ESPECIAL

Recesión económica e inflación ¿cómo nos comportamos? 

Una inmersión a la economía y a los desafíos de esta en el postcovid

La reciente subida y bajada del precio del dólar se puede ver reflejada en la situación mundial y no solo se debe a la actual incertidumbre por la posesión de Gustavo Petro. 

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Fuente: Pexels

Por: Pedro José Villa López  

Es un hecho cierto y conocido por todos que la economía mundial se enfrenta a la era post-Covid; en otras palabras, la inyección de paquetes "salvavidas” en las economías mundiales tiene efectos desfavorables. Este momento es casi un ejemplo de libro de macroeconomía: demasiado dinero inyectado en la economía (es decir el cheap money) no tiene vocación de perpetuidad. Colombia, es un país dependiente del comercio internacional, por lo que se ve fuertemente golpeado por este fenómeno y, aun así, el Banco de la República logra mantener el barco a flote.  

Tal vez pudo haberse evitado el fenómeno inflacionario en exceso, pero luego, ¿cómo amortiguar el impacto de una guerra que ha afectado el precio de los insumos y combustibles? Es sencillamente impredecible. Pandemia y luego, una guerra, ¿qué más sigue?  

En otras noticias, Colombia posesionó a su primer presidente de izquierda en más de 200 años de historia. Hablando de inflación, esperemos que nuestro nuevo mandatario entienda lo que la causa, pero, sobre todo, que entienda los elementos que la empeoran.  

Esto nos lleva a plantearnos la lógica del día a día de los ciudadanos. ¿Cómo se comportan los ciudadanos ante el temor de la recesión? Podemos considerar, desde la práctica dos tipos de comportamientos: A) los que acentúan más la recesión en el largo y mediano plazo y B) los que actúan acorde con la política pública de los estados y los bancos centrales “reaccionando adecuadamente” o lo que es, reaccionar en contra de la inflación y no acentuándola más.  

Pensemos los siguiente: yo, desde lo práctico, considero que los precios van a seguir subiendo; lo que está caro hoy seguirá caro mañana y será aún más caro con el paso del tiempo. Por esta razón pido un aumento a mi empleador (asumamos que me lo dan) sino, me voy. Asumamos que me fui y que muchos más tomaron la misma decisión. Eso quiere decir que muchos renunciamos, ahora tenemos más desempleo, pero ignoremos esta posibilidad. Pensemos que mi empleador es profundamente consciente de la situación y me aumenta el salario (algo así como lo que sucedió en enero del 2022 después de la negociación gremios, sindicato y gobierno). Si eso llegará a suceder, el precio de los productos y servicios que mi empleador vende, por el cual se enriquece y con el que me paga un salario (ahora más alto), sube.  

Los bienes y servicios de cada una de las empresas que opte por esta vía “consciente”, por así llamarla, sencillamente aumentarán de precio. Esto puede desencadenar el ciclo infinito del comportamiento económico inflacionario y al final del día, el costo recae sobre el consumidor y esto simplemente mantiene los costos por los aires.   

Ahora pensemos, desde la misma línea argumentativa, lo siguiente: yo al ver que todo está subiendo de precio, me mentalizó y visualizó que mañana el precio será mayor; al día siguiente y seguramente el mes entrante los precios incrementaran. Todo seguirá subiendo. ¿Pueden adivinar cuál es la reacción más frecuente? Comprar todo lo que mi capacidad adquisitiva me permita en el momento para evitar ser víctima de los futuros precios más altos. Así, cuando el consumidor acepta que los precios están subiendo se envía un mensaje perverso a las compañías oferentes de bienes y servicios. Esto sencillamente permite que el precio siga subiendo y el costo se va trasladando a toda la cadena productiva desde la compra que realiza el consumidor final, para finalmente continuar con el ciclo inflacionario.  

Desde otra óptica, consideremos otro tipo de reacción: yo sé que cada vez todo será más caro, y es realmente incierto cuando bajarán los precios. En efecto, las altas tasas de interés desincentivan mi gasto. No tengo un sentido de confianza en la institucionalidad pública y sé que necesito mi dinero. Corto mis gastos en el corto plazo y espero que el alza de los precios no dure demasiado tiempo. ¿El efecto? La demanda de bienes y servicios cae en pocas palabras. El sueño de todos los bancos centrales ¿Acaso esto puede afectar el camino de la política económica de los países? 

Los paquetes salvavidas de los gobiernos, las bajas tasas de interés y los empujones tanto estatales como regulatorios que impulsan el consumo retaron la estabilidad económica. Es realmente difícil determinar una única razón o remedio para justificar o atacar la situación económica que hoy reta las naciones. 

Realmente esta política se ve sometida a múltiples incentivos o intereses que impulsan la redacción y proposición de la política pública de cada país. Existe una clara caracterización en el modelo latinoamericano, el cual muestra una potente proclividad por los gobiernos de izquierda; los cuales comparten una agenda con intereses asimiles, apuntándole a política pública económica más o menos similar.  

Lejos de atacar o criticar estas políticas, la pregunta se centra en ¿cómo reaccionan esas decisiones ya vistas desde una mentalidad más o menos práctica y supuestamente racional? Y la respuesta no la sabemos puesto que es imposible conocer el resultado. Pero podemos hacer el intento de adivinar. Si usted lector fuese uno de esos consumidores tendría en cuenta: 1) ¿Cuál es el impuesto que se le va a cobrar por ese salario que quiere o necesita que sea más alto? 2) ¿Qué usted cuenta con un subsidio? 3) o acaso ¿Qué nuestros gobiernos deberían incluir la falta de confianza, conocimiento o acceso a los servicios que permiten el ahorro? 

Es imposible disparar conclusiones sin la efectiva aplicación de estudios serios en esta materia. Lo cierto es que el comportamiento de todos y cada uno de los consumidores comunes en cada una de nuestras sociedades tiene un impacto fundamental en el funcionamiento esperado de la política económica dictada por los estados y sus bancos centrales. Lo que nos lleva a considera que si usted es un afortunado que puede pedir más salario o trabajar más; hágalo y no gaste más, ¡AHORRE! ¿Usted no es uno de esos afortunados? Su respuesta es más sencilla:  siempre es bueno ahorrar y pagar deudas. Nunca es bueno endeudarse ante situaciones de inflación donde la tasa de interés es muy costosa. En otras palabras, si la plata está escasa y los precios costosos, no es negocio comprar ese televisor a 24 cuotas.  

En fin, resolver los problemas de las economías mundiales no es tarea fácil. Si lo fuese, no estaríamos teniendo esta conversación. Pero si vale la pena dejar la pregunta al aire: ¿qué tanto seguía un estado por el comportamiento de sus ciudadanos? ¿Cambiaría o mejoraría nuestra política monetaria y fiscal?