OPINIÓN

Otra historia que no salió bien...

Por: Valentina Ortega

Cada vez que comienzo a leer un libro quiero saber cómo termina. Quiero saber si el personaje principal encuentra al amor de su vida, si logra hacer lo que quería o si todo termina saliendo mal. Sin embargo, al leer “El túnel” me pasó algo distinto. No quería saber si el personaje principal lograba cumplir su objetivo, sino entender cómo llegaba este a ser la persona que contaba la historia. Quería saber qué fue lo que lo impulsó a tomar esa decisión al final y quién era, en realidad, Juan Pablo Castel. Finalmente, el tema que más preguntas me causaba era la soledad. La soledad grande y profunda que los personajes cargaban y de la cual buscaban escapar, sin éxito.

 

Para ponerlos en contexto, “El Túnel” cuenta la historia de dos personas rotas, solitarias y tóxicas que se encuentran y deciden empezar una aventura amorosa. Pero, al ser personas extremadamente disfuncionales terminan perjudicándose y dañándose mutuamente. Lo curioso es que ambos, al entrar en esta relación, buscaban solucionar todos sus problemas y finalmente ser felices, pero logran todo lo contrario.

 

Entre los personajes principales tenemos de un lado a María, una mujer aparentemente libre, que podía escoger entre varios hombres con quién quería estar. Sin embargo, su felicidad era tan solo una fachada. Al analizarla más a fondo, se ve que es una mujer perdida, que no sabe qué quiere y que no es capaz de soltar las relaciones que ya no la hacen feliz. Por ello, cuando se encuentra con Castel, el otro personaje principal, ve en él la oportunidad de ser amada y decide empezar una relación a su lado. Al principio, todo parece perfecto, pero, rápidamente, las cosas comienzan a empeorar y Castel la comienza a irrespetar, haciéndola sentir cada vez más pequeña.

 

Desafortunadamente, cuando se da cuenta de lo dañina que es la relación, es demasiado tarde y ya no sabe cómo escapar de este hombre. Parece como si hasta le diera miedo dejarlo ir y volver a sentirse sola, por lo que, prefiere quedarse en esta caótica situación a enfrentarse a la soledad otra vez.

 

Del otro lado, está Juan Pablo Castel, un hombre que se enorgullece de llamarse incomprendido, pero que, en realidad, solo busca que alguien lo comprenda. Él en María ve la posibilidad llegar compartir su vida con alguien que verdaderamente lo entiende y por eso, apenas la ve, decide que esta hará parte de su vida. Sin embargo, los problemas surgen cuando este se da cuenta de que María no es esa idea perfecta que tenía de ella. Ella es humana y tiene defectos que, para él, son insoportables.

 

De todos esos “defectos”, el que más lo afecta es el hecho de no poder tener a Maria solo para sí. Para él María es una cosa que tiene que ser suya y la idea de compartirla le es insoportable, por lo que, al final, decide que, si no es de suya, no será de nadie y la mata.

 

Tanto María como Castel son dos personas perdidas e incompletas que buscaban llenar sus propios vacíos juntos, pero que en su búsqueda se chocaron con la realidad de que no se pueden llenar el uno al otro. Por más de que estuvieran juntos seguían estando solos y la respuesta a sus problemas no estaba en la otra persona. Lo interesante de todo esto, es cómo se relaciona con nuestra vida. El libro nos muestra lo fácil que puede llegar a ser convertirnos en uno de estos personajes y perder el norte, invirtiéndolo todo en una relación sin sentido. Nos hace pensar qué dirección estamos tomando en nuestras vidas y qué estamos haciendo con ella.