace en ese tiempo. Acá lo que yo hice en los primeros 18 días de mi último semestre de la Universidad. 


Entre el 24 de julio y el 3 de agosto de 2025 tuve la inmensa fortuna de participar en un Campamento Scout Mundial en Portugal llamado “16th World Scout Moot”. Ya había tenido la oportunidad de asistir a otro campamento de estos, el 24th World Scout Jamboree, en Charleston, West Virginia, Estados Unidos, pero sin duda fueron experiencias diferentes desde toda perspectiva. Acá un poco de mi experiencia.  

 

La aventura inició el 19 de julio, día en que salí de Bogotá rumbo a Lisboa, no sin antes aprovechar la escala de 7 horas en Madrid para caminar por la Gran Vía y comerme una buena paella en la Plaza Mayor. Llegué a Lisboa el 20 de julio y al día siguiente recorrí las calles de esta hermosa ciudad. El 22 de julio en la mañana estuve en Cascais, una pintoresca villa a unos 30 kilómetros de la capital portuguesa y en la tarde me encontré con Sergio Arias, un gran amigo del colegio, del movimiento Scout y de la vida, para emprender un mini-viaje antes de iniciar el campamento: Rentamos un carro y salimos de la capital portuguesa rumbo a Sevilla y luego reingresamos al país luso para recorrer la región del Algarve y dormir en Albufeira.  

 

El jueves 24 de julio regresamos a Lisboa y nos registramos en el “Parque Tejo”, lugar de inicio del campamento, ese día re-nombrado “Parque Papa Francisco”, mismo lugar donde 2 años atrás “dormí” en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud en una especie de vigilia junto a más de 1´000.000 de jóvenes de todo el mundo (el relato de mi experiencia aquella vez la publiqué con Foro Javeriano en la IV edición del 2023). 

 

El trasfondo u objetivo de los Moot es reunir jóvenes de entre 18 y 25 años para que vivan una experiencia Scout intercultural. Bajo este entendido, a los casi 8.000 asistentes nos dividieron en grupos, llamados Paths, de alrededor de 50 personas cada uno. A su vez, cada Path se dividía en patrullas (Patrols). A mí me correspondió el Path 1

 

El 25 de julio en la mañana inició propiamente el campamento. El objetivo de los organizadores de nuestro Path era que pudiéramos vivir 3 grandes tipos de experiencias propias de los Scouts de Portugal: (i) Scouts náuticos; (ii) Scouts “de tierra o tradicionales”; y (iii) actividades de servicio.  

 

Para vivir la experiencia como “Scouts náuticos”, la cual fue muy novedosa para mí porque en Colombia no existen, salimos del “Parque Papa Francisco” con nuestros morrales y equipo al hombro (lo mío pesaba más de 25kgs) rumbo al lugar donde dormiríamos esa noche. Llegamos al cabo de 30 minutos de caminata, nos instalamos en una casa que funge como sede de los Escoteiros Nauticos del Colegio Oriente de Lisboa, almorzamos y salimos a realizar algunas actividades acuáticas como carreras de kayak. Luego tuvimos un corto tiempo libre en el cual rentamos bicicletas y patinetas eléctricas para recorrer la zona del oceanario de Lisboa. 

 

El 26 de julio salimos rumbo a Boidobra, una freguesia (lo que para nosotros sería una vereda) de la ciudad de Covilhã y allí armamos nuestro campamento. En la tarde tuvimos algunas actividades de integración entre las Patrols. La mía era la número 5 y estaba compuesta por 9 personas de 9 países diferentes: Marco de Italia, José (yo) de Colombia, Nik de Suecia, Hiba de Marruecos, Thibaud de Bélgica, Joshua de Australia, Jenna de Holanda, Mnar de Arabia Saudita y Najari de Perú. No es necesario precisar que el imperioso idioma para comunicarnos fue el inglés, situación que, sin esperarlo, terminaría convirtiéndome en el Patrol Leader, puesto que Najari no hablaba inglés y, en palabras de los europeos, el líder debía poder comunicarse con todos. Inicialmente no quería aceptar, puesto mi inglés no era tan fluido como el de los demás. Quizá fue una sensación de “inferioridad latinoamericana” que en algunos escenarios sale a flote – muy a nuestro pesar – pero a la larga me terminó motivando a hacer un buen trabajo, cuidar a los miembros de mi patrulla y preocuparme porque todos estuvieran bien. Al final todos me reconocieron y agradecieron.  

 

El 27 de julio emprendimos la actividad más retadora del campamento. La idea era realizar una caminata de unos 10 kilómetros en el Parque Natural da Serra da Estrela, lugar donde se encuentra el punto más alto de Portugal continental. Si bien esta fue una de mis actividades preferidas de todo el campamento, en palabras de los locales fue una completa locura pues esta caminata solo se hacía en invierno; a nadie medianamente cuerdo se le habría ocurrido hacerla en verano con un calor de 40ºC. Como era de esperarse el agua que llevábamos no fue suficiente y a poco menos de 3 horas de haber iniciado nadie tenía una sola gota. Partiendo de la base de que en una actividad de alta exigencia física el agua por sí sola no hidrata a menos que tenga electrolitos o algún tipo de sal re-hidratante la situación no era la más alentadora.  

 

A pesar de no ser la persona más deportista considero que tengo muy buena resistencia y “perrenque”. Naturalmente el grupo se terminó dividiendo en función del ritmo de caminata y unas 4 horas después del incidente con el agua mi grupo llegó de primero al punto de recogida del bus. Sin dudar un segundo, junto a un amigo paisa de otra Patrol compramos agua y nos dispusimos a regresar por donde llegamos para hidratar y alentar a nuestros compañeros que venían en camino. El brillo en sus ojos y la sonrisa en sus rostros pagaron los €15 que costaron. De regreso en el campamento nos cambiamos, descansamos y en la noche fuimos a una feria que se estaba realizando en Boidobra, tomamos cervezas y cocteles y nos reímos por la travesía que habíamos compartido: casi 17 kilómetros. 

 

El 28 de julio fue un día de relax. Nos dirigimos a Cortes do Meio, otra pequeña freguesia famosa por sus piscinas naturales, en las cuales nadamos y jugamos. El 29 de julio tuvimos un circuito de observación en el que caminamos por toda la ciudad de Covilhã, conociendo su historia y compartiendo con su gente. Allí, en la Capela de Santa Cruz, una pequeña pero hermosa capilla construida en el siglo XV, tuve un momento que para mí fue muy especial con Hiba y Mnar, de mi Patrol. Como mujeres que viven en países musulmanes (más del 98% de la población en sus países profesa el Islam) nunca habían entrado a una iglesia católica y mucho menos habían hablado de temas religiosos con una persona católica, mucho menos con un hombre. Para ejemplificar la barrera religioso-cultural: Mnar nos dio a entender que por favor los hombres no la tocáramos, ni siquiera chocar las palmas como saludo o estar hombro a hombro en una foto. El momento especial del que hablaba fue cuando nos sentamos en la primera banca de la nave izquierda y, ante su curiosidad, empecé a explicarles cada parte y objeto de la iglesia, desde el sagrario hasta las sillas del Altar (una grande y más imponente que las otras dos) y finalizando con los catorce cuadros del viacrucis en las paredes y los frescos sobre la vida de Jesús. 

 

El 30 de julio, los casi 8.000 asistentes llegamos al Centro Escutista Do Buçaquinho en Cortegaça, una freguesia de la ciudad de Ovar, e instalamos nuestras carpas formando el campamento principal. El Main Camp estaba dividido en pequeñas zonas para que cada Patrol se ubicara. Adicionalmente había baños, duchas, puntos de hidratación, tiendas, zona de comidas, cancha de fútbol, zona de juegos tradicionales, entre otras.  

 

El 31 de julio tuvimos un recorrido en la Ría de Aveiro en donde vimos flamencos y admiramos la geografía de la región y en la tarde estuvimos en la recorriendo los stands que cada país preparó para mostrar lo mejor de su cultura y su historia. Fue un espacio y una oportunidad invaluable el poder, en una tarde, conocer e interactuar de primera mano con más de 100 países. El 1 de agosto estuvimos recorriendo Ovar, realizando actividades de prácticas de rescate con los bomberos, jugando con pistolas láser, escalando, entre otras. El 2 de agosto en la mañana empaqué mi morral y dejé todo listo para que al día siguiente solo tuviera que guardar la carpa pues era el último día. En la tarde estuve en la Praia de Cortegaça con mis amigos del Path compartiendo unas cuantas sangrías y finalizamos la tarde con una merecida siesta en la orilla de la playa bajo el caluroso sol portugués. 

 

En todos los campamentos Scout se tiene la tradición de intercambiar “cosas”, con la amplitud que tiene esta palabra. Lo más “normal” es que sean insignias conmemorativas del evento, pero puede ser ropa, objetos diversos, etc. Todo está disponible en este mercado. La última noche del campamento a los Scouts se nos activa el modo mercader compulsivo. Esa noche casi sigo derecho intercambiando lo último que me quedaba.  

 

El 3 de agosto todos los Scouts nos debíamos dirigir a los Jardines del Palacio de Cristal en Oporto. La forma “oficial” de ir era caminar hasta la estación de tren de Cortegaça y de ahí tomar uno a Oporto, luego caminar al Jardín. La forma “cómoda” por la que me decanté fue tomar un Uber junto a dos amigos italianos. Después de nuestra laaaaarga travesía nos merecíamos ese pequeño lujo. En la tarde, antes de la clausura, caminamos por las calles de Oporto. Esa noche dormimos en el Super Bock Arena, un complejo similar al Movistar Arena.  

 

El 4 de agosto caminé por Oporto, recorrí en barco el Río Duero que divide esta ciudad de Gaia, vi el atardecer desde el Jardim do Morro y pasé la noche en el Aeropuerto de Oporto a la espera de tomar mi vuelo rumbo a Bogotá con escala en Madrid a las 7:35am.  

 

Para mí, el valor agregado de estos campamentos, más allá del viaje y la aventura, que también son valiosos y quedan anécdotas y recuerdos para la historia, está en las personas que se conocen en cada etapa del camino y el intercambio que se tiene. Poder interactuar y compartir con personas de más de 100 países con culturas diametralmente diferentes a la mía, diversas religiones, sueños, idiomas y formas de ver la vida deja reflexiones invaluables. Faltar a clase casi tres semanas puede parecer una locura, pero el aprendizaje que me quedó para la vida no tiene punto de comparación ni tampoco lo habría obtenido de un modo diferente. 

 


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