PERFILES

2019-III

María Clara Jaramillo

LA GRANDEZA Y LA HUMANIDAD DE UNA MUJER

En esta edición de FORO JAVERIANO, María Clara Jaramillo nos permite adentrarnos un poco en su vida, sus logros y conocer de las personas que la han influenciado. 

Fuente: Archivo personal

Por: Alejandro Estrada

Ella es María Clara Jaramillo, nació en Armenia, Quindío, el 7 de febrero de 1966. Su padre, quien ha sido una figura muy importante en su vida por su vocación de servicio y de ayuda a los demás, es médico javeriano, terminó en 1957 la carrera de Medicina y migró a Estados Unidos a hacer cirugía cardiovascular. Después de 7 años, volvió a Colombia y se casó con su madre. Luego de haber terminado en EEUU una carrera muy exitosa, quería cumplir un papel de servicio a la sociedad. Fue por más de 30 años director del hospital de Calarcá y él decía que lo único que necesitaba de la gente era que ellos necesitaran su ayuda porque a él no le interesaba la plata ni el poder. Hacía un promedio de 8 cirugías diarias, la mayoría de caridad. 

De niña, María Clara estudió en el colegio Bethlemitas, hizo sexto de bachillerato en el colegio San Luis Rey donde vivió una experiencia maravillosa. Terminó bachillerato y viajó a Bogotá. Tenía clarísimo que quería estudiar Derecho en la Universidad Javeriana a pesar de que le gustaban mucho la antropología, la historia, la arqueología, la sociología y otras humanidades. “Yo digo que si volviera a vivir, volvería a estudiar Derecho en la Javeriana; la carrera fue una época muy especial, había una solidaridad muy importante porque éramos, al final, un solo curso”. Terminó el pregrado en 1987 y en 1989 viajó a Vermont, y estando allá decidió irse a Nueva York a ver una obra, “definitivamente yo digo que todo encuentro casual es una cita porque me encontré con una amiga que me recomendó irme para Washington, me fui para Washington y un día caminando pasé por la Universidad de Georgetown y me enamoré de la belleza de esta universidad. Estaban con inscripciones abiertas, corrí a inscribirme, pasé y decidí quedarme en Georgetown, lo que fue una experiencia absolutamente maravillosa”. 

 

Cuando volvió a Colombia en 1990, lo único que tenía claro era que ella quería poner lo que había aprendido al servicio de la mayor cantidad de personas posible y quería trabajar en el sector público. Sin tener ningún nexo político llegó al Ministerio de Desarrollo “con la entrevista más difícil de mi vida, me dieron el cargo y trabaje muchísimo, fue allí donde me di cuenta que me encantaba trabajar con gente. En este trabajo tenía la posibilidad de ayudar principalmente con el desmonte de sobretasas arancelarias a microempresas del sector de prendas de vestir en cuero. Logramos poner fin a esas trabas y fue una experiencia muy significativa por el efecto que tuvo en miles de personas. Después de eso me casé y me fui a vivir a Armenia sin saber lo que la vida me reservaba. Yo a mis estudiantes siempre les digo que está muy bien planear y tener un norte en la vida, pero siempre hay que dejar un espacio para que la vida te sorprenda”.  

Fue gerente de exportaciones en una firma pero se retiró para cuidar a su hija recién nacida. En un viaje que hizo a Bogotá para sacar la tarjeta profesional de abogada le ofrecieron ser Coordinadora Regional del Ministerio de Justicia para el tema de Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos, en los tres departamentos del Eje Cafetero.“Me pareció algo supremamente interesante pero yo no sabía sobre ese tema. Me enamoré de ello y esta fue la primera trasformación de mi vida profesional, me comprometí a aprender, trabajé muchísimo con gente y me dediqué a viajar a pequeños pueblos, crear centros de conciliación, dar capacitaciones, etc. Esta fue la posibilidad de construir tejido social y de reconciliar al Derecho con las demás humanidades y ciencias sociales”. En 1995 la trasladaron a la Dirección General de Prevención y Conciliación e hizo la especialización en resolución de Conflictos en la Universidad Javeriana siendo la primera promoción en esta especialización.  

“Supe del Programa de Negociación de Harvard y lo que me gustó fue que la mejor facultad de Derecho del mundo estaba mandando un mensaje fuerte a la comunidad jurídica internacional, diciéndoles que por ahí había una forma distinta de resolver los conflictos”. Hizo varios cursos y en 1997 se fue para Boston, donde continuó con algunos cursos largos, un semestre en negociación y un semestre en mediación. En el siguiente año le ofrecieron editar un documento con las memorias de una conferencia sobre violencia en América Latina organizada por la Escuela de Salud Pública de Harvard. Dos meses después, la contrataron para organizar un evento sobre la responsabilidad social y el compromiso de construir lo público desde el sector privado en América Latina.  

Después de eso volvió a Colombia y trabajó como profesora en la Universidad Externado. En el 2000 tuvo el segundo momento de transformación de su vida profesional cuando le pidieron ir a dictar clases en Bolivia en una maestría en Educación Intercultural Bilingüe para los Países Andinos. Este era un gran proyecto y un gran programa; “para mí esta fue una experiencia muy especial, mis estudiantes eran maestros indígenas de los 5 países andinos. Ellos, que eran personas muy escasas de recursos, me regalaron un traje indígena, pero más valioso fue todo lo que estas personas me enseñaron y la experiencia que me dieron”. Esta experiencia la marcó y siguió viajando a Bolivia, no solo a dar clases sino a asesorar al Ministerio de Educación. Allá sintió el impacto de la brecha entre el nivel educativo en los centros urbanos y las áreas rurales; “los niños indígenas en Bolivia muchas veces no hablan Castellano y a los 5 años llegan ellos a la educación pública a que les enseñen en un idioma y una cultura que ellos no conocen; lo que hacía esta reforma y este programa era garantizar el derecho de los niños indígenas a que la educación pública fuese en su lengua y en su contexto. Eso me abrió los ojos y me mostró otras formas de ver el mundo.” 

En el 2001, tras un proceso de selección complicado, fue escogida como beneficiaria de la Beca Propaz Mundial de la Fundación Rotaria International y, marcada por la experiencia en Bolivia, escogió hacer la Maestría en Educación en la Universidad de Carolina del Norte – Chapel Hill–. Antes de irse a la maestría, y con ocasión de su cargo como directora de la Especialización en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos para el Desarrollo de la Universidad Externado de Colombia, escuchó el nombre de Arturo Escobar, profesor colombiano con una trayectoria muy importante en estudios de Desarrollo. Cuando llegó a Carolina del Norte, tuvo la oportunidad de conocerlo y compartir con él en muchas ocasiones, hasta el punto que fue miembro de su comité de tesis.  Sobre su tesis de maestría nos cuenta: “mi tesis de maestría, se centró en una mirada a mi papel como docente occidental en un contexto multicultural; el marco teórico que escogí para observar esa experiencia fue la Teoría de Modernidad-Colonialidad”. 

 

Estando en Carolina del Norte conoció a su director de tesis de doctorado, Jürg Steiner, profesor emérito de esta Universidad y con él, vino a Colombia a aplicar el Índice de Calidad del Discurso, desarrollado a partir de la Teoría de la Deliberación de Jürgen Habermas, con población desmovilizada de grupos paramilitares y de la guerrilla. “En el desarrollo de estos experimentos pude observar que había momentos de encuentro en donde se producía algo distinto, que escapaba a las categorías previstas en el Índice. Acuñamos el término de ‘Momentos de Transformación’ y ampliamos el espectro de lo que para Habermas constituye un argumento. Dimos cabida a las historias de vida, a la empatía, a la escucha y al acogimiento del otro.” 

María Clara cree que la formación jurídica tiene grandes retos hacia el futuro; “lo primero es fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes, que no traguen entero, que se atrevan a cuestionar a sus profesores, a las personas que leen, que se acostumbren también a fomentar esa curiosidad investigativa porque muchas veces yo siento que, en Derecho, una cosa es lo que uno lee en los libros y otra lo que uno ve en la realidad. Que se acostumbren a construir puentes entre la academia y lo que se vive en la sociedad. La reflexión que yo hago, y esto me lleva al segundo reto –la interdisciplinariedad– es que nos hemos creído el ‘cuento’ de que vivimos en el mundo de las humanidades, del ‘deber ser’. Es importante complementar ese mundo del “deber ser” con las herramientas que nos dan las ciencias sociales para explorar y tener un conocimiento más profundo y certero de la realidad”.