CULTURALES

Sobre la historia  

HISTORIA DETRÁS DE LA HISTORIA

La historia esconde fascinantes anécdotas capaces de superar la ficción e inspirar ríos de tinta, este artículo es una invitación a recordar algunas. 

Por: Orlando Buelvas Dajud

Bien se cuenta que en 1569 llegó a Cartagena de Indias el médico judío don Juan Méndez Nieto. Por entonces, muchos solicitaron sus servicios curativos que se basaban más en el ingenio que en la ciencia. Fue por ello, que salió en auxilio de don Enrique de Ávila quien llevaba varios días padeciendo de inconsciencia. En el pueblo hicieron todo lo posible por hacerlo volver, hasta desmontaron la campana de la iglesia para hacerla sonar en el cuarto del enfermo con el fin de sacarlo de su trance. Nada era suficiente, hasta que don Juan Méndez, luego de consultar a una junta de médicos, decidió sacar de la cochinera a una puerca parida, la ataron al camarote del enfermo y la separaron de sus crías. El chillar del animal dicen que fue tan fuerte que el enfermo recupero inmediatamente sus facultades y tomo una espada para matar a quien lo despertó de su largo sueño. 

Igual de macondiano sería el llamado “juicio de Dios”, al que sometían a los acusados en procesos judiciales de la Europa medieval. Solo aplicaba para casos graves y en él participaban el acusado y la parte agraviada. Se desarrollaba en el atrio de la iglesia donde ubicaban una olla de agua hirviendo y se cantaba “Haz, señor, que pueda retirar sana e ilesa su mano de esta olla quien en ella la meta siendo inocente”. Acto seguido bendecían el agua y el imputado era invitado a sumergir su mano derecha. Si sufría quemaduras era culpable, si no, inocente. Ya podemos imaginar cuantos inocentes dejo la época. 

Ella no es la única historia que nos deja la Europa medieval. Pues se cuenta que en una de las tomas de ciudades de Otón en el siglo IX y X, las mujeres huyeron a los conventos. Uno de los casos famosos fue el de las prostitutas que se refugiaron en un monasterio y al acabar la guerra salieron más prostitutas de las que habían entrado. O siglos antes, cuando las esposas de Mahoma trataron de impedir que se casase con su nuera. Él dijo que era una orden de Alá, y las quejas cesaron. 

Los griegos también han dejado historias para recordar, como la de Demóstenes quien solo se afeitaba media cara para no ceder a la tentación de salir a la calle, o Zenón el estoico quien se suicido aplastando su cara porque ya la senilidad y la vejez lo privaban del conocimiento, o Demócrito que se saco los ojos para no perder el tiempo contemplando el mundo externo y poder meditar tranquilo. Mejor no fue la suerte de platón, que lo vendieron como esclavo por llamar prepotente a Dionisio, el tirano de la época. No faltan las historias difíciles de creer, como la de los guerreros griegos que viajaban en barcos, eran tan bárbaros que tomaban agua directamente del océano y cuando tenían mucha sed los niveles de agua bajaban dejando seco al mar. 

Pero si de locos y de Grecia se está hablando, no se puede dejar de lado a Heinrich Shliemann. El buen Enrique para los amigos. Se dice que a los 8 años prometió descubrir Troya y a los 10 escribía en latín. Se hizo rico y un día cualquiera le dijo a su esposa rusa que se mudarían a Troya. La mujer le preguntó dónde estaba esa ciudad sobre la que nunca había escuchado y que no existía. Enrique le mostró un mapa donde supuestamente estaba la ciudad y ella le pidió el divorcio. Schliemann que no era un hombre muy complicado, publicó un anuncio en un periódico donde pedía otra esposa con la condición de que fuese griega. Le llegaron fotografías de diferentes candidatas y escogió a una muchacha 25 años menor que él. Afortunada si fue, pues Shliemann no solo descubrió Troya sino otra decena de ciudades atiborradas en joyas. 

Churchill caminaba desnudo en su oficina, Hemingway era alcohólico, Carlomagno no sabía leer ni escribir bien, Da Vinci a los 24 se sentía inútil, Alejandro Magno solo vivió 34 años, Bertrand Russell paso en soledad su juventud, Borges quedó ciego, Newton fue un asocial, Marie Curie se tomó un año sabático, García Márquez se enamoró solo de Mercedes, pero Kennedy anduvo con quien pudo. En fin, para hacer parte de la historia, solo hace falta vivir, vivir sin miedo, vivir para no ser olvidados.