CULTURALES

“Somos lo que dejamos a los demás” 

INFLEXIÓN DE CURA AL OLVIDO

A pesar del miedo de aquellos años, entre bombas y balas, continuamos encontrándonos, viviendo y soñando… 

Por: Alejandro Estrada

Eran las 6:48 de la tarde. Salíamos de la sala de cine. Las lágrimas de todos los presentes parecían ahogarnos al ver el desgarrador relato del asesinato de Héctor Abad Gómez. Una historia retratada en la nueva película dirigida por Fernando Trueba basada en el libro “El olvido que seremos”.

  

La película refleja la vida de Medellín en los años 80: la cultura, los vestuarios, las dinámicas familiares, la economía, los problemas sociales, la alegría, y también la violencia.

 

Una historia que sin duda duele y que nos debe tocar el corazón a los colombianos; en particular a los antioqueños. Casi todos hemos sido víctimas de una u otra forma de las secuelas emanadas del sicariato, la mafia, el narcotráfico, y de la violencia que estas décadas nefastas dejaron.

  

Días después fui a conocer el Parque Conmemorativo Inflexión. Alguna vez allí existió un conocido edificio llamado Mónaco, lugar donde vivió uno de los mayores asesinos de la historia, donde hubo una cantidad inimaginable de atrocidades en contra del ser humano, y donde la barbarie fue la orden de la injusticia.  

Entre los años 80 y comienzos de los 90 murieron abuelos, padres, hijos y hermanos en una guerra sin tregua. De ahí han surgido algunos procesos para reconstruir la historia, no contada desde los generadores de la violencia, sino desde los héroes que murieron en su lucha contra la ilegalidad. 

Hoy ese lugar es un parque de memoria que le rinde homenaje a las víctimas de la violencia del narcotráfico, y a quienes valerosamente emprendieron acciones para proteger la vida, defender la legalidad y enfrentar esta problemática que ha marcado profundamente la historia de nuestro país. Ahora allí los niños van a jugar, los vecinos van a pasear a sus perros y los abuelos van a caminar cogidos de la mano. El nuevo símbolo es una experiencia de reflexión y resiliencia.

 

En este artículo no busco hablar de la película, tampoco del libro, no busco describir un parque, mucho menos busco hacer un profundo análisis de la violencia en Colombia. Solo busco reflexionar sobre lo que heredamos; quiero curar algunas heridas que aún permanecen en nosotros; deseo encontrar lo que fuimos, de dónde venimos y lo que somos; anhelo una introspección en nosotros que de verdad surja desde lo profundo y lo verdadero. Una reflexión fuera del amarillismo y el morbo de las narco novelas y el narco turismo. Una inflexión que nos lleve a reconciliarnos con nuestro pasado y a reconstruir nuestro tejido social. 

En una sociedad estremecida por múltiples violencias, la mafia y los carteles de droga, en oposición a la justicia y el Estado, emprendieron todo un accionar en contra la población, abriendo una herida que probablemente jamás se borrará. Más de 46.000 personas fueron asesinadas durante este álgido periodo de violencia en Medellín. 

Es inaplazable que asumamos como sociedad el ejercicio de memoria para resaltar la resiliencia de nuestra gente, y que nuevos símbolos y modos de actuar éticos nos representen. 

Así, una de las cosas que más irrumpe una construcción social histórica es el hecho de no tener un relato investigativo serio. Es como si en todos nuestros libros de historia hubiésemos omitido esta década. Como si nos causara una vergüenza tal que no quisiéramos hablar de ello. Como si fuese un secreto público. Aun así, nos reconocen en todo el mundo por las series de narcos y por aquel hombre que llegó a ser el tercero más rico del mundo.  

No hay un museo público, no hay un encuentro de víctimas y victimarios, no hay un ejercicio académico que nos muestre qué sucedió, no hay una reconstrucción del tejido social. Ni siquiera supimos con certeza cuando cesó la horrible noche.  

Hoy, una ciudad como Medellín es referente mundial en innumerables procesos reflejados en el tejido social y físico de su territorio. La innovación, la tecnología, el turismo, la moda, la cultura, la música, la gente, la gastronomía, el arte y la industria son solo algunos de los elementos que nos muestran como pasamos de ser la ciudad más peligrosa del mundo, a ser una ciudad de ensueño, donde el mundo entero quiere pasar sus días y donde cada vez hay mayor desarrollo y crecimiento. 

A todos los que hayan leído hasta acá, les recomiendo ver la película, leerse el libro y visitar el parque. Invito a hacer el ejercicio de inflexión y de memoria histórica. Prohibido olvidar. Prohibido revictimizar. Prohibido voltear la cabeza. Porque construir memorias gesta nuevos impulsos para que la tragedia no se repita, pues son innegables la dureza y el dolor de cada muerte. Así, recordamos a los que no están y en su memoria, este artículo.