CULTURALES

¿Quién nos convenció de que somos una carga insoportable para los demás? 

Cómo no desaparecer en el intento 

¿Por qué creemos que es más fácil desaparecer a enfrentarnos a la vida y, más importante, ¿quién nos dijo que estamos solos? 

Como no desaparecer en el intento.jpg

Fuente: Pexels.com

Por: Valentina Ortega  

Siempre es interesante cuando empiezas a leer un libro y encuentras un aspecto que te conecta con el personaje principal; es como si de repente tuvieras la oportunidad de verte desde los ojos de alguien más, pero cuando empiezas a creer que eres que la persona de la que se está hablando eres tú, notas una diferencia y logras tomas distancia. Efectivamente, cuando empecé este libro me sentí identificada con su personaje principal. Lo curioso es que al inicio no era así, solo veía a una mujer perdida que se iba cayendo cada vez más, pero a medida que caía, me di cuenta lo fácil que me era entenderla y hasta creer que estaba en sus zapatos, aunque no fuera así. 

En este caso, estoy hablando del libro Conversaciones con amigos de Sally Rooney. Este libro cuenta la historia de Francis y Bobby, dos ex novias y mejores amigas que conocen a una pareja casada (Nick y Melissa) que poco a poco empieza a entrar en sus vidas. Con el tiempo, el esposo, Nick, y Francis, empiezan a acercarse y deciden entablar una relación amorosa en secreto. Rápidamente, esta relación se vuelve el centro del libro y muestra cómo una situación que en otro contexto no sería tan complicada, se vuelve un verdadero desafío. Un desafío que termina afectando todas las relaciones alrededor de la vida de Francis y quebrantando su amistad con Bobby. Esto, sumado con el hecho de que Francis descubre que está enferma, hace que deba enfrentarse a los problemas que ha tratado de olvidar y los traumas que no la dejan en paz, obligándola a tener que decidir cómo seguir afrontando su vida. 

Aunque el libro trata muchos temas, lo que más me llamó la atención fue lo mucho que le costaba a Francis decir que no estaba bien. En el libro, Francis se enteró de que tenía una enfermedad en el útero que le causaba mucho dolor y pérdida de sangre cada vez que le llegaba el periodo. Ella no era capaz de decirle a su mejor amiga y su novio que estaba enferma y que, además, estaba teniendo problemas financieros muy serios y no tenía con qué comprar comida. Ella sentía que decírselo a la gente la iba a hacer menos, que de repente ya no sería la persona de siempre, sino una carga para todos, y no estaba dispuesta a convertirse en esa persona. 

Mientras leía me preguntaba constantemente porqué le costaba tanto decirlo si al final todos estamos pasando por algo y todos tenemos problemas. Parecía como si decirlo en voz alta fuera imposible para ella y, de hecho, en el libro se muestra cómo Francis prefiere llegar a un estado completamente desgarrador antes que admitir que no puede sola. Le da miedo admitir sus problemas pues, aunque contarlos la podría ayudar a enfrentarlos, también los hace reales.  

Es allí, en medio de mi reflexión, que me empiezo a ver reflejada en este personaje tan roto. Veo cómo prefiero correr a decir que me hirieron y cómo prefiero pasar desapercibida, a que se den cuenta que no estoy bien. No sé si nos pasa a todos, pero no siempre estamos listos para pedir ayuda y preferimos correr antes de enfrentar nuestra realidad. Queremos que todo se solucione de repente y parar de sufrir, pero también el problema sigue ahí y, por mucho y muy lejos que corramos, nunca será suficiente.  

Como sociedad, nadie nos ha enseñado a sufrir ni a soportar el dolor. Estamos acostumbrados a mostrar lo bien que estamos y compartir el hecho de que estamos pasando por un buen momento. En el momento en el que nos caemos, solo queremos desaparecer hasta que todo se solucione sin que nadie se dé cuenta, ya que creemos que debemos sufrir solos. Pero no es así, y creo que es importante decirlo en voz alta: la soledad solo lleva a más soledad y nos deja más miedos y heridas que antes. Al final, creo que, si algo me dejó el libro, es que tengo que ser valiente y tener la fuerza para pedir ayuda y para dejarme rodear de gente que puede que no solucione mi problema, pero si lo hará más llevadero.