ESPECIAL

“Hay una serie de candidatos que sistemáticamente no son invitados a ningún debate” Ingrid Betancourt

Candidatos "invisibles"

La exclusión infundada de ciertos candidatos presidenciales de los ejercicios democráticos en pleno siglo XXI es algo irrisorio.

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Por: José Javier Osorio

Podría decirse que la Colombia de las elecciones, tanto legislativas como presidenciales de 2022, se encuentra absolutamente polarizada y llena de problemas de las más diversas índoles sobre los cuales se ha venido hablando y comentando con gran frecuencia. Sin embargo, hay uno que, si bien ha estado presente en otros momentos históricos, en esta oportunidad es distinto, pues los mismos candidatos se han manifestado al respecto: la invisibilización de candidatos que no tienen la oportunidad de participar en los debates y verse reflejados en encuestas.

 

Es algo paradójico, y a muchas luces contradictorio, que dentro del desarrollo del mecanismo por excelencia de la democracia - que es el voto- y al interior de un país que se ufana de ser democrático, a tal punto de consagrarlo así en el primer artículo de su Carta Política, no se le de la oportunidad a unos candidatos presidenciales que cuentan con programa de gobierno y propuestas, equipo de campaña, equipo de voluntarios, sede, reconocimiento e inscripción de candidatura ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, de manifestarse al pueblo colombiano, dar a conocer sus ideas y tener la oportunidad de debatir con otros candidatos que, al igual que ellos, aspiran a un cambio y sueñan con convertirse en el primer – y por ende más diligente – mandatario de los Colombianos por el cuatrienio correspondiente.

 

Una primera mirada al escenario político actual podría concluir que el tema de no invitar o incluir a algún candidato en los eventos que realizan instituciones privadas como emisoras de radio, cadenas de televisión o universidades, es una decisión meramente potestativa de estas que no es merecedora de ningún tipo de críticas o cuestionamientos por la misma naturaleza del organizador y por la gama de libertades que gozan los ciudadanos. Nada puede estar más ajeno a la realidad.

 

Si bien es cierto que el Gobierno no puede coaccionar a los particulares a realizar un ejercicio de reflexión y encuentro como lo es un debate – al menos teóricamente porque los más recientes parecen más un programa de chismes que otra cosa – de una manera determinada por la razón mas elemental y es que no puede participar en política, ello no implica que las reglas sociales y morales de estos no existan ni estén desdibujadas.

 

Parafraseando y haciendo un muy corto análisis de la célebre frase de Darío Echandía: “No estamos en Dinamarca sino en Cundinamarca” y, antes de buscar soluciones hay que encontrar problemas y uno de los más grandes y que más carcome a nuestro amado país es sin lugar a dudas la corrupción y por ende ese interés de una malvada clase política de seguir en el poder y que no le interesa que el pueblo escuche otros planteamientos, otras posturas, otros nombres y vea otras caras, quizá más jóvenes o quizá más renovadas. 

 

El tema estadístico también es algo preocupante. Daniel Coronell lo expresa de una forma muy concreta: “Las encuestas en Colombia no están siendo usadas para reflejar las tendencias de los votantes sino para crearlas”, y es que las redes sociales y los medios de comunicación se han convertido en un arma de doble filo, pues si bien es cierto que han permitido un mayor conocimiento de actualidad y mayor acceso a todo tipo de información, también ha dado paso a todo el tema de las “fake news” y una cultura de desinformación que, como su nombre lo indica, o no informa o informa mal, lo cual es mucho peor. 

 

No es concebible que las encuestas no mencionen a todos los candidatos. Es absurdo pensar en la reacción de miles de colombianos que el 29 de mayo irán a las urnas a ejercer su voto,se encontrando una serie de personajes que están aspirando a nada más y nada menos que a la Presidencia de la República y que ellos, quizá por desconocimiento, quizá por desinformación, quizá por desinterés, etc., no sabían ni siquiera de la existencia de esa persona. Igual o más preocupante que después de marcar la X en las caras de una de las fórmulas, suelten el lapicero, doblen su papel – previa foto para publicarle al mundo el voto por su candidato si el votante tiene delirios de influencer –, lo depositen en una urna y vuelvan a su casa sin inquietarse al respecto.

 

No es posible que como colombianos y jóvenes ávidos de un cambio social sigamos permitiendo esto, no es posible que, con tantas herramientas a nuestra disposición, sigamos consintiendo estas funestas prácticas políticas, y eso que por la premura de las palabras solo nos remitimos a una de tantas.