OPINIÓN

CUANDO EL HÁBITO SE VUELVE IRRECONOCIBLE

Por: Santiago Quintero

The Square es una película ganadora de Palma de Oro y Cannes, sorprende ya que más allá de dejarle al espectador esa moraleja anhelada en el cine, que sentimos perdida, y buscamos cuando vemos arte de cualquier número, la película no deja sentada ninguna reflexión explicita, sino que ofrece un mensaje más directo, una mirada al espejo La película dentro de su escueta narrativa da a notar lo volátiles que somos como seres humanos cuando nuestra cotidianidad se rompe, cuando la autoridad se desdibuja, y cuando la artificialidad de nuestros preceptos queda en evidencia gracias al contexto. Demostrando que nadie esta a salvo, ni un Curador en Jefe del Museo de Arte Moderno de Estocolmo que parece tener su vida bien lograda y sus problemas al margen. (Christian: El Protagonista)

La película gira alrededor del deber ser, generando una crítica en ello de forma satírica, y expone acerca de la incoherencia en círculos sociales como el del arte moderno, que se sirven (en muchos casos) del sufrimiento ajeno para obtener una relevancia inexistente producto de la instrumentalización de la tragedia social (refugiados, en el caso de The Square) pero que al salir de la muestra todo queda olvidado y aquellas virtudes altruistas se quedan dentro del recinto y en felicitaciones por la labor social que hacen los inversores y los directivos del museo.

 Los variados mensajes se desarrollan alrededor de la vida de Christian, que representa la hipocresía que existe en estos círculos sociales, de una forma tímida pero que se hace notoria en el desarrollo de la película. La vida de Christian gira alrededor de ser el centro de atención por su criterio artístico, desde el cual decide las próximas exposiciones que tendrá el museo. Lo curioso es que los mensajes de estas exposiciones, que contienen críticas hacia la sociedad, la desigualdad y el estatus quo son caracterizadas por los actos que realiza Christian, el supuesto antítesis de ello. Todo da un giro en el momento en que le ocurre una pequeña eventualidad, la cual es tomada por Christian como algo de carácter mayor y su reacción lejos de incluir una preocupación genuina, se convierte más bien en un juego, en el que se divierte experimentando con algo nuevo sin medir las consecuencias de ello, mostrando como poco a poco su impecable reputación, y los hábitos que lo caracterizan quedan en tela de juicio. 

En algún libro leí que padecemos de un desagradecimiento de nuestra cotidianidad, cuando, al fin y al cabo, muchas veces es nuestro único refugio ante el cambio inminente y álgido del tiempo.  Estamos desesperados en vivir cosas nuevas, y experimentar lo desconocido, sin saber si eso pudiese afectar el frágil control que tenemos sobre nuestra vida, sin saber si estamos preparados o dispuestos a enfrentar ello. La cotidianidad, en buena parte, la construimos desde hábitos que aseguramos que poseemos, pero que fácilmente rompemos, como si no fueran más que una sutil bordada sobre nosotros mismos, cuando el contexto se lo exige al egoísmo. Dentro de esta misma critica se construye el filme, igual que la vida misma, no tiene correlaciones muy claras entre escena y escena, sino que son las mismas decisiones las que hacen pasar los actos de lo cotidiano a lo absurdo, y que aquello que nos hacía “nosotros” queda fácilmente desdibujado, y hasta el más fuerte de los criterios se doblega de formas impensables. Esto revela que existe una supremacía moral con la que muchos vivimos, con la que atacamos, y desde la cual nos justificamos, basada en hábitos inexistentes o realmente incomprobables dentro del propio ser humano que no terminan siendo más que la construcción de un personaje dentro de una comedia teatral que se puede alterar en cualquier segundo. 

Lo anterior me hace preguntarme entonces ¿Dónde esta aquella moral? ¿existen los buenos hábitos? Por pesimista que suene no somos más que esclavos de nuestras propias contradicciones, que justificamos en construcciones egocéntricas que nos permiten sobrellevar el día a día con personas que la soportan. 

 Lo anterior queda explicito también en la película, sin querer incurrir en ningún spoiler para que le den la oportunidad a un largometraje que en ultimas se convierte en lo mismo que critica, es interesante develar sus protagonistas y como estos no tienen ninguna relevancia ante el mensaje en sí mismo. Y es que creo que lo anterior es lo más interesante que ofrece el filme, la capacidad de desarrollar historias inconclusas que demuestran la debacle de la personalidad y de los cánones que la constituyen, las pretensiones por las que nos ufanamos, el esnobismo del cual nos jactamos, y hasta la inspiración social basada en la tragedia ajena del arte contemporáneo que se “entiende” y se “percibe mucho mejor” desde una posición de privilegio ya que “el nicho” es el que mejor conoce “la estructuralidad de las causas”.  Interesante también es como los críticos de Cannes dieron cuenta de ello y criticando el filme también recibieron su bocado de autocrítica, y conscientemente lo premiaron. Sin más invito a verla, y a que saquen sus propias conclusiones de esta, ya que, claro esta que su director Ruben Östlund deja un amplio espacio para la interpretación, la humanidad, y por supuesto la pretensión social.