DE LAS DIRECTORAS

Mujeres mortales, repitan después de mí: no es necesario intentar ser “that girl”, porque la probabilidad de que “that girl”no exista, es alta.

La incansable obsesión con la "perfección"

Fuente: Archivo personal

Por: Isabela Blanco

Siempre he estado convencida de que las redes sociales modifican nuestros comportamientos, deseos y pensamientos; ya he escrito sobre ello. Lamentablemente-y es lamentable por la cantidad de tiempo que invierto al día en esto-soy fiel usuaria de Instagram y TikTok, y he logrado percibir el impacto que estas plataformas tienen en mí.

Hace un par de meses se puso de moda un “trend”en TikTok sobre cómo volverse la mujer más sana, más productiva, más deportista, más exitosa siguiendo una rutina. Una rutina con la que cualquier mujer se puede convertir en“that girl”y tener todos los aspectos de la vida bajo control. Quienes han visto esta clase de videos saben muy bien de qué estoy hablando. Al principio los miraba hasta el final y detallaba el paso a paso de quien lo grababa: empezando por levantarse antes o alrededor de las cinco de la mañana, hacer ejercicio (con ropa que, entre más “aesthetic”, mejor), leer un libro, escribir en un diario, desayunar un plato que parece sacado de revista, meditar ...todo eso, antes de las nueve de la mañana.

Me causa curiosidad pensar en cuántas mujeres–porque el objetivo de este contenido es prácticamente en sexo femenino–han intentado replicar al pie de la letra este tipo de comportamientos, con todo el tiempo y dedicación que ello requiere, sin morir en el intento. Mejor aún: me causa curiosidad pensaren cuántas mujeres han entendido que es casi imposible lograrlo. Afortunadamente me he resistido lo suficiente para pertenecer a ese segundo grupo, aunque no niego que hacer parte del primero es realmente tentador.

 

Empezando porque quienes elaboran este tipo de contenido pueden hacerlo por tandas (un día hago ejercicio, otro día madrugo, y así), me pregunto si quienes lo hacen de verdad y de corrido (es decir, grabando lo que realmente hacen) lo disfrutan. No dudo que adoptar comportamientos sanos traiga beneficios en todos los aspectos de la vida, la misma ciencia nos da de qué hablar. Mi curiosidad va más allá: ¿realmente es una rutina sostenible en el tiempo?

 

Empecemos por el principio. Hoy en día los científicos reevalúan cuántas horas de sueño necesitamos al día. Algunos dicen que seis, otros que mínimo ocho, por otro lado están quienes afirman que depende de la edad de la persona... en fin. El punto es que dormir es importante, en eso no hay discusión. En mis veintidós años de vida, no he conocido a una sola persona que sea feliz madrugando todos los días entre las cuatro y cinco de la mañana por voluntad propia (si existe, por favor preséntenmela). Seamos sinceros: madrugar no es divertido.Dice el dicho que“al que madruga, Dios le ayuda”, pero yo quiero proponer uno más realista: “al que madruga, le da mal genio y tiene hambre a las ocho de la mañana”. Empezamos mal.

 

Según estas fórmulas mágicas, el siguiente paso después de vencer al sueño es hacer ejercicio: hacer yoga, salir a trotar y congelarse, lo que sea. Me parece genial tener una rutina de ejercicio establecido que uno pueda cumplir a gusto, pero vuelvo a lo mismo: todos somos diferentes.

Después del ejercicio sigue el desayuno. Yo he visto cualquier cantidad de platillos que parecen preparados por un chef Estrella Michelín: desde huevos poché, tostadas con salmón y huevos doraditos, hasta granolas súper fit con toneladas de frutas; sin duda todo se ve buenísimo. Pero quien tenga la paciencia y el tiempo suficiente para preparar semejantes platos a esas horas, por su cuenta, sin ayudas, a cronómetro y con afán, es un verdadero crack. A esto normalmente se le suma un café espumoso tan elaborado que parece sacado de una cafetería o un batido estrambótico con infinidad de ingredientes y cuya preparación es más elaborada que la de un kumis. La realidad es que si bien el desayuno es importante, en una ciudad como Bogotá el chistecito de prepararse semejante banquete termina en una hora adicional de trancón, quedarse por fuera de clase (para quienes estudiamos), llegar tarde a una reunión importante o hasta en un dolor de barriga. En resumen: mucho esfuerzo para muy poco tiempo.

Normalmente el siguiente escalón es meditar, leer un libro, escribir en un diario o hasta una rutina de skincare con todos los juguetes. Actividades que, individualmente consideradas, pueden tardar entre quince minutos a media hora. Viéndolo así, no es tan grave, pero si le sumamos la rutina de ejercicio y el desayuno con ínfulas de Master Chef, junto con un par de actividades más (porque las hay, la creatividad de estas mujeres es infinita), ya vamos casi en hora y media de preparación. Y aquí no paramos, esto sigue: continuamos por tomar infinitos mililitros de agua al día, salir a hacer mercado(ya diario, quién sabe porqué), organizar el cuarto y la casa... realmente agotador.

Sin malinterpretaciones: tampoco se trata de volvernos perezosas y descuidadas, no lo llevemos hasta allá. Lo que resalto es que la cantidad de tareas y actividades que estas súper humanas logran hacer en menos de veinticuatro horas y sin una sola gota de sudor o muestra de agotamiento (porque siempre están perfectas y no se les mueve un pelo) es abrumador.

Al punto al que quiero llegar es que si bien estos hábitos son saludables en sí mismos–porque realmente lo son–, las redes sociales nos presionan a adoptarlos a la fuerza, a volvernos“that girl”a como dé lugar. A perseguir una idea tan falsa y tóxica como ella misma: es todo el combo o nada. Y eso no debería ser así.

 

Para quienes les funciona seguir este estilo de vida de a raticos, mis más grandes felicitaciones. Para el resto de mujeres mortales, y para quienes siguen una rutina que se ajuste a su estilo de vida y a sus necesidades, repitan después de mí: noes necesario intentar ser“that girl”,porque la probabilidad de que“that girl”no exista, es alta.