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2019-IV

Para recordar nuestra suerte 

UNA TRAGEDIA LLAMADA COLOMBIA 

Foro Javeriano hace un recuento de la obra teatral que vivimos todos los días. 

Por: Orlando David Buelvas Dajud

Se abre el telón y empieza la voz grave del narrador “Había una vez un país independizado por libertadores que aspiraban a ser dictadores, negros cuya meta era ser reconocidos como blancos, donde la gente que se quejaba del gobierno tenía que irse del país o morir en el intento, donde la paz fue siempre un sueño y la libertad era privilegio de unos pocos. Esto es Colombia, un país que nació sin rumbo y se dirige a donde la suerte lo acomode”. 

INICIA LA OBRA –-COLOMBIA LLORA EN EL CEMENTERIO

 

Colombia, una hermosa dama vestida de negro con un pañuelo blanco, se secaba las lágrimas mientras observaba las tumbas que tenía frente a sí. Lloraba desconsolada llamando la atención de Hades quien deambulaba en la oscuridad, y con curiosidad se acercó y le preguntó: 

  • Hermosa Colombia ¿qué sucede?, ¿qué haces hoy, un día tan bello, en un lugar tan lúgubre?  

  • Oh Hades, lloro por la desgracia de mis hijos. – respondió la desdichada. 

  • Tus hijos, ¿quiénes de todos esos miles de muertos son tus hijos?– Preguntó Hades. 

 

Colombia quebrada y desdichada respondió. 

  • Todos, todos son mis hijos, son miles los que han muerto y millones las almas en pena que no puedes ver. Frente a nosotros está la tumba de la esperanza que murió ya hace mucho en una masacre donde fallecieron cientos de líderes a quienes hoy nadie recuerda. La libertad fue asesinada junto a los periodistas que algún día trataron de hacer que la verdad estuviera en manos de todos, y al fondo está la honestidad que desde siempre fue profanada y finalmente murió cuando la codicia triunfó sobre el resto de mis hijos.  

  • ¡No puede ser! Si tus hijos, los colombianos, son todos felices y llenos de vida, debes estar confundida – dijo asombrado el dios. 

  • Para nada, la mayoría son felices porque es lo único que les queda, pues ya lo han perdido todo, sus vidas están condenadas a un ciclo de desgracias – dijo Colombia. 

Hades, aun confundido, siguió preguntando 

  • Pero si hay muchos colombianos que viven en lujos, solo se preocupan por banalidades y nunca sufren. 

  • Ellos son los triunfadores de todas mis desgracias, prefirieron la guerra antes que la paz, nunca trabajaron, prefirieron robar, se enamoraron de la lujuria y la vida fácil, creyeron que merecen todo y que el sufrimiento de los demás era necesario para prosperar. A mis hijos les gano el odio y la pereza– condenó la dama. 

 

Hades se acercó a Colombia y juntos recorrieron el cementerio, revisando tumba por tumba, eran miles, cada cual con el nombre del difunto y una frase que lo acompañaría toda la eternidad. La primera tumba que llamó la atención de Hades fue la de la empatía cual murió para los colombianos hace tiempo ya, para que el egoísmo ocupara su lugar. Pasaron por las tumbas de Bolívar, Galán, Gaitán, Garzón, así como la del amor, la tolerancia, la transparencia y muchas otras virtudes que alguna vez parecieron ser la luz para un país desdichado. Hades notó que dentro de esa funesta masacre faltaba aun una virtud que vivía y podía traer del infierno a sus hermanas y preguntó: 

  • ¡Cuántos males! Me alegra saber que los veré en el infierno, siempre es interesante ver como lloran los arrogantes. Aun así, hermosa Colombia, en este cementerio no está la tumba de la paz y tú hablas de guerra, ¿hay paz entre los colombianos? - dijo 

  • ¡Ay, ese es mi mayor pesar! La paz aún no ha muerto, pero está agonizando, está en su lecho de muerte, pronto fenecerá si mis hijos no cambian. Es incomprensible ver como se siguen dividiendo, aunque sean hermanos, no entiendo cómo se odian tanto luego de ver tanta desgracia, lo que todos buscan es poder, pero no entienden que están acabando conmigo, me destruyen y ya es poco el tiempo que queda para que todo termine. Pronto la paz será sepultada junto a sus hermanas en este triste lugar y de mí, Colombia, no quedará más que un confuso recuerdo manchado de sangre y odio.  

 

Mientras el telón empieza a bajar, Colombia sigue llorando, pensando en que al fin va a perderlo todo. La muerte la abraza para consolarla, pero ríe al hacerlo porque ya conoce el final de la historia. 

 

FIN DE LA OBRA.