La Columna de José Gregorio de Brigard

¡GRACIAS POR DEVOLVER A LOS HOMBRES A LA ACADEMIA!

Por: José Gregorio de Brigard

Ya llevaba un tiempo sin escribir en mi columna de Foro, así que quiero aprovechar para hacer algo que casi nunca se hace en este periódico plagado de mamertos y feminazis, reconocer a la Facultad cuando hace algo bien.

Esta columna va dirigida al organizador de eventos académicos de la Facultad (ignoro si tal cargo existe, pero creo que faltaría en una buena estructura burocrática) a quien, pese a la resistencia de unos cuantos necios, ha desarrollado una labor IMPECABLE, IMPOLUTA Y CORRECTA.

La razón de mis elogios es muy sencilla. La virtualidad es supremamente tediosa, todos la odiamos, no se puede comparar con la figura imponente del profesor, con una trayectoria intachable y un conocimiento eruditico en el aula de clase, llenando con su viva voz nuestras mentes vacías. Eso si es educación. 

Pero la Facultad se ha reinventado, como debemos hacer todos en la cuarentena, y constantemente nos lanza invitaciones a foros (de verdad, no como este periódico) en la cual uno puede ignorar esos fastidiosos trabajos que mandan las secretarias de los profesores para que hagamos en casa. Estos foros han contado con la presencia de grandes maestros, que hablan de temas de actualidad, principalmente de cómo hacerle frente a la pandemia. El feminismo salió con la locura de decir que, en el mundo, las líderes mujeres son las que mejor han enfrentado el coronavirus, por eso me parece extraordinaria la respuesta de la Facultad.  

En los últimos tres eventos que han lanzado a la fecha de publicación de esta columna, todos, lean bien, TODOS, los panelistas, son HOMBRES. Así es damas y caballeros, el retorno de los machos, hombres bien puestos y que sí saben de lo que hablan, que no temen a decir sus opiniones en frente de sus iguales y que asumen la crítica con gallardía y con argumentos.

Por fin alguien le hace frente a esta oleada de feminismo, por lo general carente de argumentos biológicos reales, que insiste en la igualdad de hombres y mujeres en las cátedras. Las feministas pretenden que las mujeres, por el hecho de ser mujeres, sean tenidas en cuenta como panelistas sin ningún mérito para ello. Puede que haya mujeres que destaquen, pero si no son tenidas en cuenta debe ser porque no destacan lo suficiente.

Y admitámoslo, nadie quiere oírlas con sus voces chillonas decir cosas que a nadie le importan. Pongan gente que si sabe, hombres cabezas de hogar y de sector, no nos hagan perder el tiempo para satisfacer el deseo de igualdad de unas locas que no hacen nada para conseguirla. 

Una vez escuché tremenda pendejada: nadie debe ser juzgado simplemente por su genital. ¿Cómo que no? La ciencia ha probado una y mil veces que los hombres y las mujeres -porque solo hay esos dos géneros, por favor no cuenten a los desviados y enfermos- son diferentes, por lo que es apenas razonable que su trato sea diferente. Además, está comprobado que los hombres somos mejores para unas cosas que las mujeres, y viceversa. Por ejemplo, las mujeres son mejores con las manualidades, dedíquense a eso y dejen de perder el tiempo.

¿Pero la academia? No se engañen, la academia es de los hombres, y es a ellos a quienes hay que tener en cuenta, solamente a ellos. Si una mujer destaca, invítenla, pero tendrá que probar que es digna de sentarse al lado de nosotros y de hacer valer su voz tanto como nosotros.

Pero les tengo malas noticias, hay algunas personas -incluso miembros de nuestro género- que se hacen pasar por aliados de la causa de las feminazis, e insisten en invitar a mujeres a la academia. Blasfemos. Incluso vi una invitación a la charla de UNA profesora, o sea, era ir y sentarse a escuchar a una mujer por dos horas. Por supuesto que hubiese sido incapaz de ir. Así empieza su venganza, discriminándonos a nosotros.

Hay gente que hará hasta lo imposible por demostrarnos que estamos equivocados, pero demonios no lo estamos. Siga así, buen hombre, y verá como cada vez que hacen una charla, un seminario, un congreso, un foro, o lo que sea, sin invitar a una mujer, mantendrá vivo mi discurso.