EN EL HUECO

2019-I

En los salones, pasillos, bibliotecas pareciera que nunca estamos solos

LOS FANTASMAS QUE ESCONDE LA PUJ

Muchos la han visto, muchos la han escuchado, muchos la han sentido…Todos dicen que hay que tenerle respeto, pues si la tratas mal es cuando se divierte contigo asustándote.

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Por: Sofia García-Reyes

Después de una clase de cátedra nocturna, de las pocas que tenemos en Derecho, tuve la suerte de ver como se prendían y apagaban las luces de todo un piso y como se escuchaban voces sin realmente estar nadie. Como siempre nos han enseñado, todo tiene un razonamiento lógico, un hecho siempre tiene que dejar huella, y a falta de pruebas, lo relacioné con mi terrible cansancio que había disfrazado con litros de café.

 

Momentáneamente lo deje pasar, pero a medida que lo pensaba más y más no le encontraba sentido. Había escuchado varias veces algunos cuchicheos sobre cosas extrañas que pasaban en la universidad, uno que otro grito, sombra, susto, pero realmente nada concreto. La curiosidad empezó a crecer, y sin más preámbulos decidí ir al edificio más misterioso que tiene nuestra universidad. De antemano es importante recordar que el Edificio Arboleda (el 67) fue un hospital neurológico, por lo que varías personas murieron en los salones donde hoy vemos diariamente clase.

 

Fui directo hacia las señoritas de contaduría, a las de aseo y porteros, al ser los que llevan más tiempo en la Universidad y pasan más horas en horarios nocturnos. No hubo ninguno que no me hablara de la “La Mona”, historia de la cual se han recreado miles de versiones. Sin embargo, los trabajadores antiguos si les coincidían las historias. Me contaron que, en la época del neurológico, había una enfermera con pelo mono, que tenía un amorío con un médico casado. Él terminó por no corresponderle, por lo que un suicidio en el Arboleda fue su mejor escapatoria del sufrimiento. Muchos la han visto, muchos la han escuchado, muchos la han sentido… Especialmente don Jacinto, que trabajaba hace ocho años como portero en el edificio y una noche se la encontró de frente, generándole un susto fue tan grande que se mordió la lengua y le tuvieron que coger puntos en el San Ignacio. Él no dudo un minuto y pidió la renuncia a la empresa de seguridad. A la fecha, muchas señoritas de aseo la han visto y le piden a La Mona que no las asusten, puesto que les tumba las sillas, traperos y la escuchan correr por los pasillos. También en contaduría del edificio siempre le dejan un vaso de agua en las noches, que aparece parcialmente vacío en la mañana. Todos dicen que hay que tenerle respeto, pues si la tratas mal es cuando se divierte contigo asustándote.

 

Ya bastante impactada por la historia del edificio en el que ese mismo día había tenido clase, fui remitida por la duda al edificio de Morfología, esperando que la medicina negara cualquier actividad que no fuera mundana. Pues fallé en las predicciones, porque en el edificio donde se estudian los cuerpos de muertos se oyen pasos y voces constantemente. Justamente a finales del año pasado, una portera luego de revisar que nadie estuviera en el edificio, mientras grababa una nota de voz escuchó un grito de socorro que quedó registrado en el celular. Ella no pensó dos veces y así mismo pidió la renuncia, pero sin antes mostrarles la prueba a sus demás compañeros que me contaban lo ocurrido.

 

Impresionada por los testimonios decidí hacer un tour por la mayoría de los edificios de la universidad y en prácticamente todos, los trabajadores tenían algo que contar. Me narraron que en el sótano de la biblioteca central se escuchan gritos sin que haya gente, que en básicas dicen que ven a un niño que tumba las sillas, que afortunadamente destruyeron la cafetería central vieja porque las señoritas de la cocina tenían miedo de las constantes voces sin cuerpo aparente.  

 

Casi dudando, decidí preguntar en el Giraldo y como era de esperarse, también se han visto cosas extrañas. Me contaron que hace un tiempo había un portero que vio un par de veces en el cuarto piso a un joven parado sobre un tapete rojo, el cual desesperadamente pedía ayuda para salir del edificio. El portero asustado también pidió la renuncia. Así mismo se han visto en la facultad de Derecho, como se prende la impresora sin razón alguna y se han escuchado en varios pisos gente corriendo cuando el edificio se encuentra completamente vacío.

 

Ahora bien, todos intentamos ser escépticos con estos temas, de pensar que no hay nada extraño a nuestro alrededor, pero después de lo que te conté, dime tú ¿Crees en los fantasmas?