OPINIÓN

2020-II

LA CONSTITUC... ¿QUÉ?

Por: Isabela Blanco

Los medios de comunicación tienen toda la razón al calificar el 18 de junio de 2020 como un día histórico: el día en que hasta al mismísimo Presidente de la República, se le olvidó que existe un texto (que es medio importante) llamado Constitución Política. El país del Sagrado Corazón no deja de sorprenderme. Cuando la cabeza del Estado colombiano aplaude este día en una alocución presidencial, sabes que algo anda mal. Cuando hay sillas vacías de aposta y ni medio voto en contra al momento de discutir esta iniciativa en el Congreso de la República, sabes que algo anda muy mal. Hasta leer los comentarios de felicidad en Twitter demuestran que nuestra sociedad tiene un problema serio. 

 

¡Que viva Colombia, carajo! ¡Que viva la justicia y la voluntad del pueblo colombiano! Después de tanto intentarlo ¡lo logramos! Ya era hora de que dejaran trabajar a nuestros senadores, a los verdaderos genios del derecho penal e ilustres doctores en derecho constitucional. Esta vez, nos han dejado boquiabiertos. Pero la fiesta no va a durar mucho porque los malos del paseo (que además, nadie había invitado) no demoran en llegar: los magistrados de la Corte Constitucional. Váyanle avisando a esas tías que les mandan las noticias por sus grupos de WhatsApp porque este debate va a estar buenísimo, tendremos bastantes mechoneadas virtuales. 

 

Ahora, no se si alguien más sienta lo mismo, pero debo admitir que siento náuseas. Náuseas al ver que los colombianos tenemos la palabra ‘venganza’ tatuada en la frente y un sentimiento de odio profundo en nuestros corazones. En vez de estar celebrando que esos desgraciados se van a podrir en la cárcel por el resto de sus días, entonces ¿por qué no conversamos sobre lo que realmente está pasando? Deberíamos estar absolutamente alarmados por las personas que hemos elegido popularmente, y más aún, por lo que está reflejando nuestra sociedad. Al igual que como sucedía en el Coliseo Romano, pedimos a gritos que nuestros emperadores bajen sus pulgares para que rueden mil cabezas y veamos sangre. Colombiano que se respete, lleva un cromosoma de Vendetta en su ADN. 

 

Muchos afirman que hemos ganado una lucha interminable y que, por fin, seremos un país libre de violadores. A esas personas, les ruego me expliquen ¿en serio estamos ganando algo? Porque, en mi opinión, ayer pasó todo lo contrario: perdimos la batalla contra la ignorancia y el odio. Nos dejamos enamorar de los debates pasionales y sin estribos, fuimos irresponsables al no haber usado el freno de mano para bajarnos las revoluciones. La rabia nos hizo ojitos y le creímos, nos dejamos llevar. 

 

Nadie está justificando a estos personajes que no actúan conforme a derecho, pero esta no es la forma, y mucho menos la manera, de solucionar este problema. Sin entrar a discutir en detalle la constitucionalidad de esta reforma ¿quién dijo que al aumentar las penas, la tasa de criminalidad disminuye?, ¿quién se inventó que los condenados dejan de ser personas y que no merecen un trato digno? 

 

En estos tiempos de pandemia en el que todos andamos aburridos, no nos sentaría nada mal dejar de hacer tanto pan de banano para sentarnos a reflexionar sobre los valores de nuestra sociedad, y por qué no, a ojear los cuadernos empolvados de nuestras clases de derecho constitucional y derecho penal.