CRÓNICA

Una invitación para que los estudiantes y profesores de la facultad abandonen ese distanciamiento -no tan social- y se vuelvan amigos; o por lo menos más cercanos.  

EL 'EMPANADATOUR' DE
FORO JAVERIANO

“No me digas que me quieres 

No me busques con tu mirada 

Sólo quiero que me entregues 

Una empanada abullonada.” 

Por: Isabela Blanco y Martín Jaramillo

Siempre hemos criticado la verticalísima relación estudiante-profesor existente en nuestra Facultad. Por esto, Foro Javeriano decidió hacer algo al respecto e invitó a dos profesores -Carlos Lasprilla y Santiago Sanmiguel- a realizar una gira gastronómica para catar las mejores empanadas de Bogotá. Fruto del ejercicio de una cuidadosa curaduría, seleccionamos cinco destacadas masas rellenas de distintas proteínas y amor ofrecidas por El Kiosko Golosinas, Le' Chon, Doña Dicha, Empanaditas de Pipián y el Restaurante las Margaritas. Lejos de ser arbitraria, dicha elección de recintos fue guiada por los rankings de empanadas dictaminados por Soho, El Tiempo y TripAdvisor. 

 

Antes de contar nuestras vivencias como peritos gastronómicos no acreditados, consideramos pertinente hacerle un pequeño homenaje a la empanada: si existe algo que sea requisito sine qua non en la dieta de cualquier habitante de Bogotá, es la empanada. Esta masa, generalmente hecha con maíz peto o harina de trigo, rellena de un sinfín de ingredientes y adobos que van desde lo más común -como la carne, el pollo, el queso o el arroz- hasta lo más curtido y temerario -como lo es el huevo de codorniz, la zanahoria o, en el peor de los casos, la arveja-. La empanada está inmersa en el menú de todo tipo de restaurantes, desde los más distinguidos, galardonados con estrellas Michelín, hasta los más comunes y corrientes, donde la única estrella es quien las frita.  

 

Aclaramos que este tour es el primero de muchos, en donde buscamos disminuir la brecha en la relación profesor-estudiante que, por cierto -y habla muy bien de ellos- para Santiago y Carlos es nula. Por esta razón, no consideramos necesario ser los mejores empanaderos para este tour, sino simplemente personas amantes de estos amasijos barnizados en colesterol y labrados por los mismísimos dioses.  

 

Nuestra aventura se hizo realidad cuando enviamos dos simples mensajes de WhatsApp extendiéndoles esta inusual invitación a los dos profesores convocados. “Va. No entiendo a qué debo este honor. Pero sí a todo”, nos contestó Santiago. Carlos, por su parte, también se mostró emocionado y dispuesto para pertenecer a la alineación titular de este equipo culinario de categoría.  

 

Iniciamos nuestra gira un sábado de octubre a las once de la mañana cuando recogimos a los invitados en sus respectivos hogares. Además de Carlos y Santiago, también nos honraron con su presencia Paula Tavera -avezada piloto y actual directora de Foro Javeriano- y Juan Felipe Guzmán, estudiante de derecho y experto empanadólogo reconocido por haber deglutido su primera empanada con un tetero como moje. De hecho, cuando paladeó su primer bizcocho de estas características, era tan joven que su edad -para efectos de economía procesal- era calculada en meses.  

 

Con todos a bordo, comenzamos nuestro recorrido alrededor de las once de la mañana. Sin haberlo intentado, el plan fue lo más capitalino posible. Fuimos víctimas de lo más cliché de un día sabatino bogotano: sol, lluvia, otra vez sol, otra vez lluvia, y un único trancón que siempre estuvo presente; aunque también pasado, muy pasado. En el proceso, y como si nos dirigiéramos a una excursión de colegio a Panaca Sabana, el tema de conversación fluyó con gran facilidad; charlamos sobre la universidad, pasando por música, arte y anécdotas de cada uno, hasta llegar a nuestro primer destino: El Kiosko Golosinas. 

 

Una vez parados en la calle 144 arriba de la carrera 11, los catadores recibieron una tabla para calificar cada empanada de cero a cinco con base en los siguientes criterios: textura, presentación, tamaño, relleno, sabor, aroma y ají. Estos fueron sugeridos por el experto -él sí- y chef Eduardo Tavera.  

 

Como el asunto era de hambre, pedimos doce empanadas de carne, Coca-Cola y botellas de agua. Nos sentamos en una mesa al aire libre y, con papel y esfero en mano, degustamos y analizamos con calma cada empanada. Sin duda, la calidad del producto se ve reflejada en los puntajes otorgados por nuestros expertos, posicionándose como uno de los favoritos del público: clásica, crujiente, dorada y de buen tamaño. Aquí nos atrevimos a sacar a relucir los dotes de TikToker de cada uno y decidimos imponer un nuevo trend de la aplicación: “¡Hola! Soy [inserte aquí nombre del catador], y esta es mi primera empanada”. El resultado lo encuentra publicado en el Instagram y en la nueva cuenta de TikTok de Foro Javeriano.  

 

Acto seguido, nos dirigimos a Le' Chon, un pequeño local en la esquina nororiental de la calle 116 con carrera 15. Luego de que Paula nos diera clases magistrales de parqueo en un parqueadero cuyo diseño estamos seguros de que ha favorecido a más de un abogado experto en responsabilidad civil extracontractual, subimos al local. Le' Chon es un pequeño restorán informal que ofrece una empanada de lechona bastante generosa y capaz de mantener el difícil equilibrio entre ser una empanada con todas su características y, al mismo tiempo, conservar la esencia correspondiente a algo tan tradicional como la lechona.  

 

En ese momento salió a flote el amor por la lechona en cada uno de los comensales. Especialmente en el profesor Lasprilla, dada su ascendencia tolimense y sus andanzas por bastantes locales en “la zona L” -con L de lechona- cuando era estudiante universitario. Según él, el mejor sitio de lechona en Bogotá -y les tiramos el dato- se llama Lechonería Donde Jimmy.  

 

Fue en nuestra segunda parada en donde nos ocurrió que, además de puntuar la empanada con los criterios anteriormente enunciados, debíamos asignarle una ocasión para consumirla. En este caso, unánimemente concluimos que esta empanada de lechona se posiciona como un antídoto perfecto para el guayabo. Un alimento que hace parte de la selecta cultura chupística entre las que se encuentran el Bonfiest, el caldo de costilla, el Gatorade, el Pedialyte y hacer del dos.  

 

Muy satisfechos, nos dirigimos a nuestra tercera parada: Doña Dicha. En este lugar las empanadas más conocidas eran las de pollo. Por los locales que habíamos visitado hasta ahora, habíamos llegado con altas expectativas, pero la empanada que escogimos en Doña Dicha, a nuestro criterio, encaja mejor en la categoría de pastel de pollo. Llegamos a esta conclusión luego de un fuerte debate jurídico sobre las características que debe tener una empanada que descreste versus las propiedades de un producto como lo es el pastel de pollo. Lo que marcó la diferencia fue la baja crocancia de la masa -que, por cierto, estaba bastante kelseniana por su forma piramidal- y el pseudo guacamole con delirio de ají con el que se debía acompañar. Le podemos asegurar que si usted algún día tiene un plan de onces y crochet con sus tías ‘las arañitas’ -debido a que todas tejen- y no sabe qué llevarles, este increíble pastel de pollo con ínfulas de empanada es su mejor aliado, no lo piense dos veces.  

 

Un tanto decepcionados, llegamos a un clásico de clásicos que jamás decepciona: Empanaditas de Pipián. Como dato coctelero -casi tan coctelero como el tamaño de estas empanadas- les contamos que este local, en un comienzo, se llamaba Los Troncos. Sin embargo, el nombre cambió dado que su dueño -haciendo la de Mahoma- decidió unirse a la montaña de personas que creíamos que se llamaban Empanaditas de Pipián.  

 

Las pequeñas y hasta tiernas dieciocho empanaditas de pipián que habíamos comprado no dieron un brinco. En el instante en que recibimos la canasta con nuestras víctimas, los seis comenzamos a ingerirlas de inmediato con una velocidad hasta extraña y casi comparable con las habilidades de conducción de Paula. Por su crocancia y su inconfundible ají de maní, este fue otro de los lugares mejor rankeados por nuestros comensales. Al ser un producto tan versátil y perfecto en sí mismo, concluimos que las empanaditas de pipián encajan en cualquier plan, desde ver un partido de la Selección Colombia, pasando por reuniones familiares, hasta el mismísimo desenguayabe anteriormente mencionado. Definitivamente siempre son una gran opción.  

 

Finalmente, cerramos nuestra gira con broche de oro en el Restaurante Las Margaritas, un sitio tradicional y acogedor que ofrece una selección de empanadas sin comparación. Tan es así que Carlos y Santiago compraron un par para llevarle a sus amores; sobre todo, para que siguieran siendo sus amores, debido al largo rato que se ausentaron de las labores hogareñas por andar consintiendo al estómago con estos increíbles productos. Respecto de la ocasión para ir al restaurante, consideramos que es una buena elección para llevar a su match extranjero en Tinder a probar una deliciosa empanada en un lugar “divinamente y de toda la vida, ala”, como diríamos los cachacos.  

 

Marcando las tres de la tarde pedimos la cuenta y devolvimos a nuestros invitados a sus casas. Con la barriga llena y el corazón contento, nos despedimos dándonos las gracias por esta maravillosa y divertida experiencia. La selfie es prueba fehaciente de la felicidad de todo el equipo.

Antes de revelar cuál es la empanada ganadora, debemos confesar que el resultado nos sorprendió y, a petición de varios, tuvimos que revisarlo con el VAR. Sí, tristemente, con v pequeña.  

 

No obstante, los números reflejan que quien arrasó y conquistó nuestros corazones fue El Kiosko Golosinas, obteniendo una calificación casi perfecta de 34,4 sobre 35; lo que equivale, en términos estudiantiles, a un sólido 4.9. He aquí una tabla como sustento objetivo de esta coronación y explicación cuantitativa de los perdedores:  

Cierto es que la relación estudiante-profesor debe reforzarse y, sobre todo, volverse más cercana. Pasamos del hablar al actuar y, haciendo este tour, Foro Javeriano ha dado el primer paso para unirnos cada vez más y formar comunidad. En esta oportunidad, como excusa perfecta, comimos empanadas y, en el proceso, nos reímos y nos conocimos un poco más. Por un momento, se nos olvidó que estábamos con dos respetados profesores de la facultad y nos tratamos diferente, como si nuestra relación fuera horizontal (casi tan horizontal como la posición de la siesta que se dio cada quien cuando arribó a su respectivo hogar). Sea este el comienzo de un espacio de risas y buena comida que perdure en el tiempo, estreche nuestros lazos y se mantenga con el paso de las generaciones.  

 

A Carlos y Santiago: nuestros más sinceros agradecimientos por la compañía. Entre lo que conversamos, nos quedó claro que su conocimiento va mucho más allá de una verdadera experticia en lo que dictan. Son dos personas de una gran calidad humana que, con su actuar, demuestran que la vocación de docencia va también enfocada a formar buenos seres humanos.