CONSTRUCTIVAS

¿INSTINTO O RAZÓN?

Los medios de comunicación son herramientas que se han utilizado para sustentar las ideas de la razón, sin darse cuenta que en verdad, lo que suscitan son emociones. 

 

Fuente: Archivo personal

Por: Alejandra Lucía Vélez

El incumplimiento de reglas es un rasgo cultural que compartimos con muchos países latinoamericanos y viene de la España clásica. Esta cultura, no solo individual sino colectiva, es responsable de muchas de las dificultades que tenemos para emprender proyectos, sacarlos adelante, evitar enredos, conflictos y violencias. No obstante, también exageramos en la valoración de este fenómeno; incluso en Colombia donde los niveles de incumplimiento son relativamente altos, la gran mayoría de la gente acata las reglas:  no roba, paga impuestos, respeta la fila, etc. Y, es necesario decir eso, porque una de las razones que más lleva a que la gente incumpla normas es la percepción de que muchos otros las están incumpliendo.

Los seres humanos somos mimos y, además, detestamos que nos hagan trampa. Así que ver que otra persona “triunfa” incumpliendo las normas o de una forma poco ética nos ensalza y nos da razones para violar lo estipulado. Por este motivo, es importante difundir la idea de que la gente respeta las reglas, y así se incrementaría el respeto por las mismas. El trabajo de difundir lo tienen los medios de comunicación. Pero ¿cuántas veces no nos hemos sentido agotados con los noticieros? muerte, crimen, inseguridad y errores es lo único que hemos visto últimamente. Si a eso le sumamos una pandemia global letal, el panorama se puede resumir en una sola palabra: DESESPERANZA.  

En este punto se estarán diciendo: “los medios de comunicación deben informar de manera imparcial optando por un compromiso con la verdad” y nadie ha dicho lo contrario. Creo, de manera vehemente, que esa es la razón de ser de los medios de comunicación, pero no todos cumplen con esa finalidad.  Algunos medios son el terreno en el que se libran fuertes confrontaciones en torno a temas de interés general, en las que las partes en tensión se contradicen unas a otras y el público toma partido con apasionamiento, sin tener mayores argumentos. El espacio de interacción social de las redes sociales se utiliza para la manipulación ideológica, el encasillamiento partidario, la difusión de información falsa, la magnificación de situaciones, los discursos de odio, el desprestigio de unos, el enaltecimiento de otros y la divulgación de propaganda orientada a sembrar la indignación, la rabia y el fanatismo. Desafortunadamente, el cúmulo de información que recibimos agota nuestro entendimiento y responsabilidad moral y termina convirtiéndonos en simples testigos pasivos, programados en modo de espera. En otras palabras, la hiper – información va desactivando gradualmente la capacidad reflexiva, por lo que a las personas se le dificulta saber si la información es verdadera, buena y útil; dándole paso a los sentimientos y la irracionalidad.

Los seres humanos somos ante todo animales emocionales y esa condición afecta nuestra racionalidad y nuestra capacidad para tomar decisiones libres y sin engaños. Eso no significa que la racionalidad sea una ilusión, solo que hay que educarla y cultivarla y tal cosa implica esfuerzo y dedicación. Pero mientras no tengamos afianzada completamente nuestra racionalidad solo contamos con el Efecto Gauche o la reactancia. 

La reactancia es un fenómeno psicológico relacionado con la motivación y los heurísticos; es decir, los atajos mentales por los cuales tomamos decisiones sin pasar por una fase de reflexión basada en la lógica. Sucede, principalmente, por un sesgo cognitivo que nos separa de pensar racionalmente en las consecuencias de nuestra decisión o punto de vista.

Básicamente, los sesgos cognitivos están pensados para facilitarnos la vida y no tener que pensar tanto. Son atajos cognitivos que nos ahorran energía, aunque a veces puedan jugarnos una mala pasada. Específicamente este sesgo cognitivo actúa ante una amenaza que coarta nuestra libertad; haciendo que el cerebro automáticamente escoja la opción inversa, ya que la libertad es un bien absolutamente necesario. Utilizar la reactancia conscientemente es un acto plenamente manipulativo, y ser conscientes de ello puede darnos cierta ventaja. Desconocerlo, en cambio, nos puede perjudicar. Un ejemplo puede ser en aquella conversación típica en que se busca a toda costa hacer cambiar de opinión a su interlocutor, pero cuanto más se insiste, más se enrosca la persona y más difícil resulta hacerle cambiar de opinión, aunque creamos firmemente que la razón está de nuestra parte. 

La reactancia es especialmente fuerte cuando los esquemas a los que hay que adaptarse provienen de alguien o algo (una institución) que no es percibido como legítimo. Por ejemplo, si hay una serie de medidas adoptadas por un gobierno que es percibido como ilegítimo, las reacciones en contra de esas nuevas leyes serán mayores.

Por consiguiente, ni todos los males vienen del Estado, ni todos los males vienen de la sociedad. Parte del buen funcionamiento del Estado depende de que la gente crea en él. Hay un círculo vicioso muy peligroso que encadena la ineficacia estatal con el deterioro de la legitimidad, la falta de confianza en las instituciones y por último la ineficacia. Tenemos que ser capaces de ser críticos, incluso radicalmente críticos frente a ciertas dinámicas institucionales sin que ello implique acabar con las instituciones. Los medios de comunicación deben perseguir la verdad, pero también deben ser conscientes de lo que conlleva esa información y como pueden llegar a afectar al público en general, porque no es un asunto de ideas, argumentos y razones solamente, sino que involucra también las emociones.