CULTURALES

¿Qué plantea el metaverso?

PSEUDOREALIDAD

La “nueva realidad”, una expresión bastante trillada en estos tiempos de pandemia, volverá a adquirir relevancia en algunos años cuando la humanidad se traslade a un mundo virtual.

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Por: Juan Pablo Prieto

El pasado 28 de octubre recibí con sorpresa el anuncio de Mark Zuckerberg respecto al cambio de nombre de Facebook Inc. a Meta Platforms Inc. En primera instancia, pensé que la modificación obedecía a cuestiones de marketing y renovación de imagen. No obstante, con el tiempo he podido comprender el fuerte mensaje detrás del cambio. El famoso metaverso, propuesto por Zuckerberg, parece ser una de las nuevas tendencias tecnológicas con la capacidad de permear y modificar las dinámicas sociales a las que estamos acostumbrados.  

En términos generales, el metaverso es un espacio virtual en un modelo 3D de internet, en el cual se presentan interacciones entre las personas a través de sus avatares. Juegos como The Sims, GTA, o Club Penguin, propios de mi generación, son ejemplos bastante ilustrativos que brindan una idea de lo que es el metaverso. Es una plataforma virtual en la cual las personas pueden llevar a cabo las diferentes actividades de la cotidianidad y otras tantas; muchos sostienen que es una nueva versión del internet, pero más integrada e intensiva.

Pero ¿qué diferencia al metaverso de estos juegos que ya han sido creados? La gran diferencia es que, en esta oportunidad, las grandes empresas de tecnología del mundo, bajo la iniciativa del influyente multimillonario creador de Facebook, han optado por invertir y desarrollar este nuevo mundo virtual, de forma articulada y más profunda. La idea es consolidar el metaverso como un nuevo campo en la realidad de las personas, y no solo como un juego. No sobra aclarar que pueden existir muchos metaversos; no se trata de uno solo. 

Para acceder al metaverso, en estricto sentido, es ideal el uso de gafas de realidad virtual y otras herramientas como guantes hápticos, las cuales permiten que la experiencia se aproxime en lo más posiblemente a la realidad. Actualmente, plataformas como Decentraland o The Sandbox son las más conocidas para interactuar en el Metaverso; en ellas las personas tienen sus propiedades e interactúan con otros usuarios para hacer transacciones, o simplemente para socializar. 

Muchos inversionistas ven en el metaverso una nueva oportunidad de negocio, pues es un ecosistema apalancado en importantes flujos de capital, que permite transacciones eficientes de una diversidad importante de activos intangibles. De acuerdo con Bloomberg Intelligence, para 2024 el valor del metaverso ascenderá a 800.000 millones de dólares, dato absolutamente diciente, que permite dimensionar el grandísimo potencial que tiene este mercado. Algo interesante del asunto, es el uso de criptomonedas, smart contracts, NFTs y la tecnología blockchain para el desarrollo de las operaciones en el metaverso. 

Existen muchos casos de uso que permiten entender la dinámica que propone esta realidad virtual. Por ejemplo, Sony junto con Manchester City tienen un proyecto para replicar su estadio en el metaverso, y así promover el negocio del fútbol en este sector. De igual forma, El Salvador tiene planeado crear un casino virtual en el cual se usen NFTs. A su vez, se plantea su uso para capacitaciones de cirujanos, asistencia a conciertos, visitas a museos, entre otras actividades. 

Cuando hablo del tema con la gente, muchos reaccionan incrédulamente, puesto que les parece una idea absurda, a la que no le hayan sentido alguno. Me recuerda a lo que decían las generaciones más antiguas cuando empezó el uso de las redes sociales o, más recientemente, con el auge de los criptoactivos. Son modelos que atienden a ciertas realidades sociales, que seguramente tendrán acogida por las generaciones más jóvenes, y que gradualmente irán definiéndose con su puesta en marcha.  

Estamos ante una propuesta de revolución social que busca impactar la forma en la que nos relacionamos. Por supuesto que advierto que su aplicación puede ser problemática, pues no sé hasta qué punto es bueno que las personas cambien su vida real por un mundo ficticio. Seguramente muchos crearán vidas perfectas, hechas a la medida de sus sueños, lo cual está perfecto, cada quien con lo suyo. Sin embargo, no soy partidario de una suplantación tan extrema de la realidad. 

Considero que, en algún futuro no muy lejano, la mayoría de nosotros tendremos alguna relación con el metaverso, directa o indirectamente. No digo que todos vayamos a tener inversiones de miles de dólares en el real estate virtual, pero de alguna forma las tendencias nos impulsarán a entrar en él, ya sea por motivos económicos, sociales o culturales. En fin, en un par de años podremos evaluar si tuvo la repercusión y acogida proyectada, por lo pronto, aprovechemos la “vida normal” que nos resta.