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El hogar que nunca llega: Un laberinto legal en los procesos de adopción en Colombia

  • Sofía Parra Jiménez
  • 15 ene
  • 3 Min. de lectura

Se busca dar un bosquejo general a los grandes retos que enfrenta el sistema de adopción en Colombia, desde la parte emocional de las familias adoptantes hasta problemáticas estructurales que cobran los sueños de los niños que esperan un hogar. 

Hay esperas que pueden parecer eternas y aún más cuando envuelven el anhelo profundo que un niño tiene de encontrar su hogar. En Colombia, día tras día, niños son abandonados o puestos en manos del Estado por circunstancias ajenas a la inocencia de la infancia. Crecen con la ilusión de tener una familia, pero se ven frustrados por los grandes retos que enfrenta el sistema de adopción en el país. Un sistema que desconoce el deseo de crecer acompañado y la fragilidad en las primeras etapas de la vida. 


En medio de su complejidad y lentitud, se frustran los sueños de las familias adoptantes, donde se adentran en un proceso con fallas estructurales que desconocen las realidades y necesidades de quienes buscan dar y recibir un hogar. Como primer reto, existe un gran énfasis en la rigurosidad de los procesos de adopción, pues se alude a los grandes peligros que puede representar un proceso acelerado, donde se puede comprometer de forma inminente la protección de los menores, así como su bienestar y calidad de vida. Esto rompe de forma absoluta con el gran fin social y humano de la adopción. Sin embargo, se ha exagerado de forma innecesaria la complejidad, duración y barreras materializadas en las formalidades exigidas en el proceso. 


Estas problemáticas responden mucho más allá de una situación meramente administrativa o procesal. Abarcan toda la esfera emocional que representa estar en busca de una familia por medio de este sistema. Pues, en muchas ocasiones las familias tienen preferencias selectivas por ciertos niños, con especificas características, siendo limitantes de edad, color de piel o sexo. Y a pesar de que los lineamientos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) son muy claros al contener un enfoque tan humano y al tratarse del núcleo más cercano para una persona, la familia, también los futuros padres ponen sobre la mesa sus preferencias, criticadas por algunos, entendidas por otros. 


No siendo lo último lo que nos ocupa, si es claro, que los únicos retos no son procedimentales, sino que tocan fibras internas y emocionales, como todo en el Derecho de Familia. A pesar de esto, no es posible dejar de lado la congestión de los procedimientos, pues el ICBF, como entidad estatal, tiene dentro de sí muchos otros retos. Desde la congestión y falta de recursos como falencias en los procesos de educación y protección de los niños. 


Resulta desolador adentrarse detalladamente en las condiciones que se viven dentro de los centros, si bien se les garantizan sus condiciones mínimas, se vive una situación compleja de cara a la cantidad de menores dentro de la institución, la calidad de su formación, la falta de programas recreativos donde se puedan materializar todas las etapas que se deben experimentar en los primeros años de vida. Incluso, para estos niños existe un mayor riesgo de abusos y maltrato, los cuales lamentablemente, no son lo suficientemente vigilados. 


Si bien permanece la dificultad, todo responde a un gran problema de recursos y presupuesto, pues es un tema que ha quedado alejado en medio de los escándalos, en tanto los más pequeños están lejos de tener voz. De forma clara, todos estos problemas estructurales no solo responden a vacíos aislados, sino que envuelven en sí grandes irregularidades, como viene siendo la corrupción que se presenta dentro la institución. 


Hay casos impactantes que demuestran la gran frialdad humana, que pasa por encima de todos y de la cual los niños en Colombia no se salvan. Hoy en día hay cientos de ellos que crecen entre expedientes, esperas y dictámenes, en un sistema que prioriza la burocracia, antes que la gran oportunidad de construir un hogar. 


La adopción debería ser, ante todo, un acto de esperanza y compromiso. Pero, en Colombia, se convierte muchas veces en una eternidad desgastante, marcada por los procesos lentos y desconectados de la realidad para quienes más lo necesitan. Y así, los niños siguen esperando, esperando por un hogar, que, para muchos, nunca llega. 


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