OPINIÓN

2020-I

¿ES EL CENTRO UNA POSTURA POLÍTICA?

Por: Pablo van Cotthem Vivas

La necesidad de profesar una tendencia política neutra o “de centro” resulta ser una reacción natural al contexto colombiano; sin embargo, es falsa e innecesaria. La opinión pública y el ejercicio de la política, a través de toda la historia colombiana, se ha presentado de manera bipolar, es decir, a partir de los extremos. Hemos superado disyuntivas tales como la lucha entre la organización estatal unitaria y la federal, y llegado incluso a falsos dilemas (paz o guerra) como con el plebiscito del 2016 ¿Por qué sucede esto? Porque es la manera más fácil de alborotar las masas y de obtener apoyo político, pues simplifica los problemas de tal manera que cualquiera los pueda “entender” y facilita además la clasificación de bandos entre buenos y malos; es el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de falsos profetas disfrazados de caudillos. Conscientes o no de este problema, crecientes sectores de la opinión colombiana se denominan ahora “de centro”, como una reacción natural a dicha polarización innecesaria que nos aqueja desde la formación del Estado colombiano. Es una reacción entre rebelde y conciliadora. Desafortunadamente, ser “de centro” sólo fomenta la confusión, la falta de convicción y la falsa apariencia de equilibrio.

El “centro”, pretendiendo aprehender “lo mejor” de dos posturas opuestas que hoy denominamos “derecha” e “izquierda” termina por ser una tendencia política amorfa y confusa. Supongamos que un sujeto A prefiere la existencia de una economía centralizada, pero está de acuerdo con el porte libre de armas. Por otro lado, un sujeto B puede preferir una economía basada en el libre mercado, pero estar en contra del porte libre de armas. A pesar de todo, ambos sujetos podrían afirmar que “son del centro”, pues dentro de su acervo ideológico se encuentran ideas comúnmente opuestas que, cuando se clasifican en el espectro político ordinario, son de derecha e izquierda. Se concluye entonces de manera falsa que, por predicar dos ideas que no corresponden a un solo género, llamado derecha o izquierda, se es automáticamente “de centro”. Esto resulta problemático, pues las personas que se denominen de “centro” van a encontrar dificultades a la hora de hallar congéneres políticos, pues el caso del sujeto A y B puede variar tantas veces como ideas y personas se definan “de centro”. En este sentido, es imposible delimitar el centro como ideología, pues, además del argumento expuesto anteriormente, no existen variables históricas ni filosóficas para determinarlo como una tendencia definida, mientras que si las hay para clasificar de manera más precisa a la izquierda y la derecha. El autoproclamarse como alguien de centro, sea por rebeldía, o con la intención de conciliar posturas opuestas en el fuero interno es, a mi manera de ver, una tarea noble y de buena fe, pero que resulta ser ineficaz e ingenua. 

La invitación no es entonces a escoger un bando y ahondar la división política, ni mucho menos. Es más bien todo lo contrario; es a entender al centro como aquello que puede y debe existir no como ideología, sino como el resultado de la dialéctica y la deliberación entre ideas discordes en el escenario político, llámese Congreso, redes sociales, etcétera. No tiene usted que decir que es de derecha o izquierda: al menos reconozca que no es “de centro”. Porque el centro es un resultado; no es un grupo de ideas predeterminadas y aprehensibles. El equilibrio y el complemento entre ideas opuestas no es anterior a las ideas que lo componen, es más bien al revés: las ideas opuestas son anteriores al equilibrio y al complemento. Decir “soy de centro” trasgrede esta norma lógica. La cuestión es más bien así: Yo soy parte del centro.