PERFIL

Una postura, de primera mano, de la economía del país

César Attilio Ferrari, Consejero Económico de Presidencia

El Dr. César Ferrari le abrió las puertas del Palacio de Nariño a Foro Javeriano, para cantar su recorrido académico y las propuestas del nuevo gobierno.

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Foto: Entrevista con César Attilio Ferrari

Por: Santiago Ardila Pinto

Foro Javeriano agradece la invitación del doctor César Ferrari a las instalaciones del Palacio de Nariño para sostener una entrevista acerca de sus perspectivas económicas sobre el panorama nacional, cómo podría mejorarse y qué futuro le depara al país en el corto, el mediano y el largo plazo.

 

Foro Javeriano: Usted ha hablado en diversas ocasiones de la estructura productiva como un problema en Colombia. ¿Cuáles son las falencias que ha identificado en esta materia?

César Ferrari: Según el DANE, en el 2021 la tasa de consumo respecto al PIB fue del 91 %. Es decir, que nos estamos comiendo casi todo lo que producimos. Cuando tienes una tasa de consumo tan elevada tienes un ahorro muy reducido, lo cual te genera muy poca inversión, entonces lo más probable es que solo cubran el mantenimiento de las máquinas, lo cual quiere decir que para generar nuevos activos y capacidad de producción no te queda nada, y hace suponer que el crecimiento va a ser muy reducido. Todo eso está ligado a la transformación productiva.

La estructura colombiana descansa sobre la producción de materias primas. Los hidrocarburos y el carbón producen el 60 % de las exportaciones, pero la explotación de minas y canteras contrata solo 0,7% del total de la población ocupada del país. Entonces un primer problema que se ha consolidado es la estructura productiva que no genera suficiente ocupación formal, y, como la gente no se puede quedar sin hacer nada, acaba generando su propio puesto de trabajo; lo que degenera en una informalidad que supera el 50 % y a su vez un 70 % de la población en estado vulnerable o de pobreza. Teniendo en cuenta que mientras Colombia produce petróleo con costos de 45 dólares, Arabia Saudita y Medio Oriente producen a 10 y 15 dólares el barril. Es necesario comenzar a construir una estructura que sustituya esos liderazgos de la economía colombiana.

 

F.J: Tocando el consumo. Usted ha hablado múltiples veces de la inclusión financiera por medio de sistemas como el Banco Grameen. ¿Qué efectos podría tener la implementación de un proyecto así?

C.F: Hay un problema de inclusión financiera y de tasas de interés. Las tasas altas impiden una mayor inclusión, porque la gente no puede pagar intereses elevados. Según el Banco de la República, el mercado de crédito funciona en competencia monopolística, incluso como un cartel. Debe haber mayor competencia para que pueda haber mejores tasas y mejor inclusión. Los bancos comerciales requieren garantías que la mayoría no tiene. Entonces, el 70 % de Colombia, que es vulnerable, no tiene acceso a los mercados de crédito. El Banco Grameen, justamente, presta bajos montos sin necesidad de garantías y solamente a aquellos que no tengan propiedad. Además, funciona con una solidaridad en que, si alguien no paga, el siguiente no recibe crédito. En Colombia hubo un proyecto, pero no funcionó, porque se hizo pensando en utilidades, lo cual no se genera en corto plazo con este sistema.

 

F.J: ¿No debería acompañarse el acceso al dinero de una estrategia de educación financiera si el consumo en el país es de un 91 % para evitar que la gente se endeude para consumir? ¿Cómo se relaciona esto con una política de pleno empleo?

C.F: El ingreso de la gente debe provenir fundamentalmente de su trabajo; por eso la importancia de generar empleo. Por eso la transformación productiva se trata de que el sector que reciba más inversión por ser más rentable sea abundante en contratación de mano de obra y así se pueda tener pleno empleo. Mientras eso ocurre, los subsidios serán necesarios, hasta que se vayan marchitando por el crecimiento del empleo.

Si se quiere que los productores desarrollen adecuadamente su proceso productivo, se les debe dar financiación, o por la banca tradicional que maneja sus propios sistemas y mecanismos para garantizar el crédito o generando otro tipo de actividades financieras no tradicionales que puedan generar créditos sin necesidad de garantías.

 

F.J: ¿Cuál es el enfoque que se dará a la redistribución de tierras y cómo se va a relacionar esto con la tecnificación de la agroindustria?

C.F: Todos los países que se han desarrollado con base en la agricultura han hecho una reforma agraria. Japón y Corea hicieron sus reformas de la mano de los americanos a mediados del siglo pasado, y hacia la década de los 70 se hizo en Perú, lo que implicó el éxito de la agroindustria peruana, que hace 25 años exportaba 500 millones de dólares en agropecuarios y ahora exporta más de 10.000. El Estado peruano, por medio de la tecnificación de su campo, pudo implementar, por ejemplo, sistemas de riego que contrarrestaron la condición desértica de su zona costera. Después vino la reforma agraria, que se pagó por medio de bonos agrarios de largo plazo, y después hubo la posibilidad de vender las tierras de la reforma 20 años después, en los 90.

Los inversionistas que llegaron a comprar la tierra no estaban interesados en la tierra, sino en los negocios que provenían de la tierra, por lo que cuando el campesinado notó la valorización de las tierras dejó de vender y siguieron el camino de los inversionistas, se asociaron e hicieron las tierras más productivas. Por medio de la tecnificación del riego, se convirtió una zona sin irrigación en una zona productiva del agro. Pero estas cosas no se hacen de un día para el otro; en Colombia se quieren comprar tres millones de hectáreas de la misma manera, un país en el que, por el contrario, se debe drenar la tierra por exceso de aguas.

Otro ejemplo es la leche. Colombia tiene un enorme hato ganadero, que cuando los precios bajan desecha la leche en los ríos. ¿Por qué, por ejemplo, no hacer quesos? El único queso maduro de Colombia es el queso “Paipa”, que de todas formas no tiene una gran difusión porque el mercado interno es pequeño e impide una industria de quesos como la Europea, lo que indica que sería necesario producir para el mercado internacional, pero para eso debe educarse a la gente para que aprenda a tecnificar sus industrias. Así mismo sucede con las frutas en Boyacá o Huila, donde podrían producirse mermeladas, compotas y otros productos que le añaden valor a las materias primas, en vez de perder las frutas que se pudren en los suelos por no recogerlas. Pero, para que esos mercados sean rentables, hay que tener una política económica que pueda procurar mejores precios para esas industrias, que logre hacerlas rentables.

 

F.J: Hay mucha gente que le pregunta de dónde se sustentan afirmaciones como que para invertir en un sector hay que dejar de invertir en otro. Desde una perspectiva económica, compártanos por qué es importante para Colombia que ese 70% vulnerable tenga oportunidades de industria, educación financiera y crecimiento ¿Por qué eso le sirve al otro 30 %?

C.F: El 30 % se contentó con producir para ese 30 %, pero si comienzan a producir para el 100 % habrá mercados más grandes y mayores posibilidades de crecimiento y generación de riqueza para todos, incluyendo a ese 30 %. Mejorar la distribución del ingreso le conviene a todos, pero hay gente que no lo ve así. Es necesario cambiar esa manera de pensar, pero eso no es sencillo ni es rápido. ¿Por qué un banco se conforma con tener miles de clientes y no un millón para hacer más negocios y más dinero?

 

F.J: ¿Cuál es el mayor reproche y la mayor exaltación que le haría al manejo económico del país que ejerció el anterior gobierno?

C.F: Hay una frase de Paul Krugman, premio nobel de economía, cuando fue a dar un discurso inaugural en el London School of Economics, el templo de la economía en el mundo. «Lo que se ha hecho en el mundo en términos macroeconómicos en los últimos 30 años, en el mejor de los casos, no ha servido para nada, y, en el peor de los casos, ha hecho mucho daño». ¿Cómo terminamos teniendo la decimoquinta peor distribución del mundo?

Los coreanos en los 60 tenían un ingreso per cápita de 192 dólares y los colombianos de 2.300; en 2019 los coreanos tuvieron 28.000 dólares y los colombianos 8.000. Algo hicimos mal y no aprendimos. ¿Qué se ha hecho bien si las personas se mueren en los hospitales por falta de camas o tenemos un sistema de pensiones totalmente ineficiente? Nos hemos centrado en si el gato es blanco o negro, y no en si caza ratones, y seguimos haciendo lo mismo una y otra vez para llegar al punto en que estamos. Eso tiene que cambiar, y creo que llegó el momento del cambio.