2020-II

“Algunos de estos ciegos no lo son solo de ojos, también lo son del entendimiento” 

 

DECONSTRUYENDO A SARAMAGO

Hoy, 25 años después de la publicación de la novela “Ensayo sobre la ceguera”, la brecha que separaba una novela que por esencia se mueve en un mundo ficticio y la realidad, parece difuminarse a tal punto que no sabemos en cuál de los dos estamos existiendo. 

Por: Emilio Navarro

En 1995 se publicó la novela “Ensayo sobre la Ceguera”. José Saramago, su autor, logró con su singular narración, enemiga de los formalismos de la Real Academia de la Lengua Española, crear un escenario en el que una extraña ceguera descrita por sus víctimas como un “mar lechoso” se propaga rápidamente en la sociedad, cambiando totalmente el estilo de vida que conocían. 

 

A la hora de enfrentar la novela de Saramago con la situación que estamos viviendo nos encontramos con que ambas no chocaban, de hecho se complementaban extraordinariamente. Por eso decidimos y eso encontrará el lector a continuación, articular el escrito de Saramago con la realidad y los retamos a que diferencien cuándo se encuentra dentro de las páginas del libro o en el mundo real;  

 

Li Wenliang “tenía que informar a las autoridades sanitarias, avisar de lo que podría estar convirtiéndose en una catástrofe nacional. Nada más y nada menos que un tipo de ceguera desconocido hasta ahora”, lo único que obtuvo de aquel intento desesperado por dar a conocer un tipo de coronavirus mortal fue una acusación de la Oficina de Seguridad Pública china por haber perturbado severamente el orden social. 

 

Así empezó todo, de un día a otro. Se hablaba que en Wuhan, situado en China central, se estaba propagando un extraño virus. Todo estaba muy lejos y por eso, al principio nos negamos a creer que en un mundo globalizado los virus también encuentran como viajar; sin embargo, el viejo continente evidenció en carne propia la letalidad de la enfermedad. Somos tercos por naturaleza y, pese a la certeza general ciertos mandatarios hicieron caso omiso a los llamados de emergencia, se convencieron a sí mismos... “A ver si me quito las telarañas de la cabeza, por el hecho de que el tipo aquel se quedará ciego no me va pasar lo mismo a mí, esto no es una gripe que se pegue, doy una vuelta a la manzana y se me pasa”. Se materializa la verdad ante nuestros propios ojos y recordamos que “De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad.” 

 

Se cancelaron ciertos trayectos, se tomaron medidas de precaución pero no se logró evitar la propagación. Fue necesario recurrir a métodos mucho más drásticos, “En palabras al alcance de todo el mundo, se trataba de poner en cuarentena a todas aquellas personas, de acuerdo con la antigua práctica, heredada de tiempos del cólera y de la fiebre amarilla, cuando los barcos contaminados, o simplemente sospechosos de infección, tenían que permanecer apartados cuarenta días, hasta ver. Estas mismas palabras, Hasta ver”. La situación tocó fondo y se extendió la cuarentena a todos los habitantes, nos detuvimos. 

 

“Como dice el refrán, por una parte nos llueve, por otra nos hace viento”. La tormenta perfecta no se compone únicamente de una pandemia, hace falta, como es el caso, una crisis económica siquiera comparable con la gran depresión del 29. La firma financiera JP Morgan Chase estima que el desempleo podría aumentar a un 25% en el próximo trimestre en Estados Unidos. Ante una situación tan compleja, es natural querer buscar culpables, nos da cierta tranquilidad encontrar hacia donde apuntar pero “en una epidemia no hay culpables, todos son víctimas”. 

 

Mucho se ha hablado sobre posibles curas. Bill Gates creará siete fábricas con distintos tipos de posibles vacunas con el fin de que una vez se encuentre la indicada, la producción ya esté en marcha. En Australia, científicos de la Universidad de Monash en Melbourne lograron erradicar el virus en 48 horas en un cultivo de células con ivermectina, un desparasitario y el siguiente paso es realizar pruebas en animales. A pesar de las robustas investigaciones, se estima que una vacuna se demorara al menos 12 meses... “las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible”. 

 

Si nos dedicamos a observar las cifras, encontramos que la cantidad de personas fallecidas hasta el momento es apenas un decimal de la población mundial, pero ahí radica la cuestión, cuando cuantificamos un problema que determina el resultado en números, olvidamos que detrás de esas cifras hay personas, hay familias, hay profesionales que se exponen día a día al riesgo. Por favor no lleguemos a esa “vieja costumbre de la humanidad, esa de pasar al lado de los muertos y no verlos”. 

 

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven”. Y esta fue la lección que aprendimos, una de humildad, porque el que no quiere caldo se le dan dos tazas y nos dimos cuenta que no somos omnipotentes, ni lo sabemos todo. No nos queda más que reflexionar en estos tiempos “Mientras esperamos esos días mejores que siempre están por llegar”.