QUERELLANDO

¿Es la presencialidad la respuesta?

La decisión de la educación virtual, por su naturaleza, fue una decisión apresurada. La decisión de volver a la educación presencial, por su naturaleza, no puede ser una decisión apresurada.

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Por: José Javier Osorio Quintero 

Es imposible olvidar ese 6 de marzo de 2020, cuando las noticias confirmaron la presencia en el país de la primera persona positiva para COVID-19 y cuando, en los días siguientes, los casos comenzaron a incrementarse y de repente todos nos vimos obligados a encerrarnos en nuestras casas temiéndole a todo ser humano que se nos acercara. Tampoco olvidaremos esa inocente y optimista concepción de que solo estaríamos en casa un par de semanas. Imaginamos que —en honor a Hollywood—Estados Unidos vendría al rescate, combatiría la enfermedad y nos salvaría de nuestro aislamiento. Cuan equivocados estábamos; cuántos aprendizajes nos faltaban y ni qué decir de los meses de encierro que nos aguardaban.

 

Todos nos vimos afectados y todos tuvimos que irnos acostumbrando a esa nueva, pero tortuosa realidad y hacerlo de la mejor manera, pues como dice el refrán: “Al mal tiempo buena cara”. Enfocando el tema a lo académico, podría decir que todos fuimos víctimas – y en algunos casos beneficiarios – de una ida de la luz, de una ida del internet o de unos “cinco minuticos más de sueño” compensados con poner a grabar la clase.

 

La educación virtual – no remota como la quisieron llamar para darle un toque de presencialidad a lo lejano – fue un cambio supremamente brusco para todos los estudiantes y, aun así, más llevadero para quienes contamos con una toma de luz, un punto de internet y un computador.

 

Es cierto que, a muchas personas, la virtualidad les facilitó la vida, pero quiero hablar por los que pedíamos a gritos la presencialidad y de nuevo una “normalidad”, pero quizá no como la que estamos viviendo – o padeciendo tal vez – sino algo un poco más pensado en procura de una adaptación consciente y no impuesta a la vida universitaria.

 

Casi dos años de formación académica casera, parecía un sufrimiento más que suficiente y cumplirlo suponía un nuevo comienzo, una nueva disposición y un reencuentro con viejas costumbres y hábitos, que aun hoy, experimentando la tan anhelada presencialidad, seguimos extrañando un poco.

 

La decisión de presencialidad absoluta fue muy aplaudida, aunque muy cuestionada en cuanto a si la infraestructura estaba preparada para un cambio tan grande. Me atrevería a decir que esa, erradamente, esa fue la mayor y quizá única preocupación y/o discusión que se dio sobre el particular: El aforo. Yo me pregunto: ¿y el tema de las personas? ¿y el tema de la adaptación? ¿y el tema del desarrollo de este gran cambio?

 

Fue un error no haber planificado un regreso, tal vez paulatino y consciente al campus. Pues el haber sido un clamor y una “necesidad” no era suficiente para tomárselo a la ligera. Es un tema que tiene tanto de largo como de ancho, y que está cargado de dificultades para un gran número de personas que soñábamos con cruzar – tal vez por primera vez – las puertas de los salones, interactuar con nuestros amigos virtuales, y de este modo, ver si podíamos convertirlos en amigos presenciales.

 

La salud mental no es algo menor ni que pueda dársele una importancia mediana. Pues bien, esta merece el más especial de los cuidados y la más integral de las protecciones, y si bien es cierto que la Universidad Javeriana le apunta a esto a través de diversos programas y campañas, considero que no es suficiente. ¿A alguien le han preguntado cómo se ha sentido volviendo a la presencialidad? ¿a alguien le han pedido sugerencias o recomendaciones sobre el desarrollo de las clases? ¿a alguien le han llevado un proceso de adaptación sin haberlo pedido? ¿a alguien lo han invitado a un conversatorio de estudiantes y para estudiantes, sobre los retos y dificultades de esta nueva adaptación? No quiero desmeritar los programas de la Universidad, sino cuestionarlos en procura de una mejoría, pues lo que quiero es plasmar en el presente escrito mi experiencia particular, la de mis amigos y conocidos.

 

Los estudiantes queremos la presencialidad en la Universidad y clamamos: Presencialidad sí, pero no así. Hay que seguir en la tarea de pensar que la vida universitaria es clave para los estudiantes y como Javerianos, debemos preocuparnos por nuestros compañeros y estar prestos a servirles y acompañarlos cuando lo necesiten. No podemos permitir que ese espíritu de unión y apoyo irrestricto entre nosotros, que tanto nos caracteriza y que de tanto se habla, se pierda.

 

Expreso así mi compromiso público para seguir al servicio de los demás, para escucharlos, acompañarlos y apoyarlos en todo momento.