OPINIÓN

Nancy y Paul: ¿las normas sí son para todos? 

Por: Santiago Ardila  

A finales de julio del presente año, el Senado de Estados Unidos aprobó un subsidio en favor de la industria productora de semiconductores, un componente de computación que ha afectado, en los últimos días, tanto a los mercados tradicionales como a la fabricación de automóviles (inclusive a aquella de mayor capitalización en el mundo), y la producción de teléfonos inteligentes.  

 

Mediante este subsidio, se espera impulsar la producción de la industria estadounidense con 52.000 millones de dólares. Según el presidente Biden, aquel representa “los bloques fundamentales de la economía moderna”. Sin duda, es un proyecto que, a todas luces, sirve como gran apoyo para la industria de un país, el cual lucha para que su economía pueda mantener su liderazgo, a largo plazo, en el escenario mundial. 

 

El partido demócrata se involucra en este punto con un inmenso proyecto de ley entre manos y con una posición dominante de la congresista Nancy Patricia Pelosi. Pelosi ha estado vinculada con el Congreso de Estados Unidos desde 1987, y funge hoy en día como presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Entre otras funciones, ocupa el segundo puesto en la línea de sucesión presidencial; después del vicepresidente, manteniendo su posición al momento de tramitar el “microchips act”. Hasta este punto, podríamos hablar de la función legislativa de una candidata elegida popularmente, sin mayor discordia o controversia. No obstante, la representante ha tenido un dudoso desempeño de sus altos cargos en los últimos años.  

  

“Somos una economía de libre mercado, y los miembros del congreso deberían poder participar en el mismo”, respondió la presidenta de la cámara - Pelosi - cuando se le cuestionó, en diciembre de 2021, la participación de los miembros del congreso norteamericano en el mercado de valores. Por medio de una figura financiera, se plantea que Pelosi se ha aprovechado de la información privilegiada que tiene, a partir de su función en el Congreso, para obtener beneficios económicos. Dicha figura es conocida en el mercado americano como call options. Básicamente, un call option es un contrato de opción, en el cual, por una pequeña comisión una compañía financiera, permite al inversor asegurar un precio de compra de determinados instrumentos del mercado de valores, aunque dicho precio en el mercado aumente.   

  

Si bien es cierto que la representante no ha ejercido esta conducta financiera a nombre propio, por lo que no hay un flagrante uso de información privilegiada (conocido como insider trading en inglés), el portafolio de su esposo, Paul Pelosi, tiene sin duda un rendimiento digno de un gurú de la inversión. Entre diciembre de 2020 y julio de 2022, Paul Pelosi, ha adquirido alrededor de 2.000 call options y 40.000 acciones en empresas tecnológicas, desde Google, Amazon, Apple, Nvidia y Micron Technology (las dos últimas, productoras de microchips y semiconductores de inmensa capitalización en Estados Unidos, quienes se verán beneficiadas directamente por el Microchips Act).  

  

Según la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), el insider trading es una conducta que se refiere a la compra o venta de valores en infracción de un deber fiduciario o de alguna otra relación de confianza, por medio de la posesión de información privada de dicho valor. Por esta misma conducta, la SEC persigue a Kimbal Musk, debido a la venta de acciones de Tesla, antes de una caída del 5% por una encuesta de su hermano Elon en Twitter. Esto plantea un problema jurídico de magnas dimensiones: ¿qué diferencia hay entre los casos investigados por la SEC y el caso del señor Pelosi? ¿El poder político influencia más ramas en Estados Unidos de las que creemos?