QUERELLANDO

El periodo a contracorriente

DONDE MENSTRUAR DUELE MÁS

La menstruación es el proceso más natural e íntimo de la feminidad. Nos une a las mujeres como si fuéramos una sola. Sin embargo, menstruar en la cárcel duele más.

Fuente: Pexles.com

Por: Cristina Soto y Geraldine Pardo

De acuerdo con Alanis Rojas, un nuevo abordaje de la menstruación es: “las mujeres somos tan maravillosas que menstruamos, siendo una señal inteligente del cuerpo humano para medir nuestro bienestar, pues es un indicador de salud física y emocional; es señal de tener la posibilidad de generar vida; indica equilibrio hormonal y te permite a ti misma conocerte como mujer”. Al respecto, Daniela Durán afirma: “[es] un tabú por la falta de educación sobre un proceso netamente natural de la mujer que dio la creación de la especie. (...)”.[1]

La menstruación hace parte de nosotras las mujeres. Hemos aprendido a vivir con ella y pocas veces nos sentamos a pensar en lo afortunadas que somos por poder menstruar de una forma digna. Ahora bien, por lo contrario, ¿qué significa menstruar de una forma indigna? Para esto nos adentramos a las cárceles colombianas, donde el Estado colombiano no les provee a las mujeres los utensilios higiénicos necesarios para llevar su menstruación. Una cifra reciente indica que en la cárcel de Sogamoso las mujeres reciben 25 toallas higiénicas por persona al año para distribuir entre todos sus periodos. Las mujeres sabemos que esta cantidad es extremadamente escasa, ya que dos toallas por periodo no alcanzan ni para un “buen día” del periodo. 

 

Para afrontar esta dura realidad, las reclusas se ven en la obligación de amarrarse distintas prendas dentro de sus pantalones para suplir la función de toalla higiénica. Esto hace que las reclusas tengan la mayoría de su ropa manchada y como indican personas que han vivido esta realidad de primera mano, cuando ya no tienen más ropa para usar, se ven obligadas a utilizar sus sábanas con las que duermen por las noches. Aparte de tener poca ropa para usar en su diario vivir, esta situación genera innumerables infecciones que afectan gravemente su salud. Esto se convierte en un ciclo vicioso, pues en Colombia es un problema enorme conseguir una cita ginecológica para las reclusas, ya que la gran mayoría de veces hay corrupción y deben pagar para acceder a las mismas. Muchas veces con dinero y muchas otras con favores sexuales. 

 

En México, por ejemplo, ninguna persona tiene acceso a productos de higiene menstrual ni atención ginecológica. De hecho, los testimonios de las reclusas afirman que cuando sus familias no les brindan toallas sanitarias -es el caso más común ya que la mayoría sufren abandono familiar[3]-, recurren a usar medias a modo de compresas; resaltando que en los centros de reclusión no hay agua y cuando hay es de color café por su nivel de insalubridad por lo que no pueden higienizarse de manera adecuada.  Pero lo que resulta más desgarrador, es que la forma en que ellas viven la menstruación es tan humillante que muchas prefieren drogarse esos días, para así ni darse cuenta lo que sucede con sus cuerpos y no sentir dolor.

 

En Argentina, muchas mujeres dejan de menstruar a causa de la desnutrición, porque el acceso a una dieta balanceada no existe en prisión. En adición, solo reciben un paquete de ocho toallas sanitarias por mes en una celda de cinco detenidas. En efecto, no es una cantidad digna y suficiente, pues hay quienes tienen enfermedades crónicas en las que requieren hasta 16 toallas al día. 

 

La falta de elementos de higiene también se da por un problema de recursos, no solo del Estado sino de las familias. Las toallas higiénicas, tampones y copas menstruales en general son difíciles de acceder para los estratos más bajos debido a su alto costo. Esto nos lleva a enfatizar lo siguiente, y es que la dignidad para menstruar no solo se materializa en acceder a productos para la menstruación sino en tener instalaciones que garanticen privacidad, higiene personal, agua limpia y jabón. Para esto, se deben fomentar iniciativas que garanticen un espacio seguro y digno para que las mujeres puedan pasar los días de su menstruación de una forma cómoda y humana. Menstruar no debería ser gobernado por un ámbito político, porque menstruar tras las rejas quebranta el espíritu y el corazón.

 

 

[1] Fuentes: Alanis Rojas Ascencio y Daniela Durán Durán, ambas estudiantes de medicina.

 

[3] Fuente: Abogado Jairo Ignacio Acosta Aristizabal.