PERFILES

2019-I

Nadia Mendieta

QUINIENTOS ROLES EN UN SOLO DÍA

En esta edición de FORO JAVERIANO quisimos entrevistar a Nadia Mendieta, una abogada que es un ejemplo para todas las mujeres que en ocasiones podemos llegar a tener ciertas inquietudes sobre nuestro rol en esta profesión.

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Por: Natalia Botero

Probablemente, quienes hemos visto clase con la Doctora Nadia Mendieta, nos hemos preguntado ¿cómo hace para hacer tantas cosas al día y desempeñar el rol de mamá, esposa, litigante, profesora, consejera, guía, y además, cómo hace para siempre tener una sonrisa de oreja a oreja? 

En 1984 nació en Bucaramanga. Es hija de un gineco-obstreta y una bacterióloga, dos profesiones que poco o nada tienen que ver con el derecho. Junto con sus tres hermanos tuvo una infancia bastante tranquila, bonita y familiar. Salía a los cafés de Bucaramanga sola desde pequeña, se iba caminando por toda la 39 hasta la casa de sus amigas y, se encontraba con ellas para cocinar galletas o para hacer una que otra pijamada con películas de terror de por medio. 

Su colegio, tal y como ella menciona, educaba para estudiantes “robots”, pues era muy exigente académicamente. Sin embargo, comenta que definitivamente no le quedo nada robótico y, quienes la conocemos, podemos dar fe de ello por su autenticidad y espontaneidad. 

A raíz de una situación familiar que vivió cuando era niña, relacionada con el derecho penal, siempre mostró cierto interés por esta área. Ella quería entender los problemas de los grandes e intentar dar soluciones a lo que estaba sucediendo.  Cuando estaba a punto de graduarse del colegio, tomó una de aquellas pruebas técnicas que se hacen, normalmente en esta etapa, que ayudan y guían en la elección de la carrera a estudiar. Cuando le dieron el resultado, le dijeron que economía era su primera opción. Ella no la descartó de inmediato, pero tampoco estaba cien por ciento segura que esa carrera era la que quería porque, en el fondo, el derecho era lo que más le llamaba la atención. 

Desde chiquita, su papá de cariño le decía “la defensora” porque cada vez que él y su mamá discutían, ella defendía y se ponía de lado de su papá (hoy en día confiesa, entre risas, que no sabe porque lo hacía y que, definitivamente, era un error). Además, le fascinaban todas las películas de juicios y litigios y cada vez que se cometía algún tipo de injusticia, le hervía la sangre. 

Así las cosas, contempló la posibilidad de estudiar ambas carreras en los Andes, pues alguien, alguna vez, le dijo que por un tema de practicidad era más fácil hacerlo allí. Pero, en primer lugar, no estaba convencida de irse por el lado de la economía y, en segundo lugar, tampoco sabía si esa universidad era el lugar que ella necesitaba. De todas maneras, se presentó en los Andes y, aunque logró obtener su cupo, quiso esperar a que la llamaran de la Javeriana para hacer la entrevista. Cuando finalmente la llamaron, y la hizo, recuerda que tuvo una sensación de satisfacción y tranquilidad y fue eso lo que le ayudó a tomar la decisión de elegir la Javeriana y, además, de no estudiar dos carreras sino una sola: derecho. 

Recuerda que durante su vida estudiantil hubo varios profesores que la marcaron de diferentes formas. Uno de ellos fue Juan Esteban Constaín, por la pasión y las ganas con las que dictaba sus clases, pero, especialmente, porque fue su profesor en un momento difícil de su vida: su mejor amiga, de primer semestre de universidad, tuvo un accidente y, desafortunadamente, falleció. Justo el día previo al accidente, tuvo clase con el doctor Constaín y el mencionó una frase que decía “polvo somos, del polvo venimos y en polvo nos convertiremos”. Esta situación le hizo caer en cuenta de que, día a día, es necesario disfrutar y vivir la vida con efusión, y que no podemos sufrir por cosas que, al fin y al cabo, son insignificantes.

Otro personaje que no solo marcó su vida como estudiante, sino también su vida profesional, fue el doctor José Fernando Mestre. Desde el momento en que se conocieron, según cuenta, hubo un click instantáneo. Años más tarde, cuando se enteró de que el doctor Mestre necesitaba a alguien para trabajar con él, ella iba para una clase de yoga, pero fue tanta la emoción y felicidad que sintió que no le importó llegar a la entrevista de trabajo con su pinta deportiva. Y así lo hizo. Desde entonces, no ha dejado de trabajar con el doctor Mestre a quien, además, lo considera su mayor y mejor maestro. 

Hoy en día, la doctora Nadia se dedica a llevar casos y litigios en el área penal. Reconoce que, como mujer, trabajar en este ámbito tiene un componente complicado, pues basta simplemente con ir a una audiencia en Paloquemao para darse cuenta que la gran mayoría de asistentes son hombres que, en varias ocasiones, pueden llegar a decir comentarios como: “¿la doctora si leyó?” o “¿la doctora con esos tacones si puede caminar?”, entre muchos otros. Cuando comenzó a trabajar tuvo que soportar varios funcionarios que la miraban de arriba abajo, como dice ella, igual a una “escaneadora”. En esos momentos, donde no tenía suficiente experiencia ni práctica, solo pensaba para sus adentros la cantidad de cosas que quería decirle a cada uno de ellos. 

Fue hasta que un día decidió enfrentar a uno de aquellos funcionarios que desde hacía un tiempo la llevaba incomodando con gestos y miradas. Se paró frente a él y le dijo uno que otro comentario que lo dejó con los pelos parados. Desde ese día, él jamás volvió a decirle ni insinuarle nada. Aunque en un comienzo, dice ella, puede ser difícil entrar a este mundo, poco a poco uno se va abriendo el camino con fuerza y determinación. Como debe ser. 

Una de las cosas que más le gusta hacer hoy en día, además de ser mamá, es ser profesora. Desde que estaba en pre-grado, uno de sus más cercanos amigos, el doctor José Ignacio García, también profesor de la facultad, le comentaba que, cuando él tuviera hijos, le encantaría que ella fuera su profesora, pues tenía la habilidad de explicar los temas de manera clara y divertida. Cuando quedó embarazada por primera vez, en el año 2013, tomó la decisión de explorar este ámbito, en parte porque su bebé la recargó de energía y, en parte también, por los comentarios de su gran amigo que quedaron rezumbando en su cabeza y le dieron ánimos para tomar esta decisión. 

Lo que más le gusta de su rol como profesora es el contacto y el vínculo que se crea con los estudiantes. “Lo más gratificante”, dice ella, “es poder ayudarlos a todos, especialmente cuando puedo trabajar con las debilidades de cada uno, y ser una guía y apoyo no solo en lo académico sino también en lo personal.” Comenta que también es supremamente enriquecedor tener la oportunidad de salir de la rutina de su vida laboral para volver a la universidad, estar actualizada, y vivir de cerca con los estudiantes. 

Hoy está casada con un hombre que, según dice, es su guía y su luz en todo momento. Muchas de las frases que ella dice en clase a sus estudiantes como “nunca se dejen quitar la sonrisa”son propios de su esposo. Lo que él más le ha aportado es a valorar la vida en todo momento y tener un vínculo espiritual y fuerte con Dios. También le ha enseñado que, para demostrar las cosas, no es suficiente decir sino hacer y, aunque como buen bumangués tiene su genio, es un ser humano espectacular. 

Su gasolina del día a día, como lo dice ella, son sus hijas Mariana y Manuela. Desde las cuatro de la mañana se levanta para alistar las cosas que van a necesitar en el día y aprovecha también para estar con ellas. Desde que llegaron a su vida, todo lo que hace y logra en su trabajo lo hace pensando en ellas, y si quiere que cada día le vaya mejor lo hace, también, pensando en ellas. 

A todas las personas, especialmente a las mujeres, que quieren dedicarse al derecho penal les da el consejo de ser rigurosos no solo en lo académico sino también en lo moral y en lo ético. “Las mujeres” –dice ella—“nos  vamos a ir posicionando poco a poco en donde debemos y merecemos estar porque, es verdad que tenemos una carga pesada: tenemos que lactar a nuestros hijos, criarlos, ir a las reuniones del colegio, pero además trabajar, ir a reuniones y a litigios, sin embargo, es importante que también nos consintamos y nos demos gustos que nos hagan felices. Todo es cuestión de encontrar el equilibrio y, para poder hacerlo, la clave de todo es llevar una vida ordenada. Y si tienen más dudas, entonces, llámenme para más consejos.”