PERFILES

2018-IV

ODA A LA IGNORANCIA

Una ligera aproximación a la ignorancia, resaltando todas las ventajas que de esta provienen. Dedicado a los dichosos que gozan de infinita felicidad y tranquilidad.

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Por: Orlando David Buelvas

¡Bendita la ignorancia! Fuente de toda felicidad que permite ver un mundo perfecto donde no lo hay. ¡Lindas las flores! bella la esperanza de un nuevo vivir, ¡únicas oportunidades Las que llegaron a los pocos afortunados que la desigualdad escogió! ¡Lúgubre destino el de aquellos arrodillados ante los pies de la casualidad y eterna dicha la que acompañara a los ignorantes!

Campantes y triunfantes caminan los que la suerte ha premiado; ropas finas y miradas altaneras, van confiados desprovistos de cualquier preocupación. Son así las expresiones de la arrogancia como si la vida les perteneciese y no hubiese nada que agradecer, como si no debieran nada a nadie.

Están llenos de conocimientos vanos, ideas sueltas y sin más sentido que el de justificar actos erróneos. No conocen su historia ni comparten el sufrimiento ajeno, su felicidad nace de lo que ignoran. 

Siempre están juntos, les aterra la soledad, pero, aunque permanezcan en manadas y digan ser muy sociales, su compañía es peor que el absoluto desamparo, su boca es casa de hipocresía, sus riquezas adornan su imagen que consagra que valor tienen ante la sociedad. 

Son capaces de obviar a las demás personas, juzgan por apariencias pues esas son las referencias que usan para determinar si se es interesante o no. Desprecian la pobreza que parece ser el cáncer de la sociedad, porque sin pobres todos serían gente de bien y trabajadora, aunque los que juzgan nunca han trabajado ni pasado necesidad. 

¿A quién le importa la pobreza? ¿De qué sirve preocuparse por personas que nunca van a cambiar? Que solo usan drogas, ¡hasta merecida es esa situación! Debe ser el precio que tienen que pagar por no ser nadie y no llevar apellidos puritanos, ¡que viva el hambre! Seguramente dentro de poco ya no tendremos que ver más indigentes si no los alimentamos. Hay que ignorarlos así no sentiremos empatía y seremos siempre felices. 

Qué hermoso es ser ignorante, que dicha es llevar atuendos costosos y solo hablar de marcas, ¿es qué hay algo más importante o interesante? Seguramente habrá quienes hablaran de literatura y se deleitarán con las obras de Sartre, Verne o Borges, qué triste ver que existan quienes desperdicien su tiempo en esto ¿no saben qué con solo leer los titulares de las noticias basta? 

Así también la música ¿para qué desperdiciar valioso tiempo en eternas sinfonías cuando podemos deleitarnos con música genérica como la de actualidad? Qué fortuna vivir en esta época donde una canción no debe ser interpretada sino solo escuchada. Todo puede ser música no importa a quien insulte o denigre, igualmente será una obra efímera que todos olvidaremos para luego alimentarnos con otra armonía plástica.  

¿Es qué no entienden que la vida se vive mejor si no se piensa mucho? Que cada día debe ser vivido como si fuese el último pues toda estupidez se justifica, hay que sentir la euforia de la desaforada incoherencia de nuestros actos. 

No hay de qué preocuparse, los problemas que no sean propios simplemente no existen, que el sufrimiento solo llegue al desamparado, al deprimido y al solitario. No hay forma de ayudar a quien se encadena a preocupaciones vanas. 

¡Todos los errores deben ser aplaudidos! Ya no es necesario prestar respeto a nadie, porque eso solo lo hacen los débiles y tontos. Abarrotados y limitados están los hombres que guardan honor, no tienen salida ni respuesta a este mundo de viveza y corrupción, jamás conocerán el éxito ni el placer, no serán felices. 

Así y solo de esta manera lograrán vencer en la vida, ignorando para nunca saber, para siempre beber y nunca ceder ante las vicisitudes arraigadas en los conocimientos. 

No habrá tiempo para organizar ideas ni derivar en pensamientos ambulantes que no constan de ninguna finalidad, solo estará permitido ser feliz y gozar como siempre se ha gozado, a costas de la indiferencia y la ilusoria actitud que llenan el orgullo de los más felices. 

Siendo ignorantes seremos invencibles, ni el tiempo podrá contra la ignorancia pues esta es atemporal, no caduca y es siempre recibida como si de una virtud se tratase. Ignorar es ser feliz. 

Por eso y más, ¡que viva la ignorancia! Que nos guíe siempre en el alud de la impredecible vida para así, nunca falte la infinita dicha de ser siempre felices.