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Startups to go  

El emprendimiento en tecnología se ha convertido en una gran alternativa que plantea soluciones a diversos problemas de la cotidianidad.  

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Por:  Juan Pablo Prieto 

Al hablar de startups, o empresas emergentes, no solo estamos haciendo referencia a un concepto mainstream para el mundo de los negocios. Nos encontramos ante una estructura organizacional que se ha convertido en uno de los motores de la economía digital del siglo XXI; un patrón adoptado por Silicon Valley y sus derivados. Revisemos algunos temas.  

En términos generales, una startup es una nueva empresa, fuertemente apalancada en su componente tecnológico, cuyo modelo de negocio es rápidamente escalable, ofreciendo bienes o servicios innovadores que satisfacen alguna necesidad de la sociedad. De igual forma, puede ser entendida como una etapa dentro del ciclo de vida de una empresa (por la cual han pasado gigantes como Facebook o Amazon).  

Mientras que la empresa tradicional busca explotar determinado modelo de negocio ya consolidado y probado, la startup entra a explorar nuevas ideas y formas para el ofrecimiento de bienes o servicios. En lo que respecta a su crecimiento, mientras que la empresa regular tiende a crecer de forma gradual, la startup lo hace a un ritmo mucho más acelerado.  

Pero, a grandes rasgos, ¿cómo se da este proceso? Todo inicia con la idea de un grupo de entusiastas que se lanza al mundo del emprendimiento. Ellos tienen como meta principal plantear soluciones a partir de un ejercicio empírico, basado en entender la realidad de las personas, la realidad del cliente. Adquiere suma relevancia el componente disruptivo, el cual implica llevar ineditud al mercado.   

Esta idea concibe un Minimum Viable Product (MVP), es decir, una clase de prototipo del bien o servicio que cuenta con ciertos rasgos que le permiten ser útil para los consumidores, los cuales lo adquirirían y podrían dar una retroalimentación sobre el mismo. En función de estos comentarios, se realizan los ajustes necesarios para construir un mejor producto.  

Como todo negocio, una startup requiere fondearse. En la etapa más temprana (seed funding), los recursos suelen provenir de los ahorros de los mismos fundadores, de sus familiares o amigos. Más adelante, llegan las rondas de inversión (Series A, B, C, D, etcétera), en las cuales los ángeles inversionistas, los investment advisors, y los fondos de Venture Capital, inyectan equity. Cada etapa corresponde a una fase distinta de maduración de la empresa y los montos aumentan de acuerdo con ello.  

El vehículo de financiación más empleado es el SAFE (Simple Agreement for Future Equity), un contrato muy frecuentado en el medio que supone el desembolso de una suma de dinero, a cambio de participación accionaria al cumplirse determinado plazo o condición. Así, la startup logra financiarse, su operación despega y los inversionistas entran a participar como accionistas.  

Finalmente, años después, llega el exit. Lo ideal es que la empresa crezca a tal punto, que pueda hacer una IPO en el mercado público de valores, o que pueda ser comprada por una empresa de mayor tamaño o que se fusione. Lo anterior, da sentido al negocio, ya que la startup contaría con una valoración tan significativa, que al hacer alguna de estas operaciones, los accionistas podrían recibir un retorno sustancialmente superior frente lo que fue su inversión inicial.  

En lo que respecta a su cultura corporativa, la startup cambia el paradigma de la estructura jerárquica tradicional de una empresa y transita hacia un modelo horizontal, en el que cada miembro, desde su disciplina, presta un aporte fundamental de cara al funcionamiento de la compañía. Es un trabajo intenso que se desarrolla bajo condiciones de volatilidad, riesgo e incertidumbre, que requiere de compromiso, disciplina y creatividad. Los inversionistas suelen afirmar que la inversión está sujeta, en gran medida, a la conformación de este equipo de trabajo -su activo más importante-.  

El éxito de una startup depende de la alineación de muchos factores, como su acogida, el buen manejo financiero, su expansión, el timing con las dinámicas del mercado, entre otros. Para muchos CEO’s, el fracaso es la regla general, no obstante, todos afirman que estos impases se transforman en lecciones y oportunidades de mejora. Bien se ha afirmado que el buen criterio proviene de la experiencia y la experiencia proviene del mal criterio.  

El ecosistema de startups colombiano aparenta tener un futuro prometedor. De acuerdo con el Colombia Tech Report 2021, aproximadamente el 85% de las inversiones en startups colombianas se encuentra en la etapa de seed funding. Ello seguramente se verá reflejado en los próximos años. De hecho, se espera que empresas como Merqueo, Playbox, Liftit, TÜL, Platzi, La Haus, RobinFood, Addi, Frubana y Ontop, sigan los pasos de Rappi y Habi, y se conviertan en unicornios.   

Valoro mucho el ingenio de los emprendedores, pues logran materializar ideas que, si bien aparentan ser simples, nadie había estado en la capacidad de concretar en realidades que benefician a personas y empresas. Muchos hablan, pocos hacen. Recomiendo que investiguemos y apoyemos las startups colombianas*, pues han logrado permear casi todos los sectores de nuestra economía con su amplio portafolio de productos.