QUERELLANDO

2019-IV

“La Dignidad Humana es, entre los principios fundamentales de la Constitución, acaso el principio cardinal”, Juan Carlos Esguerra Portocarrero

“Hasta que la Dignidad se haga costumbre”

La prevalencia de la Dignidad Humana, como anhelo de la sociedad, debe ser tomada en cuenta con seriedad y preferencia.

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Fuente: Pexels

Autor: José Javier Osorio Quintero

Desde el 7 de agosto, día de la posesión del presidente, Gustavo Petro, ha habido una frase que ha quedado retumbando en el ambiente como un clamor y una necesidad apremiante, dicha por la nueva vicepresidenta Francia Márquez: “Hasta que la Dignidad se haga costumbre”.  

Esta frase, estructurada en una forma retadora y propositiva, por las batallas pedagógicas y concientizantes que deben librarse, simboliza un llamado a la acción de todos y cada uno de los colombianos; y si se quiere ir más allá, de toda la humanidad. Debe ser una construcción y una tarea global, por la gran significancia y trascendencia que reviste su reconocimiento e implantación en los miembros de una sociedad.

Entender la magnitud de lo que significa la palabra “Dignidad” y, poniéndole el apellido de “Humana”; es lo más importante y a la vez sencillo. Una explicación elemental podría ser: ver a todas las personas como iguales, no menospreciar a nadie, respetar a todos y velar por el cumplimiento de lo anterior. La primera pregunta podría ser ¿qué difícil tiene hacer algo tan sencillo como respetar a los demás?

La misma paradoja ha rodeado y llenado de dudas la historia de la humanidad, en la cual, si algo ha preponderado, es la violencia. Violencia por irrespeto, falta de diálogo y entre muchas otras más; pero, al fin y al cabo, violencia por no reconocimiento de la Dignidad Humana.

Asumir como verdaderos pilares estas dos sencillas palabras marcarían una diferencia significativa en cualquier sociedad. Debe hacerse de manera consciente e implantarse como un chip en las mentes de los más niños para que, al crecer, lo vean y sientan tan propio que no sea posible dudar al respecto. En palabras más sencillas y jocosas, teniendo en cuenta el mundial que se avecina: que lo sientan más propio que la selección.

Realizando una apreciación iusnaturalista de la Dignidad Humana, es posible concluir que es, sin lugar a la menor duda, uno de los fundamentos – por no decir el fundamento – de la sociedad y las relaciones humanas. No es posible negar u ocultar los aberrantes desconocimientos de los que ha sido víctima y su reciente – muy reciente – reconocimiento jurídico.

Desde un iuspositivismo puro y duro, el antecedente más “remoto” de una incorporación legal o constitucional de la Dignidad Humana es la Ley Fundamental Alemana de 1949 (Constitución), la cual, hace que su respeto y garantía sea considerado como una preocupación o necesidad reciente, pero nada más alejado de la realidad.

La República de Colombia, al tenor de su primer artículo constitucional, se encuentra fundamentada en el respeto por la Dignidad Humana. Adicional a esto, existen instrumentos internacionales que se encuentran incorporados a nuestro ordenamiento vía bloque de constitucionalidad; como lo es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual, encuentra su fundamento en la Dignidad Humana.

Empero, no es suficiente con escribirlo ni se puede caer en error de creer que, por positivizar algo, automáticamente se vuelve una realidad o una materialización. El legislador colombiano debe armar las normas con mecanismos que no las hagan solamente respetables, sino interiorizables.

Se suele también caer en el equívoco de que, una lucha tan noble como la prevalencia indiscutible de la Dignidad Humana, es de “izquierdas”. Una sociedad tan polarizada como la colombiana tiende a satanizar o santificar las ideas según quien las diga. Tenemos que romper esa cadena y enfocar todos nuestros esfuerzos hacia un cambio real. No más eufemismos ni verdades a medias. La construcción de un mejor país es responsabilidad de todos.

Somos los javerianos y, particularmente, los estudiantes de Derecho, grandes responsables de los cambios que queremos ver en nuestra sociedad. En las clases nos hablan con muchas bellezas acerca de la importancia del respeto a los demás, la prevalencia de la Ley y, más aún, de la Constitución; pero esto no es suficiente.

La apremiante lucha por la Colombia de nuestros sueños nos da espera. Es una lucha que debemos librar día a día en múltiples frentes. Si cada quien se concientiza de que claramente no puede ser la luna para alumbrar el mundo entero, pero si puede ser lámpara para alumbrar la sala de su casa, todos seríamos ese granito de arena para el cambio tan anhelado.