OPINIÓN

2019-I

¡QUE ESA NO SEA NUESTRA CULTURA!

Antonia Alfaro Echeverri (Estudiante de 11º del Colegio Andino)

 “(…) En el patio tres eran ubicadas las personas con más dinero y, presuntamente, debían pagar $3 millones mensuales por su permanencia en este lugar. Ante cualquier incumplimiento en las ‘cuotas’ fijadas, los reclusos eran trasladados de patio (…)”, precisó Néstor Humberto Martínez, de acuerdo con la investigación realizada por la Fiscalía tras detectar irregularidades en La Modelo. 

 

Este caso de corrupción es solamente uno de los múltiples que a diario son investigados en Colombia, no se trata de un caso aislado que se deba analizar detalladamente. No obstante, es pertinente tomar este caso como un claro ejemplo de esa subcultura que tan arraigada está ya en el imaginario colombiano y bajo la cual todos  – incluso en los aspectos más insignificantes de nuestra vida cotidiana–  nos regimos. Se trata de la cultura del “todo vale”, de “la plata todo lo puede” y del “usted no sabe quién soy yo”. 

 

Hago referencia a la subcultura del vivomediante este caso, porque precisamente aquel que paga $500 mil para ingresar droga, $400 mil para ingresar celulares y $600 mil para ingresar whisky a la penitenciaria –lugar donde se supone que debería cumplir una pena determinada con el fin de no volver a cometer la conducta por la que ingresó– es ese mismo que en su vida cotidiana soborna al policía de tránsito con las famosas cincuenta mil razones, ese mismo que no hace una fila o se pasa un semáforo en rojo porque a su parecer es el único colombiano que tiene que cumplir con horarios o citas, ese que justifica sus negocios turbios con la altísima suma de dinero que hace con ellos: en fin, la lista de Ese podría continuar, pero de ser así no acabaría nunca. En pocas palabras, Esees aquel que después de romper la ley y salir impune no es un criminal, no señores, ¡es un putas, un verdadero capo! 

 

La corrupción no es una situacion totalmente lejana a nuestra realidad cotidiana como colombianos del común, justamente porque aquel que hoy se roba parte de la salud y la educación de los niños, ayer evadía impuestos y anteayer se colaba en la fila siguiendo la filosofía de “yo si me avispé” o de “él dio papaya”. Nos encontramos bajo una subcultura en donde se sobrepone el Yo al Nosotros y en donde prima el Quéy no el Cómo. 

 

Esta mentalidad de “el fin justifica los medios”, en la que “todo vale”, es el producto de una sociedad que se ha gestado en medio de la cultura de la guerra y del traqueto. Es una mentalidad que está profundamente arraigada en las estructuras éticas de nuestra cultura, y que, justamente por esta razón no podrá cambiar en el corto plazo ni ser erradicada en el mediano. Muchos colombianos vieron cómo el que se avispó adquirió desde equipos de fútbol hasta representación en el Congreso de la República y cómo ese que dio papayaterminó muerto. Y seguimos viendo cómo aquel que fue condenado por carrusel de contratos, ahora demanda a la Nación por $1.5 billones de pesos. 

 

Es de suma relevancia luchar, como sociedad, contra el vivoy el avispado. Los problemas de corrupción en este país no serán solucionados en las cárceles, pues tal como lo comprueba este caso, incluso en estas entidades hay corrupción. Es necesario empezar con un cambio cultural para erradicar este problema desde la raíz. Debemos ser implacables con el vivoque somete al que da papaya, con el que tilda desapoa aquel que denuncia, para que ese niño que hoy no hace la fila porque le valen huevo los demásno sea el mismo que mañana se roba el dinero del Estado, pensando para sí: “soy un putas”.