PERFILES

La mujer que rompió el techo de cristal

 DIANA CAROLINA OLARTE

Nos adentramos en la vida de Diana Carolina Olarte Bácares, Decana de la facultad de Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana.  Hablamos de su niñez, su familia, su historia de amor y sus estudios. 

Por: Laura Dueri y Geraldine Pardo

Diana Carolina recuerda su infancia como una etapa maravillosa. Su vida se centró en aprender. Estudió en el Liceo Francés y le encantó porque la responsabilidad nunca fue una obligación, siempre fue una opción. La educación que recibió en su casa siempre fue muy liberal y, por este motivo, fue muy acertada la escogencia de ese colegio; le brindó una educación basada en los derechos. De la época del colegio, Carolina recuerda las discusiones acaloradas con sus compañeros para defender sus posturas, no obstante, siempre hubo un profundo respeto por las diferencias y las ideas que tenían.    

Su infancia la pasó al lado de su hermano Carlos, con quien se lleva sólo tres años. Fue una niñez llena de amigos y primos por doquier. Sus abuelos paternos y maternos son de Moniquirá, donde también se conocieron los padres de Carolina y se casaron, para luego llegar a Bogotá. Su papá es abogado y tiene la convicción de que es una profesión que permite eliminar las brechas sociales. Por otro lado, su mamá es economista y de ella heredó la capacidad sobrenatural -así le dice ella- de no reaccionar inmediatamente y poder actuar con calma frente a los retos que nos presenta la vida.

  

Lo que nadie se imagina es que estudiar Derecho no era su primera opción, pues en el último año del colegio aplicó a una prestigiosa universidad en Francia, en la que fue aceptada para estudiar Ciencias Políticas. Creía que si estudiaba Derecho no saldría nunca de Colombia, pero evidentemente después constató que su creencia era errónea. Unos días antes de iniciar los trámites correspondientes, sus padres la persuadieron a estudiar Derecho en Colombia y aplicó a la Javeriana, su primera opción porque buscaba el carácter humano y la formación integral para ser una abogada al servicio de la sociedad. 

Recuerda con amor que su paso por la universidad estuvo definido por una educación rica en valores. Admiraba a muchos de sus profesores como al Padre Álvarez, Juan Carlos Esguerra, Sergio Muñoz, Mauricio Reyes, entre otros. Agradeció tener mujeres que fueron modelos a seguir, como María del Rosario Silva, Ángela Echeverry y Françoise Roth. Lo que definió el rumbo de su vida fue la apertura de la convocatoria del Concurso de DD.HH en la Corte Europea de DD.HH donde conoció a fondo el derecho internacional y  se enamoró de la profesión en cuarto año, con la guía de una de sus profesoras maravillosas, como ella la describe, Françoise Roth.  

Trabajó durante 2 años en una oficina de abogados. Después, hizo su maestría en Derecho Internacional en Estrasburgo. Esta fue la primera vez que vivió en el extranjero. Fue una experiencia enriquecedora porque a su alrededor hay varios países y esto le permitió conocer varias culturas. 

Diana Carolina también tiene una historia de amor. Está felizmente casada con un hombre italiano desde hace once años. Su esposo, Giovanni, es el director de asuntos internacionales de la vicerrectoría de extensión y relaciones interinstitucionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Lo conoció como estudiante en un curso durante 3 meses para juristas de países en desarrollo  de la IDLO -International Development Law Organization-  en su sede principal en Roma, no obstante, regresó a Colombia y empezaron una relación a distancia. Tiempo después, realizó su doctorado en Francia y, a los tres, años se casó.  Luego, se fue a vivir a Roma por seis años y allí hizo su investigación doctoral. Ella recuerda que durante su estadía en Roma dedicaba sus días a escribir la investigación. También viajaba una vez al mes a París a encontrarse con el director de su investigación doctoral. Su doctorado fue financiado por la Pontificia Universidad Javeriana y Colciencias, por lo cual tenía el compromiso de volver a Colombia. 

Lo que más le gustó de la educación francesa fue el respeto por los límites personales y la autonomía y por eso la impactó la cercanía y confianza que tenían las personas en Roma. Más allá de la obligación de regresar a Colombia, ella tenía claro con su esposo que querían vivir en Colombia debido a que aspiraban tener hijos y para ellos era esencial tener un núcleo familiar con muchos familiares alrededor y el lugar más adecuado era Bogotá D.C.  

Antes de regresar, nació su primer hijo Lorenzo, en el 2014. En el 2015 volvieron a Bogotá y su hija Eva nació en el 2016. El legado que le quiere dejar a sus hijos es inculcarles ser ciudadanos del mundo que dejan huella para realizar cambios.  

Es doctora en Derecho, pero también fue deportista de alto rendimiento: triatleta, basquetbolista y gimnasta olímpica. Del deporte aprendió a trabajar en equipo, la constancia y la compasión que le han sido de gran ayuda para su profesión. Durante su doctorado, corría maratones. La primera que hizo fue la Maratón de Roma. Nos contó cómo el deporte le enseñó la compasión por ella misma, a conocer sus propios límites y el recuerdo de un “ángel” que se le apareció en su primera maratón: un italiano de Prato que no paró de hablarle en toda la carrera mientras ella pensaba: si le respondo me quedo sin aliento. Pero fue esta compañía humana la que logró que ella terminara la carrera con éxito. 

Adentrándonos en su vida profesional y visión del derecho, nos contó que es fundamental, para ella, crear nuevas formas de ver el derecho; hay que aprovechar herramientas de vieja data como la doctrina y la dogmática para que estas evolucionen y respondan de manera proactiva a las necesidades del mundo actual. Para esto, considera fundamental la creación de ciudadanía digital, la facilitación del acceso a la justicia, la sostenibilidad, la interdisciplinariedad y la creación de nuevas estrategias pedagógicas que permitan enseñar un derecho más actual y global. 

Cuando le preguntamos acerca de su decanatura lo primero que hizo fue corregirnos: “No es mi decanatura, es nuestra decanatura”. Para ella, lo más importante es la vinculación y el rol activo de los estudiantes en la creación de una facultad que sea de todos y para todos. Ser la primera Decana, la primera mujer en ejercer este cargo en la historia de la facultad de Ciencias Jurídicas, representa un gran compromiso y un gran reto. “En el ejercicio del derecho se ven pocas mujeres en cargos administrativos que impliquen la toma de decisiones. Por lo tanto, la inclusión de mujeres en estos ámbitos representa un paso más allá en el esfuerzo por romper el techo de cristal que ha representado un obstáculo para el desarrollo femenino a lo largo de la historia”, dice. Por esto, durante su paso por la facultad, quiere visibilizar a todas aquellas mujeres exitosas que son un rol a seguir que serán futuras mentoras para tantas niñas que pasan por la facultad. También quiere que hombres y mujeres trabajemos juntos para eliminar los espacios en donde todavía existe discriminación de todo tipo en nuestro medio. 

Tiene la visión de una facultad actualizada que responda a los retos de un mundo globalizado. Tiene en mente crear mejores espacios para la internacionalización y la interdisciplinariedad en nuestra carrera mediante a la conexión con profesores y universidades de todo el mundo y la inserción en redes académicas globales de alto prestigio. Nuestra conversación se dio de manera virtual por las circunstancias de aislamiento preventivo obligatorio por el COVID-19, lo cual dio lugar a que ella nos expresara la gran oportunidad que tenemos en nuestras manos al encontrarnos en aulas virtuales, ya que la digitalización y el uso de nuevas tecnologías es un paso hacia el que también debemos ir avanzando como facultad. Así mismo, considera que el deporte debe ser patrocinado en gran medida en nuestros espacios universitarios, “mens sana in corpore sano” (Una mente sana en un cuerpo sano), nos dijo; es un pilar que considera fundamental en la vida de todo estudiante y ser humano. 

Terminando nuestra conversación tuvimos la oportunidad de preguntarle ¿cómo hace para balancear todos los aspectos de su vida? el ser mamá, profesora, académica, deportista y ahora Decana… a lo que nos dio una respuesta que vale la pena resaltar: lo más importante ha sido crear equipo, especialmente con su esposo y también con sus papás. Nos cuenta que en su familia no hay roles asignados, lo cual le ha permitido asumir nuevos retos como esta decanatura, gracias a la ayuda mutua que existe en su relación de pareja. También nos habló de la importancia de saber renunciar a ciertas cosas, lección que la vida le ha enseñado en diferentes etapas, como en esta, donde tal vez ya no pueda caminar todas las mañanas con sus hijos al colegio, pero lo hará su esposo, mientras que ella asume nuevas experiencias enriquecedoras como Decana de ciencias jurídicas. 

 

“Acompáñenos para trabajar en equipo y fortalecer un proyecto académico histórico que lleva muchos años tejiéndose y que debe estar en constante renovación para enfrentar los retos del mundo actual” nos dice Diana Carolina a todos los estudiantes, esperando que en este nuevo periodo que empieza siempre esté presente la crítica...“mantengan la crítica que es la que nos hace avanzar”.