CULTURALES

2019-I

El graffiti como obra sujeta a los derechos de autor 

MERETRISIS

El Graffiies un arte que se ha popularizado. En las calles de Bogotá se pueden ver grandes murales anónimos, que tocan toda clase de temas. ¿Puede un graffitero proteger su obra y legado?

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Fuente: Archivo Personal

Por: Carlos David Vergara

Era un día cualquiera. Me encontraba caminando con un amigo por el barrio Cedritos al norte de Bogota. En una esquina, entre la 142 y la 13, una joven de unos 20 años, vestida con un hoddie gris, el pelo rubio corto y jeanes negros, se encontraba discutiendo con unos agentes de policía y una pareja. Quise acercarme (como todos los colombianos disfruto del chisme), para conocer que ocurría y poder comentarlo con mi amigo. La joven había hecho un Graffitien una de las paredes de la casa de la pareja. 

El graffiti era interesante. Una mujer pintada de color gris, y con lo que parecían ser golpes en su cara se encontraba con los ojos vendados. Rodeándola, había una circulo compuesto por alambre de púas el cual sostenían 5 puños de manos color piel. El fondo era de color morado, el cual se iba degradando a negro a medida que llegaba a la cara de la mujer. En la base, una frase en color rojo carmín se limitaba a decir ¨meretrisis¨, que significa prostituta en latín, en una tipografía tipo soviética. Es claro que en mi ignorancia no entendí lo que significaba, lo pensé durante varios segundos, pero no comprendía el mensaje. 

Quise preguntarle que trató de decir; ¿Por qué una mujer?, ¿Por qué estaba vendada?, ¿Qué significaba el alambre de púas y por que ella estaba golpeada? y ¿A quien le pertenece el Graffiti? ¿Puede el dueño de la casa disponer de el? Sin embargo, ella simplemente se fue. 

Para responder el interrogante, era prudente entender si, en efecto, el Graffiti puede ser considerado como arte y, como consecuencia, sujeta a la propiedad intelectual. 

Hablar delgraffiti como arte no es un tema sencillo. Muchos lo asocian con vandalismo. Otros ven las grandes intervenciones como las de San Victorino o la Calle 26como formas de expresión urbana: ¨El grafiti desde sus orígenes es en una forma barata como los artistas pueden embellecer la ciudad o también criticar las formas sociales o el gobierno¨. Han existido iniciativas de regulación y promoción de espacios para el Graffiti, sin embargo, muchos sectores dicen que su institucionalización puede quitarle la autonomía y originalidad. 

Tomemos el caso de Bansky. Este artista, conocido por sus obras de alta critica social y complejidad conceptual, ha encontrado un mercado donde su trabajo puede valer hasta dos millones de euros. Sin embargo, parece mantener su independencia y por esto resulta tan atractivo para los coleccionistas, fuera del hecho de su absoluto anonimato.

Si alguien compra una obra de Bansky, parece ser su dueño y por ende acceder a los derechos que implica la propiedad. Pero no pareciera ser lo mismo si se trata de un Graffitero cualquiera. En efecto, esta discusión ha sido tratada en varios lugares del mundo. Veamos lo que sucedió en Nueva York, donde 21 Graffiteros demandaron a un empresario que pintó las paredes de un Edificio borrando sus obras. En la sentencia, el Juez encontró que el valor artístico del Graffities comparable al de cualquier obra artística y que, por ende, debe ser respetado.  El resultado, cuando menos curioso, fue la condena a pagar 150.000 dólares por obra, lo que envió un contundente mensaje: debe haber cuidado a los derechos del artista. 

Para mi este criterio debería aplicar en Colombia. Si bien es cierto que probablemente muchos graffiterosdesconocen el régimen jurídico aplicable a sus obras, como la Ley 23 de 1982, si debería crearse un marco normativo que permita proteger su obra y legado. Ya han existido iniciativas como los graffitours, o la Ley Diego Becerra. Sin embargo, los que no se encuentran vinculado a un sistema, prácticamente dejan su trabajo a la deriva sin que a nadie le importe o haga algo al respecto. 

Y así fue como para mi sorpresa, al volver a la esquina de la 142 con 13 me encontré con una pared blanca. Se notaba que estaba recién pintada y la obra de la obra de la joven de unos 20 años, vestida con un hoddie gris, el pelo rubio corto y jeanes negros se había perdido.