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Héctor Germán Oesterheld: ¿quién es El Eternauta?

  • Juan Esteban Perez
  • 15 ene
  • 3 Min. de lectura

Héctor Germán Oesterheld es el escritor de la primera novela gráfica escrita en castellano: El Eternauta. Tanto la novela como su vida han pasado al colectivo universal por su profundo impacto en la cultura. Aquí el porqué.  


En 1957 se publicó en Argentina la primera novela gráfica escrita en castellano. Utilizando la ciencia ficción como el vehículo para realizar una aguda crítica socio-política de su país, el escritor argentino Héctor Germán Oesterheld le dio luz a la historia de Juan Salvo, un ciudadano corriente que ante la caída de una nieve tóxica y la llegada alienígenas controlados por fuerzas invisibles improvisa una máscara que le dará la oportunidad de salvar al mundo, o al menos su mundo.  


Desde su título, El Eternauta -combinación entre eterno y nauta/navegante- invita a una profunda reflexión que leída a la luz de la historia de su autor se presenta como un mensaje tan desolador como profético. Oesterheld escribió El Eternauta como respuesta a lo que Argentina vivía críticamente por aquellos años.  


En 1943 la revolución del Grupo de Oficiales Unidos derrocó al último de los presidentes que conformaron lo que se conoce en Argentina como la Década Infame, un período caracterizado por el mandato de políticos conservadores sostenido en el tiempo por fraudes electorales. Dentro de aquel grupo se hallaba un aún desconocido Perón, quien por su importante papel en la revolución se coronaría como presidente de Argentina en 1946. 


Aunque inicialmente con mucho apoyo popular, Perón fue encontrándose con una natural fuerza opositora que fue creciendo conforme sus medidas se radicalizaban más. Aquellas tensiones explotan con el golpe de estado de 1955 en el que Pedro Eugenio Aramburu, fuerte líder del anti-peronismo, instala un gobierno de facto que se prolongó durante tres años, de 1955 a1958.   


La historia se repetirá otras dos veces, prolongándose en Argentina por más de 30 años una serie de dictaduras cuyos trágicos resultados son ya muy conocidos. En este contexto, Oesterheld imaginó a Juan Salva no solo como la cara enmascarada de una resistencia necesaria, sino como el punto de encuentro de la voluntad colectiva que grita ¡esperanza! Porque para Oesterheld lo importante en su historia metafórica, -donde no es claro si los alienígenas controlados por una fuerza mayor se parecen a los funcionarios del Estado o si es al revés-, no es la figura del místico héroe individual, sino la suma de voluntades de una comunidad que aún tiene fuerza para seguir luchando.  


Con posturas políticas cada vez más radicales, El Eternauta fue reescrito unas cuantas veces más -cada una más política que la anterior-, hasta que las metáforas dejaron de alcanzar pues Oesterheld decidió militar activamente en Los Montoneros, un grupo guerrillero Peronista.  


Y aquí la paradoja: el escritor idealista y tranquilo, en cuyas historias se alcanzaban a imaginar las letras de la paz, abandonó los lápices para apoyar las armas cargadas de unas balas vacías, sin metáforas que contar.  


El cineasta francés Mathiu Kassavitz eternizó el ciclo vicioso más destructivo que conoce el humano, en su película de 1995, La Haine (El odio), el odio es para sus protagonistas la respuesta a la existencia humana, una venda que encierra a todo y a todos en interminables bucles de violencia. Pero en un gesto esperanzador, Kassavitz dejó en la historia del cine un mensaje tan contundente como constructivo: “el odio engendra odio”.  

Las hijas de Oesterheld fueron secuestradas y asesinadas por la dictadura militar, el mismo destino que padecería el escritor en 1977.  


En una entrevista para la revista Viva recordaba a Oesterheld con una mezcla de rencor y dolor porque, en sus palabras “no podía entender que (…) el escritor pacifista y democrático que había plasmado su amor al prójimo en todas sus obras hubiera tomado partido por algo violento” Más adelante en la misma entrevista, Elsa recordaba como una tarde Oesterheld le habló de lo maravillosos que son los chicos jóvenes, deseosos de un mundo mejor, a lo que ella le respondió “Hasta ahí vamos bien, pero no podemos dejar que se expongan. Si me hubiera escuchado…” 


En estos días donde los candidatos a presidencia siguen siendo asesinados, me pregunto por Elsa, la verdadera Eternauta, la mujer que en medio de su soledad buscó esperanzas imposibles de realizar, en esa eternidad cíclica que hoy llamamos historia universal. ¿acaso seremos capaces de romperlo?  


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