2020-I

PERFILES

Javier Rincón Salcedo

DE MILITAR A PROFESOR

Foro Javeriano entrevista al Dr. Rincón; para algunos, el profesor más cuchilla, para nosotros, el de las mejores anécdotas 

Por: Adriana Torres y  Carolina Montoya 

“Si aquí todo el mundo saca 5, yo llego a mi casa, me siento en el sofá, destapo una Coca-Cola y me pongo a ver televisión. Si aquí todo el mundo saca 0, yo llego a mi casa, me siento en el sofá, destapo una Coca-Cola y me pongo a ver televisión. Me da igual”.  Esta es la famosa historia con la que el Dr. Javier Rincón le da la bienvenida a todos sus estudiantes al principio de cada semestre. Para muchos esto suena como un profesor cuchilla que raja estudiantes sin remordimiento alguno, cuando en realidad, al tener la oportunidad de hablar con él, nos dimos cuenta del trasfondo que tiene esta historia y las muchas otras que cuenta como parte de la mística de su cátedra.  

 

Rincón no cree en la inteligencia sin trabajo. Para él, quien dice que no tiene tiempo, realmente es porque no quiere tenerlo. La historia de la Coca-Cola busca inculcar que quien está estudiando derecho, es porque así lo quiere, y debe buscar la excelencia en sí mismo y no en complacer al profesor, porque al final, el profesor seguirá sentado en su sofá tomando Coca-Cola. Esta constante búsqueda por alcanzar la excelencia, se vio reflejada desde muy pequeño, pues creció en una familia con una larga tradición militar. En el colegio, lo escogieron como perfil ideal del bachiller de la compañía de Jesús, pero las risas nunca faltaron, ya que, en resumidas cuentas, el colegio San Bartolomé hoy tiene uniforme gracias al Dr. Rincón. Nos contó que en séptimo grado, en el San Bartolomé, había un mercado negro donde él vendía sacos. Ese año, había unos escoceses de intercambio que vendían faldas escocesas y, para mayor éxito, las modelaban ellos mismos. Este mercado era todo un crimen organizado con posibles rutas de escape, pero un día, les hicieron una encrucijada de la que no pudieron escapar, y los vendedores fueron citados a la oficina del rector. “En falda y vendiendo ilegalmente, se acabaron las pintas de maricas en el San Bartolomé, escojan”, y así, fue como el rector decidió que desde ese día, el colegio San Bartolomé llevaría uniforme.  

 

Siempre quiso ser militar, pero no quería ser parte del ejército. No es que no le gustara, pero su papá era militar y él quería construir su propio camino.  Entró a la Escuela Naval de Cadetes y se retiró de cadete de segundo año. A pesar de haberse retirado, recuerda con cariño y gratitud esa experiencia. Le gustaba mucho la idea de que en la Marina uno sólo sube por méritos, el mejor es el que tiene más opciones de llegar a ser almirante, pues es el más aguerrido, el que sigue mejor las reglas, y el que es mejor estudiante. En esta búsqueda del éxito, el doctor trancaba la puerta después de la hora de dormir, y estudiaba cálculo integral con una linterna debajo de las cobijas. 

 

A pesar del cariño que le tenía a la marina, empezó a darse cuenta que tenía que obedecer más de lo que en su concepto se tiene que obedecer, y que era una vida rutinaria; lo que lo llevó a retirarse como uno de los mejores. La marina le dejó enseñanzas esenciales para la vida, la disciplina y la capacidad de no personalizar las cosas. En sus planes, siempre estuvo ser oficial naval y estudiar derecho, y es así, como después de retirarse a los 19 años, tomó la decisión de entrar a estudiar derecho en la Javeriana. 

 

Como todos nosotros, tuvo profesores que le marcaron su paso por la facultad y a quienes les guarda una admiración total. En primer año, fue el Dr. Carlos Darío Barrera, de quién aprendió sobre el lado racional del derecho: “si no parece lógico, no es derecho”. En segundo año, tuvo al Dr. José Armando Bonivento, a quien admira por el análisis jurídico que inculcó en sus estudiantes, y a la Dra. María del Rosario Silva, quien lo marcó con su humanidad admirable, y  fue quién le consiguió su primer trabajo. En tercer año, tuvo clase con el Dr. Sergio Muñoz, de quien aprendió que ser un abogado javeriano es, de cierta forma, ser un caballero. En cuarto año, conoce al Dr. Juan Carlos Prías, quien le mostró que un abogado no es solo estudio, sino que tiene tiempo libre y es una persona íntegra. En quinto año, se encuentra con el Dr. Luis Humberto Ustariz, un profesor joven, pero muy exitoso. Es así cómo se dio cuenta que los que más saben de derecho, son los que más se salen de la memoria, y más recurren al análisis.  

 

Entre risas nos contó su mejor anécdota de la universidad. Fue en el final de Penal Especial I. Entró con tres amigos, y el Dr. Prías los dejó escoger el tema, lo que no esperaban era que, el más inocente de todos, escogió hablar de delitos sexuales. Al preguntarle qué era el acceso carnal violento, el estudiante respondió, “es cuando el hombre introduce eso en aquello”. Al pedir que extendiera su respuesta con un ejemplo, el estudiante argumentó que el acceso carnal violento era cuando uno iba en una buseta llena, y sin querer rozaba “eso” con “aquello”, a lo que el Dr. Prías respondió que entonces había acceso carnal violento todo el tiempo en todas las busetas de Bogotá. Mientras el Dr. Prías intentaba guiar al estudiante a llegar a la respuesta correcta, las risas fueron inevitables. Lo que nadie entendía era, que si no era capaz de hablar de los delitos sexuales, ¿por qué eligió ese tema? 

 

Al graduarse, abrió su propia oficina y entró a trabajar al Consejo de Estado para aprender. Después, se fue a hacer una maestría en la Universidad de Portiers en Francia, en donde se graduó como el primero de su clase y se ganó la beca de excelencia Eiffel para quedarse haciendo un doctorado y siendo profesor. Terminó su doctorado con las máximas calificaciones y honores, y en el 2008, volvió a Colombia. Cuando volvió, ya estaba metido en el mundo del derecho administrativo y de la contratación pública. Empezó a llevar un caso muy importante de su padre, un oficial del ejército, y lo ganó. A partir de ese momento, empezó a recibir una gran cantidad de clientes del ejército y se concentró en temas de fuerzas militares.  

 

 

Ser profesor es y será siempre su más grande pasión. Cómo profesor, resume su clase en formar a los estudiantes bajo dos grandes criterios: la responsabilidad y el respeto. Frente a la primera, él inicia sus clases a las 7:00 a.m. en punto y después de él nadie entra, pero la acaba a las 8:30 a.m. en punto. Los estudiantes respetan su horario y él, el de ellos. En cuanto al respeto, es claro al afirmar que en su clase nadie se burla de nadie; “el que se burle de uno de sus compañeros, yo lo levanto en el final”.  

 

A todos aquellos que serán en un futuro estudiantes del Dr. Rincón, o quienes se toparán con él en el preparatorio de público, por favor no se guíen de las respuestas que leen en grupos de Facebook. Lo más irónico es que él ha leído esos grupos y sabe que las respuestas, en su gran mayoría, por no decir todas, están mal. Entre risas nos contó la ocasión en la que un estudiante afirmó que Rincón le había preguntado en un preparatorio sobre la Constitución de Venezuela, cuando en realidad lo que sucedió fue que le preguntó la diferencia entre un estado descentralizado y uno federal; el estudiante respondió que la federación era el máximo grado de descentralización. Para intentar hacer al estudiante caer en cuenta de su error, le contra preguntó: “¿Por qué entonces la Constitución de Venezuela dice que es república federal descentralizada?”. El estudiante quedó perplejo y sin nada más que decir, salió del preparatorio reprochado que el Dr. Rincón le había preguntado por la Constitución de Venezuela.  

 

Hoy en día, está felizmente casado con una mujer que, además de amar profundamente, es su alcahueta número uno. Todos los sábados se levanta a las 4:00 am a correr mientras su esposa lo escolta en el carro acompañándolo por muchos kilómetros. En este momento, la pareja vive feliz, todavía no tienen hijos pero está dentro de sus planes, sin embargo, como lo afirma el doctor, todo llegará en el momento correcto.  

 

Por último, quiso enviar un mensaje para todos los estudiantes: Pregúntense todos los días si esto que están estudiando les produce alegría, si no son felices, váyanse, porque esta sociedad, lo único que necesita es gente feliz. El que es feliz en lo que hace, le aporta a la sociedad, porque lo hace bien y le gusta. Si de verdad le gusta esta carrera, métale cariño. Yo vivo feliz y tranquilo, ni toda la plata del mundo puede comprar el sentimiento de poner la cabeza en la almohada y sentirse tranquilo.