Esteban Jaramillo Aramburo
- Valeria Reyes Otálora
- 15 ene
- 8 Min. de lectura
Abogado Javeriano que combina amor por el ejercicio de la profesión con la docencia. Nos contó un poco sobre su vida que refleja el compromiso con la ética, la justicia y la responsabilidad del derecho en Colombia.
Por: Valeria Reyes Otálora, José Javier Osorio Quintero y David Alejandro Cáceres Guerrero.

Esteban Jaramillo Aramburo nació en Bogotá D.C. el 19 de agosto de 1984. Actualmente tiene 41 años. Sus padres, Carlos Esteban Jaramillo Schloss y María Isabel Aramburo son abogados y tiene dos hermanas, María Lucía y Ana Sofía. Está casado con Laura Escobar y tiene 2 hijos, Elena y Pedro. Nacido y criado en Bogotá, pero es 3/4 partes paisa: Su bisabuelo paterno es oriundo de Abejorral y sus dos abuelos maternos de Andes, ambos en Antioquia.
Proviene de una familia de abogados. Por el lado paterno, su bisabuelo, Esteban Jaramillo, fue abogado de la Universidad de Antioquia y se enfocó en la Hacienda Pública, llegando a ser Ministro en varias ocasiones. Su abuelo paterno también fue abogado pero enfocó su práctica en el Derecho de Seguros. Su padre, abogado Javeriano, actualmente se desempeña como árbitro después de haber realizado la carrera judicial: fue Juez Civil Municipal, Juez Civil del Circuito, Superintendente Delegado de la Superintendencia Bancaria, Magistrado Auxiliar y luego Magistrado Titular de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia. Llegó a esta Alta Corte como uno de los más jóvenes en su historia, con 39 años. Por el lado materno, su madre también es abogada y dedicó buena parte de su carrera al servicio público Su abuelo materno, igualmente abogado, enfocó su práctica en Derecho Minero, y en lo público como Representante a la Cámara y Magistrado del Consejo Nacional Electoral. Hijo de tigre sale pintado, dirían por ahí.
Esteban es bachiller del Gimnasio Moderno y recuerda esta época con mucha alegría por lo bien que la pasó. Reconoce sin duda que sus amigos de la vida son los del colegio. Lo que más recuerda y destaca de esta época es la labor del Moderno por tener una cercanía con el país: fueron el primer colegio que inició con las excursiones dentro de Colombia, llegando a estar en San Agustín (Huila), Amazonas, Providencia, Eje Cafetero, entre muchos otros lugares.
Una de las razones que lo impulsaron a ser abogado y acercarse de cierto modo a la vida pública fue que, en su adolescencia, edad crucial para toda persona, su padre era Magistrado de la Corte Suprema de Justicia (estuvo allí entre 1989 y 1999) y por ello pudo vivir de cerca momentos muy importantes de la historia reciente de nuestro país, como las discusiones referentes a la revisión de la validez constitucional de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente que derivó en la Constitución de 1991 “Cuando usted tiene 8 años y en la mesa del comedor se habla de cosas así, usted claramente no entiende la magnitud del tema, pero eso lo va permeando y acercando a lo público. El Derecho es la carrera más cercana a eso, más que la Ciencia Política, incluso”
En este panorama ingresó a estudiar Derecho en la Pontificia Universidad Javeriana en el año 2003. Sus primeros años los asemeja a la dinámica propia de un colegio, ya que la Universidad dividió su semestre en dos grandes grupos, les asignó salones fijos y cada estudiante escogió el puesto en el que permanecería el resto del año. Gracias a esta forma de organización que hacer amigos fue mucho más fácil, pues es apenas lógico empezar a entablar relaciones con las personas con quien se comparte la mayor parte del día.
A medida que avanzaba la carrera, el sentimiento de pertenencia, así como el vínculo con la Universidad y los profesores, comenzó a consolidarse. De los últimos semestres recuerda las serenatas, una tradición muy Javeriana en la que los estudiantes llevaban mariachis a la casa de sus maestros, “les desocupábamos el bar” y fortalecían lazos que, con suerte, perdurarían toda la vida.
Lastimosamente, en su promoción, la única serenata que pudieron realizar tuvo lugar en el apartamento del doctor Pablo Márquez, que en ese momento estaba desocupado porque se estaba mudando, lo que en efecto hizo que se mitigara el riesgo de que se ocasionaran daños. Las demás actividades se llevaron a cabo en las casas de los estudiantes o en “Las Acacias”, un restaurante paisa ubicado en la calle 94 con carrera 15, que contaba con un patio interior donde todos se reunían hasta altas horas de la madrugada. Entre risas cuenta que este lugar estaba al borde de la quiebra y por ello fue un lugar ideal: excelente servicio y no los molestaban por nada.
Está convencido de que en nuestra alma máter, tanto estudiantes como profesores se esfuerzan por forjar vínculos basados en el respeto y la admiración, lo que ha generado que cuando se los encuentra en el ejercicio de la profesión exista confianza y una garantía de decencia. Con muchos de sus maestros ha sido co-árbitro, contraparte en pleitos complejos e incluso han sido sus clientes. De hecho, cuando en diferentes momentos de la vida profesional se ha encontrado con los doctores Edgar Munévar, Felipe Arbouin, Juan Pablo Cárdenas, Arturo Solarte, Ricardo Vélez, entre otros, siempre ha sido en términos muy cercanos y sobre todo muy amistosos.
Una de las clases que más lo marcó de la carrera fue la de Constitucional del doctor Juan Carlos Esguerra Portocarrero. Comprender la importancia de la acción de tutela y, al mismo tiempo, dimensionar la magnitud del personaje que es para el país el Dr. Esguerra fue estremecedor. Esa experiencia le reafirmó que estaba en el lugar correcto, pues entendió que muchos de los hechos más importantes que han pasado en lo político y en lo jurídico de nuestro país han nacido o se han desarrollado en nuestra Facultad.
Tratándose de clases más cercanas a lo que se dedica hoy en día, destaca la clase de Bienes II del doctor Arturo Solarte, de quien recuerda por la claridad mental y la paciencia con la que explicaba cada tema; de la clase de Bienes I del doctor Ricardo Vélez recuerda su puntualidad, organización y chistes políticamente incorrectos; con el doctor Juan Pablo Cárdenas, en su clase de Contratos, encontró especial interés por el Arbitraje; entre muchos más.
Sus primeros pasos en la docencia fueron una coincidencia muy afortunada. Al salir de la Universidad ser profesor no estaba en sus planes ni mucho menos era una aspiración. Sin embargo, el doctor Felipe Arbouin, quien había sido su jurado de tesis, lo invitó a ser profesor asistente en la clase de Bienes que, aunque no era su materia favorita, representó su primer acercamiento a la academia desde el lado de la pizarra. Tiempo más tarde se convertiría en profesor titular de la asignatura Derecho de los Negocios y actualmente dedica parte importante de su tiempo, con pasión, amor y compromiso, a preparar y enseñar la clase de Derecho Comercial en nuestra Facultad.
Sobre el ejercicio de la profesión, Esteban, luego de haber trabajado en distintos estudios jurídicos y con su padre, se fue a hacer una Maestría en Derecho Privado en la Universidad Carlos III de Madrid, España. Allí, gracias a su tío, conoció a un abogado español que llevaba algunos casos y asesorías en Colombia, pero debía devolverse a España y Por esta razón Esteban empezó a llevar las asesorías desde Colombia. Con el tiempo el proyecto maduraría y se convertiría en lo que hoy es “Summa Consultores”, lugar en la que el doctor Jaramillo centra su ejercicio profesional.
No puede dejar de mencionarse su paso como Director de la Dirección de Justicia Formal del Ministerio de Justicia y del Derecho. La Ministra de ese entonces, Gloria María Borrero, y la Viceministra, Juanita López, ambas Abogadas Javerianas y la segunda profesora de nuestra Facultad, lo invitaron a hacer parte de su equipo para apoyarlas en la relación entre el ejecutivo y la Rama Judicial.
No fue una decisión fácil pero el doctor Jaramillo aceptó la designación bajo el argumento de que era lo más coherente desde un punto de vista humano, pues si bien es muy fácil criticar, la oportunidad para poder ayudar a que las cosas funcionen mejor debe aprovecharse como parte de un servicio al país. Recuerda con mucho cariño su paso por el Ministerio.
Entre los episodios especiales, recuerda la crisis en la Rama Judicial derivada por la pandemia en 2020; los juzgados cerraron motivo de la emergencia y un día, la Ministra del momento, la doctora Margarita Cabello, le pidió a su equipo cercano hacer lo necesario para lograr que la administración de justicia pudiera seguir operando. Aprovechando la Emergencia Económica, Social y Ecológica, se abrió la posibilidad de utilizar un Decreto Legislativo que permitiera retomar la prestación del servicio de justicia por medios virtuales. Para la redacción de dicha norma, contactó al Instituto Colombiano de Derecho Procesal y se conformó una Comisión Redactora “express”, que le dio forma y contenido a lo que en ese momento fue el Decreto 806 de 2020, hoy convertido en legislación permanente por la Ley 2213 de 2022. Comenta que esa es una de las cosas que valió la pena y al final queda.
Con la renuncia de la Viceministra Juanita López y de la Ministra Margarita Cabello, decidió que para ese punto de su vida lo mejor era volver al ejercicio privado de la profesión en su firma. Desde entonces sigue llevando su especialidad en el Derecho Comercial y Civil. Al preguntarle si planea volver al servicio público, nos cuenta que hoy no, pero que la vida da muchas vueltas y tampoco lo planeaba por allá en 2018 cuando aceptó ir al Ministerio de Justicia. En todo caso en algún punto le gustaría probar en la Rama Judicial, aunque no tiene como meta de vida un cargo particular.
De hecho, hace una reflexión que nos parece muy importante compartir. El doctor Jaramillo expresa que está muy bien tener aspiraciones de cargos y demás, que es apenas natural tenerlas. No obstante realizar una carrera haciendo las cosas bien, de forma honesta y decente es una meta en sí misma y una contribución gigantesca al país. Aplica la misma reflexión para el sector público y el reconocimiento: muchos sectores están cimentados sobre trabajadores que llevan la vida poniendo el lomo para que las cosas se hagan y que nunca han tenido un reconocimiento.
En la tradicional sección de nuestras preguntas fuera del derecho, nos cuenta que un libro que le gusta mucho es la biografía de su bisabuelo; motivo de inspiración para Esteban por la trayectoria que tuvo. Su trago favorito es el aguardiente Desquite, de cual es socio. Nosotros certificamos que es muy bueno.
No podríamos terminar nuestra sentida charla con otra pregunta que no fuera qué significa para él ser abogado Javeriano, a lo cual Esteban responde esbozando una sonrisa de orgullo siendo contundente en el compromiso y responsabilidad que comporta haber pasado por la mejor Facultad de Derecho del País, pues sobre los hombros se siente el peso de un nombre al que hay que hacerle honor. Cierra con que hacer las cosas bien, donde sea que se esté, con corrección y transparencia es el legado que cualquier abogado javeriano ha de tener.
Para todo estudiante que lea este artículo, Esteban nos transmite la importancia de valorar la oportunidad que tenemos quienes pasamos por esta Casa de Estudios de honrar el colegaje que nos hace distintos y de conservar siempre el respeto por los compañeros de profesión y la carrera en sí misma. Nos invita a no olvidar que el derecho es una carrera que goza de una función social intrínseca, por lo que hay una connatural responsabilidad con la justicia y ojalá con la intención de algún momento pasar por el servicio público.
Este es Esteban Jaramillo Aramburo, papá, hijo, esposo y abogado javeriano. Un hombre del que recordamos su cercanía y especialmente esta invitación que nos hace: desde el lugar que nos encontremos buscar la forma de hacer que nuestra sociedad funcione mejor. Ese es el estilo Javeriano que nos inspira.


