ESPECIAL

Foro Javeriano entrevista a quienes arriesgan su vida por nosotros

 

LO QUE CALLAN LOS MÉDICOS

Anécdotas inéditas de médicos que están en primera línea para el COVID-19 

Por: Adriana Torres

El 6 de marzo del 2020 se confirmó el primer caso de SARS COVID en Colombia. Desde ese día la normalidad a la que estábamos acostumbrados quedó en el pasado y desde ahí la posibilidad de exponernos quedó en manos de cada uno.  

 

Tenemos unas medidas preventivas de contagio: la cuarentena por localidades, el pico y género, el pico y cédula, y en algunas ciudades incluso toques de queda. Pero para ninguno es un secreto que en este punto y con ya casi 6 meses de cuarentena (la más larga del mundo, por cierto), ya para muchos es suficiente y esas medidas preventivas de la alcaldía parecen ser más discrecionales que obligatorias.  

 

En los últimos meses me he encontrado con mensajes de amigos que preguntan qué tan estricta esta la cuarentena, cuántos policías hay en las calles, qué si están parando o multando e incluso se comenta lo fácil que es obtener un permiso de movilidad para irse de paseo. No podemos tapar el sol con las manos, sí es cierto que las cuarentenas son más laxas que estrictas y que cada vez perdemos más el miedo a salir.  

 

Esta es la realidad de la cuarenta en Bogotá, las medidas de la alcaldía son más facultativas que coercitivas. Quedó a discreción de nosotros decidir si vale la pena arriesgar nuestra vida y la de nuestras familias por vernos con amigos, o por hacer plan con el novio, culito o machuque. Pero mientras nosotros tenemos la posibilidad de decidir hay quienes queriendo no ser un riesgo para sus familias se han visto obligados a darle la cara al virus que cada día se propaga más por la imprudencia de muchos.  

 

Tuve la oportunidad de entrevistar a dos médicos que actualmente están en primera línea para COVID-19 y observar el día a día de uno en particular: mi hermana.  

 

Mi hermana se graduó en plena pandemia, con grado adelantado y virtual todo con la excusa de tener más mano de obra para combatir el virus. Actualmente se encuentra haciendo su rural en una de las clínicas de Bogotá que al igual que todas, ya no da abasto para tanta gente infectada. Ella se levanta a las 5:00am de la mañana todos los días para estar en la clínica alrededor de las 6:00am; apenas llega debe ponerse todo su PPE1: mascarilla quirúrgica, respirador N-95, vestido de mayo, zapatos cerrados, protección ocular con mono gafa o careta, bata antifluídos desechable o reutilizable, polainas, gorro y guantes desechables mono uso. Cuando llega a la casa alrededor de las cuatro de la tarde debe desinfectar por completo su uniforme y bañarse para después si poder tener cualquier contando con su familia. Incluso tres horas después de que llega a la casa aún sigue siendo evidente la marca roja que le queda en la cara por las gafas y demás elementos de protección que tiene que usar todos los días; parece que ese es el nuevo tatuaje de todos los médicos. Le pregunté que era lo más difícil de estar en primera línea y me dijo que sin duda el tener que decirle a la familia de un paciente que no hay camas disponibles para su familiar y que los respiradores ya no alcanzan para todos.  

 

Pude también contactarme con un médico de una clínica particular en Bogotá, quién me contó que al principio de la cuarentena el panorama estaba bien, la clínica estaba vacía e incluso en las noches se quedaban sin nada que hacer. A medida que pasaban los días las UCI se empezaron a llenar y la clínica paso de tener dos ventiladores en reanimación a tener casi unos seis. Lo que más le indigna de esta situación es saber que hay personas que siguen pensando que esto no es tan grave; pero lo cierto es que antes de este año no había personas en UCI por neumonías siendo menores de 40 años sin antecedentes; situación que ahora es bastante frecuente. 

 

Me contó también que uno tiende a pensar que los más susceptibles a contagiarse son los adultos mayores, pero eso no es tan cierto; me dijo que la semana pasada atendió a un joven de 31 años que sin tener ningún factor de riesgo estaba con ventilación mecánica junto a su amiga de 35 años que estaba intubada. Cuando le pregunté que era lo más difícil de estar en primera línea contesto que la incertidumbre de llegar a su casa y no saber si ya es portador. Me contó también que muchos de sus compañeros de trabajo ya contrajeron el virus y que es duro hospitalizar a quien hace un mes trabaja contigo hombro a hombro.  

 

Por último, contacte a una doctora de un hospital en Bogotá que me pidió no revelar. La doctora me contó una historia con la cual me fue inevitable no llorar y que lastimosamente es más frecuente de lo parece. Hace aproximadamente dos meses llegó a la clínica una paciente de 71 años contagiada del virus. Llevaba aproximadamente cinco días hospitalizada pero cada día el panorama era más alentador así que lo más probable era darle de alta muy pronto. Justo el día que parecía prometedor darle de alta la paciente presentó fuerte complicaciones, se desaturó; tenía una grave dificultad respiratoria, parecía que cada vez sus músculos luchaban más y más para dar cada respiro. La doctora me contó que debió salir corriendo a la UCI de la clínica y preguntar si había camas disponibles, afortunadamente había una cama para esta paciente. 

 

Me explicó que hay todo un proceso para trasladar a un paciente de piso a UCI. Primero hay que preparar al paciente para entrar a terapia intensiva y esto incluye canalizar al paciente, quitarle la ropa y monitorizarlo. Este proceso hay que hacerlo lo más rápido posible ya que la posibilidad de que el paciente presente un paro respiratorio es bastante alta. En el cuarto había ocho personas preparando a la paciente:  enfermeras, auxiliares y médicos. Mientras el equipo médico intentaba ser lo más ágil posible a la paciente se le escurrían las lagrimas mientras le preguntaba a la doctora qué estaba pasando pues no entendía porque había tanta gente encima de ella.  

 

Finalmente, el último paso para trasladar a un paciente a UCI es activar un código para que el personal de la clínica sepa que va a pasar un paciente COVID y den paso, así como minimizar los riesgos para que no haya mucha gente en los pasillos para ese momento. Finalmente se activo el código y esta paciente de 71 años entro a la UCI para ser intubada.  

 

En ese momento la doctora tuvo que contactar a la familia para contar lo sucedido. Acá me explicó que cuando consultan al hospital pacientes con COVID lo primero que se le dice a la familia es que estarán asilados y que tienen las visitas restringidas. Al ingresar al hospital las familias firman un consentimiento donde aceptan que el paciente no recibirá visitas; en este mismo papel ponen un número de contacto y deben diligenciar una encuesta donde se les pregunta si tienen celular, acceso a internet, zoom, WhatsApp. El doctor al que se le asigna el paciente tiene siempre a la mano ese papel donde está el número de contacto y en cada piso de la clínica hay un celular del servicio donde los médicos se pueden contactar con las familias de los pacientes. En este caso la doctora se contactó por FaceTime con la familia de la paciente y les contó que lastimosamente su madre se había complicado y que debía ser intubada. Acá también me explicó el curso tan impredecible de esta enfermedad, es difícil saber si los pacientes están mejorando ya que pueden suceder escenarios inesperados como este. En esa llamada la doctora me confesó que le fue inevitable no conmoverse y dentro de todo su PPE se le escurrían las lágrimas mientras hablaba con la familia. 

 

En esa misma llamada la familia de la paciente le contó a la doctora que justo hoy el esposo de la paciente había ingresado a la clínica también en razón al Covid-19.  Por casualidades de la vida el esposo de esta paciente terminó siendo atendido en el mismo cuarto en el que horas antes su esposa había estado. La doctora me contó que la situación se repitió con su esposo, que el señor al principio había estado muy bien pero que inesperadamente presentó un deterioro respiratorio y en la noche tuvo que ser trasladado a UCI para que 20 minutos después de ser intubado falleciera. Este hombre compartió techo con su esposa en UCI solo que ninguno lo supo.  

 

Afortunadamente el panorama de la señora fue más alentador que el de su esposo y después de estar sedada e intubada por un par de días en UCI por fin la devolvieron a piso y su salud mejora cada día. La familia de la paciente aún no ha sido capaz de contarle lo que le sucedió a su esposo mientras ella se encontraba sedada, y aunque cada día les pregunta a los doctores que por qué su familia no le pasa al teléfono a su marido, ella sigue recuperándose satisfactoriamente.