QUERELLANDO

“La Javeriana es un faro intelectual y ético del país, de eso no cabe duda” Gustavo Zafra Roldán 

Estudio derecho para ser abogado, no para ser torcido 

El papel de los abogados en la sociedad debe ser determinado por sus acciones, más no por el prejuicio social. Tenemos una gran responsabilidad en cuanto a la dignificación de la profesión.  

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Fuente: Archivo personal 

Por: José Javier Osorio Quintero 

Qué estudiante de derecho o polluelo de abogado no ha sido víctima del mal chiste de: ¿estudia derecho para ser torcido? Es una gran tristeza la cantidad de comentarios denigrantes y estigmatizantes que las personas realizan de los abogados. ¿Serán etiquetas ganadas a pulso o más bien una estigmatización generalizada del actuar jurídico? 

Colombia es un país de abogados, de eso no cabe duda. Un estudio realizado en el 2019 por el Centro de Estudios de Justicia de las Américas, arrojó que estamos en el segundo puesto a nivel mundial en cantidad de abogados por cada 100.000 habitantes. No es fortuito que el imaginario de la sociedad para la solución a sus grandes problemáticas sociales sea la sobreproducción legislativa.  

Somos un país lleno de gente buena, honesta y trabajadora, pero como en todo, siempre hay quien quiere pasar por encima de los demás, tomar el camino fácil o atentar contra otros. Acá surge una de las críticas o reflexiones que hay acerca de la profesión jurídica: ¿cómo es posible que alguien defienda a un asesino, a un violador o a un corrupto? ¿Por qué no enviarlo directamente a la cárcel o darle la pena de muerte? Estos son solo algunos de los clamores o críticas que hace el pueblo a los abogados, lo que no saben o no consideran es que debe primar el debido proceso y el derecho de ambas partes a defenderse. En palabras más sencillas: el abogado del diablo debe presentarse y hacer su labor, sea como defensor privado o como curador ad litem. 

Otro de los mayores estigmas que hacen las personas es que los abogados son tramposos, ladrones y como tal, personas en las que no se puede confiar. Sobran los casos en los que por medio de triquiñuelas “legales” enmarcadas en la ignorancia de la población, se aprovechan de la situación y defraudan a sus clientes. No es por esto aceptable que se tomen casos aislados como verdades absolutas o como el modus operandi de los abogados. 

He aquí el quid del asunto: hay gente buena y gente mala. Hay personas con valores y sin ellos. No es posible juzgar un libro por su portada o por las primeras páginas; la primera impresión es muy importante pero no determinante.  

Los abogados y estudiante de derecho javerianos, sin embargo, tenemos un compromiso mayor al del resto de las personas, pues tenemos la fortuna de estudiar en una universidad regentada por la Compañía de Jesús centrada en el servicio. Así ha formado a sus estudiantes desde su fundación a imagen y semejanza de Ignacio de Loyola y sus compañeros.  

En la homilía de la eucaristía del día de San Ignacio celebrada el primero de agosto en el auditorio Félix Restrepo S.J. de nuestra universidad, el Padre Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, Hermann Rodríguez S.J., sintetizó la misión de la Javeriana; en que esta y sus estudiantes deben ser una luz para Colombia y ser prueba viviente de lo que significa la identidad Javeriana. 

Tampoco podemos ser ajenos a la realidad de nuestro país ni negar la penosa situación reputacional que afronta nuestra profesión, más no por eso vamos a rendirnos ni a dejar de luchar por cambiar percepciones y realidades. La profesión del abogado debe estar encausada al servicio y a las causas nobles y qué mejor momento para iniciar que este mismo instante. ¿Cuál es el mejor momento para plantar un bonsái? De seguro hace 100 años o más, pero si no lo hice en ese entonces lo hago hoy. Lo mismo aplica para nuestros sueños, aspiraciones y deseos más profundos. 

La sociedad no quiere más abogados elitistas ni con un lenguaje rimbombante que les dé un aura de superioridad. Sobran los profesionales que manejan las leyes a la perfección, pero faltan los que son capaces de entregarse a las causas más nobles, las cuales, tristemente suelen ser las menos reconocidas. Hace falta que las Facultades de Derecho se enfoquen en la formación integral y humana de sus estudiantes y no solo formarlos académicamente. El ser más para servir mejor ejemplifica el sentido que debe tener nuestra profesión.