QUERELLANDO

Los tabúes de los abogados 

Foro Javeriano decide publicar este texto anónimo sobre conductas repetitivas y tóxicas que presentan tanto los abogados como los futuros abogados. 

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Fuente: Pexels

Autor: Anónimo  

A lo largo de mi carrera he podido aprender muchas cosas, pero la más inquietante y menos analizada es el comportamiento de los abogados. Nosotros somos una estirpe que se desenvuelve en un ciclo constante de honra, prestigio, ambición e inteligencia. Muchos de ustedes seguramente estarán negando estos atributos, tratando de esconderlos y mostrar la mejor cara, pero todos somos conscientes de nuestras cualidades y desventajas. Mi trabajo de hoy no es desvelar los comportamientos individuales, sino un colectivo que como comunidad hemos decidido callar, por los tabúes o prejuicios que cometemos constantemente.  

1. La competitividad: Casi 17.000 abogados se gradúan cada año, es una profesión muy común. Por lo tanto, hay mucha oferta, lo que hace que ninguno sea indispensable. Nos educan con este planteamiento: “usted tiene que ser el mejor porque si no lo es entonces hay 3 más como usted”. La competencia se ve en el aula de clase y en el trabajo. La mediocridad no es una posibilidad. Esto hace que, en muchos casos, los abogados que son empleados tengan una cierta enemistad o competitividad entre sí. Todo aquel que se destaca genera envidia. 

 

2. La salud mental: En una profesión sometida a altos niveles de estrés y competitividad como la abogacía, donde los vencimientos y señalamientos marcan el ritmo, la salud mental sigue siendo un tabú. Pocos profesionales se atreven a hablar en público de lo que les pasa, aunque en privado, reconocen sufrir o haber sufrido depresión, ansiedad, fatiga, pérdida del pelo o consumir fármacos. No obstante, la salud mental no es un tema que traiga prestigio o que nos dé orgullo mostrar. El miedo a los estigmas, a ser percibidos como débiles o a perder clientes nos empuja constantemente a guardar silencio. De hecho, la International Bar Association, una de las organizaciones de juristas más importantes del mundo, señaló en el informe Bienestar mental en la profesión jurídica: un estudio global, publicado el año pasado, que el 41% de los encuestados no discutiría sus preocupaciones de salud mental con su empleador por temor a que pudiese tener un impacto negativo en su carrera. Y uno de cada tres creía que su trabajo afectaba negativamente a su bienestar emocional. 

  

3. Nuestras relaciones: El anterior punto y este están conectados. A mi parecer los estigmas y la competitividad de nuestra carrera hace que tengamos la constante necesidad de parecer suertes de mostrarnos como él/la mejor. Ojo, digo parecer porque en realidad puede que no lo sea, pero “hay que fingirlo hasta conseguirlo”. Esta magnificación ha hecho que nos comuniquemos únicamente a través de ironías y sarcasmos, dejando de lado los sentimientos.  

Nosotros normalmente no hablamos, solo nos atacamos con chistes y comentarios arrogantes. Lo que conlleva a que nuestros ambientes sociales y profesionales sean tensos y tóxicos. 

 

4. Los jueces: Es algo habitual de los abogados quejarnos, pero creo que, sobre este punto en específico, la mayoría podrá recordar una experiencia específica en la que alguien les haya dicho, aunque, con otras palabras: “los jueces de este país son una porquería”. Si algo no te gusta ¡hazlo tú! Todos critican a los jueces, pero nadie quiere serlo. Y Dios salve a todos aquellos funcionarios que sí hacen bien su trabajo, porque es más fácil para un abogado ignorar que reconocer un error. Hay jueces que sí desempeñan bien su labor.  

 

5. La constancia: Me mantengo en mi crítica inicial en donde establecí que los abogados “somos una estirpe que se desenvuelve en un ciclo constante de honra, prestigio, ambición e inteligencia”. De hecho, mi auto-citación es una muestra de ello. Pero fallo al solo mencionar la inteligencia. Porque ese don es necesario, pero a veces pecamos. Confiarse tanto en esa capacidad es específicamente lo que nos lleva a este comentario: “el que persevera alcanza” y muchas veces el ganador no es el más inteligente, sino, el más constante. Bienvenidas sean las personas inteligentes a nuestra profesión, pero más alabadas aún aquellas constantes.  

 

Críticas y tabúes he dejado sin mencionar, pero estoy seguro de que muchos otros pueden hallar. Espero que mi texto les permita hacer abrir los ojos, porque la justicia es ciega, pero nosotros no; así que haga una pequeña introspectiva o un análisis en su entorno, y decida.