QUERELLANDO

VUELVE LA ESPERANZA A TASAJERA

Por: Daniel Stand

El 6 de julio de 2020, 45 tasajerenses murieron y más de 15 quedaron heridos con graves quemaduras, en medio de la explosión de un carro tanque cargado con gasolina. El corregimiento de Tasajera en el departamento del Magdalena volvió a ocupar portadas en medios nacionales luego de décadas de abandono por parte de las administraciones municipales, departamentales y nacionales. 

Tasajera se ha enfrentado a promesas de diferentes índoles durante su historia, en las cuales incluso se presentó la “inauguración” de un sistema de acueducto por parte de la pasada administración departamental que hasta el día de hoy no ha arrojado la primera gota de agua. En este municipio sus dos únicas y mayores fuentes de empleo son: la pesca artesanal, la cual se ha visto visiblemente afectada por la pandemia actual y, la alcaldía municipal. Por lo cual, algunos habitantes de Tasajera decidieron tomar las riendas para afrontar esta tragedia en este pueblo que pareciera estar completamente detenido en el tiempo. 

Katherine Ariza, tasajerense de nacimiento y enfermera de profesión, decidió entonces, organizar la Fundación Desarrollo Social. La cual fue constituida en enero de 2020, para poder aportar al desarrollo social y económico de su pueblo a través de diferentes actividades. Las desdichas de la corrupción por culpa de las promesas políticas inconclusas e inexistentes (como el acueducto y un puesto de salud “disfrazado” de hospital de primer nivel) y la esperanza de poder construir un mejor futuro para los habitantes fueron su punto de partida. Previo a la explosión del carro tanque, habían logrado llevar a cabo diferentes jornadas de distribución de tapabocas y elementos de protección a las personas que los necesitaban. Incluso, lograron organizar un conversatorio con los jóvenes del pueblo para poder identificar las vulnerabilidades que los afectaban en su diario vivir. Sin embargo, la tragedia ocurrida hizo que los planes que se llevaban a cabo dieran un vuelco total. 

Hoy, Katherine junto a sus colegas América Ortega y Alejandra Ariza, recorren las calles de este pueblo, empozadas de mosquitos y aguas de dudosa procedencia, para poder realizar las curaciones necesarias a las personas recuperadas de este accidente. Llevan a cabo estas curaciones bajo un ambiente completamente extremo. Muchos de los hogares que visitan son construidos a punta de retazos de madera o bolsas de basura. Además, soportan el inclemente clima caribeño que ronda los 38 grados. En este ambiente se llevan actualmente el proceso de recuperación de los heridos que ha dejado el accidente, el cual va en contravía de cualquiera de las recomendaciones básicas de recuperación para una persona que presentó quemaduras de tercer o cuarto grado. 

Su labor social ha sido difundida a través de diferentes medios y han contado con la suerte de recibir donaciones de medicamentos. Katherine, América y Alejandra, no trabajan en la alcaldía ni con el Estado, ni reciben remuneración alguna por sus servicios. Decidieron aportar a la recuperación de una tragedia que tocó las puertas de su pueblo y que dejará una cicatriz visible en algunos de sus pobladores, pero también permanente y escondida por mucho tiempo en el corazón de este pueblo.