ESPECIAL

2020-II

El país se derrumba sin que nos demos cuenta

 

QUÍTATE LA VENDA DE LOS OJOS

Miles de colombianos se levantan todos los días a enfrentar una realidad mucho mas complicada debido al Covid-19. Si antes no veíamos los problemas sociales, con la cuarentena mucho menos.  

Por:  Sofía García-Reyes Meyer

Estamos en una temporada bastante abrumadora para todos. El Coronavirus nos plantó a la mayoría en nuestras casas y nos ha transformado forzosamente en ermitaños. Antes deseábamos que se nos pegaran las cobijas para no tener que madrugar a clase de 7, ahora ni sabemos cuando se nos van a despegar. Las cosas que antes dábamos por hecho se han convertido recientemente en nuestros anhelos mas profundos. Pero por mas que nos autodenominemos “pobrecitos” por tener que encerrarnos en nuestras casas, permitimos nuevamente que el egoísmo contraataque y nos ciegue sobre las distintas caras que tiene la pandemia para nuestro país. Decidí entonces exponer la realidad de 4 grupos de personas realmente afectadas, con el fin de ver como ellos están sobrellevando esta crisis mundial.  

 

Para empezar, hable con Mafe, estudiante javeriana de contaduría, apoyada por el programa Pilo-paga. Me contó como afortunadamente alcanzó a llegar a su casa en Floridablanca Santander, pues se le hubiera complicado con sus gastos acá en Bogotá. Sin embargo, me dijo que no ha sido fácil las clases. Primero las dinámicas para su carrera no eran muy efectivas de manera virtual, y adicionalmente siempre se le presentaba algún problema de conexión, al no poder acceder a un mejor internet. Por lo que, por más que ella quisiera, no podía dar, ni estar 100% en sus clases. Es por esto que Mafe considera, al igual que varios, que la mejor medida hubiera sido que cambiaran las dinámicas de calificación y/o congelaran el semestre. Así mismo me comentó como su mamá, sus tíos y vecinos también se habían visto afectados por efectos secundarios del Coronavirus, pues al ser personas que viven del diario, quedarse en la casa no era para ellos sinónimo de tranquilidad. También me contó varias preocupaciones sobre su departamento. En primer lugar, me explicó como el sistema de salud no le generaba sosiego a ninguno, comenzando por el personal sanitario de allá, debido a que no cuentan con ningún insumo bueno de protección para prevenir el virus. “Es como mandar soldados a la guerra sin armas” me dijo. En segundo lugar, me expuso la crisis que se vive al día de hoy en el Parque del Agua, pues hay una cantidad de venezolanos que están acampando ahí como último recurso, al ya ni si quiera poder conseguir ese “diario”. Lo que era una grave problemática social, se estaba transformando en una de salud, al ser las aglomeraciones las mejores amigas del virus.  

 

Decidí entonces hablar con el medico neurólogo javeriano, Javier Torres, para entender un poco más la realidad que se vivía dentro del sistema de salud. Es claro que la pandemia ha alterado la vida de todos, y en el campo de la salud, ha habido un cambio radical en la rutina de las clínicas, pues ya casi nadie asiste a consultas médicas. Me explicó como las emergencias generales habían disminuido notoriamente, al temer la gente a acudir a los servicios de urgencias. Puntualmente en su área de trabajo, siguen presentándose enfermedades neurológicas, pero al ser normalmente los pacientes personas mayores, se convierte un factor de riesgo cualquier acción. Era por esto que, al ser buena parte de su práctica, consultas particulares y de medicina prepagada, sus ingresos habían reducido más de un 50%. Actualmente no tiene ningún colega que este infectado con el Covid-19, pero me afirmó que seguramente si iban a darse varios casos y que claramente todos tenían miedo, pues ser mayor de 50 años aumentaba los riesgos frente al virus. En cuanto al tema de equipamientos de protección personal para los asistentes de salud, me comentó como tenía la obligación de cambiarse la ropa apenas llegaba a la clínica, para ponerse un traje quirúrgico, que normalmente no debía usar. Sin embargo, no en todos los centros de salud hay los equipamientos, por lo que no solo se ponía en riesgo la vida del paciente, sino también la del médico. Me manifestó como “la falta de garantías en el gremio médico esta a la orden del día”, y que, por primera vez en bastante tiempo, se le esta dando al personal sanitario el reconocimiento e importancia que se merece.  

 

También tuve la oportunidad de entrevistar a Inés, que tiene 87 años, la cual me contó que claramente ha cambiado su rutina. Antes ayudaba en una fundación y hacía todas sus vueltas por si sola, pero ahora a donde más lejos podía ir es a su jardín, considerándose ya afortunada de tener uno. Por lo tanto, dependía de sus hijos para todos sus encargos. No obstante, Inés vive sola, por lo que, a pesar de su edad, ella misma se cocina y hace todo el aseo de su casa. Me explicó que antes de la cuarentena si contaba con una persona que le ayudaba, pero debido al riego y las circunstancias, ya no podía ir a darle una mano, siendo bastante duro para ella. Le pregunte si le asustaba el Coronavirus, y me dijo que lo que realmente le preocupaba era que la gente no fuera tan juiciosa como ella. Pues por más que ella si siguiera el decreto de aislamiento, se iba a terminar contagiando si las personas no tenían precauciones. 

 

Así mismo logre contactarme con Alipio Hernández, taxista de profesión, el cual me contó como esta logrando llevar la pandemia. Claramente si le había afectado gravemente su trabajo, pues por más que el gobierno les permitiera usar las plataformas virtuales para contactar con los servicios, en la realidad había muy pocos clientes y muchos taxistas a disposición. Me comentó, como decidió dejar de laborar por cuestiones también de seguridad, debido a que la mayoría de servicios iban para hospitales, por lo que temía no solo exponerse él, sino también a toda su familia. De tal forma que, ya no recorría diariamente toda la ciudad como solía hacer antes, sino que lo más lejos que iba era a la tienda de la esquina. Era evidente como se habían afectado sus ingresos. “Si usted no trabaja, no come”, me dijo, entendiéndose que los taxistas viven del diario y ahorita se le era imposible cumplir con sus responsabilidades económicas.  

 

Después de oír a estas personas, que se levantan todos los días a enfrentar muchas cosas mas complejas que la mayoría de nosotros “los acomodados”, no me pude imaginar que se está viviendo en el resto del país. Me di cuenta que es hora de que nos quitemos la venda de los ojos y no solo esperemos a que se cumpla una fecha para salir de este encierro de “claustro”, sino que es hora de probar que si podemos ser una comunidad.