CRÓNICA

2019-II

¿Entrar en la noche a la zona más peligrosa de la capital puede ser una mala idea?

EL BRONX, LA CARA OCULTA DE LA CAPITAL

Descubrir el Bronx y sus alrededores puede ser un desafío que no cualquiera está dispuesto a asumir. El equipo de FORO JAVERIANO se lanza a realizar un tour nocturno por la zona y destapar todos esos secretos que oculta el centro de la ciudad.

Por: Sofia García-Reyes

Ahí estábamos, en plena Carrera 7 con 13, esperando a que fueran las 8:30 p.m. para que comenzara. Muchos nos dijeron que estábamos locos, que ir a hacer un tour al Bronx, y más en la noche, era literalmente meterse en la boca del lobo. Pero ya estábamos ahí, a tan solo cuatro cuadras de la gente más poderosa del país. ¿Qué podría salir mal?

 

John comenzó a contarnos el recorrido que íbamos a hacer, nos dio unas recomendaciones y nos dijo que éramos un solo grupo, que nadie caminaba solo. “Si se dispersan toca rotarse navaja” nos dijo Polo, uno de los encargados de cuidarnos durante todo el recorrido. ¿Qué? ¿Creían que nos íbamos a meter a ese barrio sin protección? Pues no, íbamos escoltados por ni más ni menos que Polo González, habitante de calle con doctorado en hurto, y por Luis Carlos alias el Mono, reciclador y también habitante de calle. Ambos eran drogadictos y desde el instante cero, prendieron su pipa para fumarse su bazuco. Por el contrario, teníamos que evitar a toda costa los policías, ellos eran realmente los enemigos en la zona.

 

Comenzamos caminando cuadra abajo, pasando por grafitis increíbles y edificios coloniales, tristemente disfrazados de locales comerciales. Nos encontrábamos en el núcleo de los mercados de piratería de la ciudad, en donde no solo se vende ropa chiviada, también todo objeto robado, proporcionados por pillos, como Polo. Ese celular que te robaron, el espejo del carro que te arrancaron, ten por seguro que terminó vendiéndose ahí por la mitad del precio.

 

Estábamos cruzando la Carrera 10, cuando sentí que traspasaba la primera frontera invisible del recorrido. Habíamos llegado al Cartucho, tierra santa por haber sido el vertedero de cuerpos de hace unos años. Lo que ahora se había convertido en supuestamente un parque iluminado, antes era parada fija de un camión que recogía matutinamente a los cadáveres, depositados ahí por indigentes, que recibían su dosis diaria a cambio de terminar el trabajito. También era de ahí de donde se tomaban los huesos, para molerlos y hacer rendir el bazuco.

 

A solo pocos metros de distancia estaba el famosísimo Bronx, conocido por ser el corazón del narcotráfico y el tráfico de armas en la capital. Este contaba no solo con edificios sobrepoblados, también con una red de canales subterráneos, que facilitaban el transporte de mercancía a toda la ciudad sin ser atrapados por el sistema. Sin embargo, eso ya era cuestión del pasado, pues se encontraba cerrado y controlado supuestamente por la policía, gracias al desmantelamiento del sector por parte de la alcaldía hace un par de años. Esta misteriosa parte de la ciudad fue testigo de innumerables muertes, crímenes, violaciones de derechos humanos, pero también fue el hogar de familias durante décadas, como en los casos de Polo y el Mono.

 

Me decidí acercar a el Mono para preguntarle más sobre el lugar donde se había criado y con la voz quebrada me contó cómo lo habían echado sin previo aviso de su casa. Si, él había vivido durante toda su vida en una calle abajo de la principal del Bronx, primero con sus papás y después con su pareja. Su hogar había sido siempre el Bronx y todo desapareció un día que irrumpió el Ejército Nacional a las 5 a.m. y solo le dejaron ponerse una camisa y un pantalón. Los sacaron a todos, sin avisarles, sin expropiarlos, sin compasión e hicieron que los 3 mil habitantes se dispersaran y deambularan por toda la ciudad hasta el día de hoy. ¿Era esa realmente la solución?

Para destensar el ambiente le pregunté al Mono sobre su estilo de vida y sin ningún filtro me contó que como trabajo comenzó, primero, a robar espejos de carros y después a atracar, pero que ahora no robaba ni un alfiler. Me dijo que robar y consumir drogas era parte de la rutina de todos y que por más que estuviera mal, era su única forma de sobrevivir, por lo que consumir bazuco por primera vez a los 11 años no fue tan inusual. Ahí fue cuando me mostró su dosis diaria de bazuco, 5.000 pesos la bolsita. Polo no tardó en unirse a la conversación y contarme que el probó por primera vez la marihuana a los 5 años. Era su droga favorita, aunque el bazuco era su adicción y me advirtió que nunca probara el bóxer porque destruía las familias.

 

Perdida en la conversación me di cuenta de que habíamos caminado varias cuadras y ya estábamos en Plaza España. Lo que antiguamente era la terminal de transporte más importante de la capital, se había convertido en el atracadero oficial y en la casa de Polo. Fue ahí cuando nuestros escoltas realmente entraron en acción, pues fueron a tener diálogos de paz con unos personajes que nos veían de reojo y lograron, sin ningún percance, que siguiéramos con nuestro recorrido. Pasamos por la estación de la Sabana, donde se parquea en la noche el tren de nuestra ciudad y por la Favorita, en donde vimos un hogar de paso para los habitantes de calle.

 

Ahí fue la primera vez que me di cuenta de que habíamos estado constantemente observados, que por más que caminábamos por calles vacías, no habíamos estado solos. No solo éramos seguidos por miradas detrás de ventanas oscuras, también nos esperaba en cada cuadra un campanero, que segundos antes de que lo viéramos, se montaba en su bicicleta e iba a informarle al capo de la zona que venían infiltrados. También estábamos observados por los jíbaros de las ollas, pues estos “dealers” no permitían que el Mono y Polo cruzaran esas fronteras invisibles con droga que no perteneciera al sector.

 

El silencio y la oscuridad que nos habían seguido todo el recorrido, empezaron a desaparecer a medida que nos acercábamos a Santa Fe, el barrio de prostitución más grande del país. La calle en donde ocurría todo, estaba distribuida al igual que Bogotá. Entre más avanzábamos al norte, más estimable se volvía, estando primero los travestis, seguido por las transexuales y después por trabajadoras sexuales de todo tipo de edad. Los límites imaginarios que determinaban el precio se notaron cuando no dejaron pasar a Polo por la calle VIP.

 

Por más que John nos hubiera aconsejado evitar el contacto visual directo con las personas, era bastante impactante ver los innumerables prostíbulos, la cantidad de hombres que requerían servicios y como era totalmente normal ver mujeres en ropa interior expuestas en vitrinas como objetos. John me dijo que en la zona no solo había el tipo de prostitución que se veía en las calles, sino que dentro de los edificios se podría encontrar lo inimaginable, encabezando la lista la demanda de menores. Era sumamente extraño ver que el sector estaba rodeado de policías y que a tan solo metros de distancia se cometían los delitos más penalizados de nuestro sistema.

 

Sintiéndome sumamente impotente, seguí el recorrido hablando con Polo que me contó sus métodos de atraco, con demostración y todo. Su arma favorita era la navaja, pero claramente necesitaba una pistola 34 y una 38 para protegerse y para robar. Me aseguró que solo atracaba a hombres que pudieran defenderse y que ahora prefería robar sin que se dieran cuenta, puesto que ya estuvo 6 años en la Picota y no quería volver.

 

Llegamos a la parada final del recorrido, la extraordinaria Plaza de la Hierbas. Este mercado escondido en los callejones del centro irradiaba un olor delicioso a cuadras de distancia, al distribuir todo tipo de hierbas (de las buenas) y especias que a uno se le pueda ocurrir. La plaza solo abre nocturnamente, pues las plantas no pueden tener contacto con el sol para no dañarse, y por suerte llegábamos ya casi a media noche, así que pudimos ver todo el encanto del lugar.

 

De vuelta a mi casa, me di cuenta que en ningún momento sentí miedo, que los habitantes de calle realmente no son los culpables de su desgracia y que los políticos se hacen los bobos teniendo un infierno a la vuelta del Palacio de Nariño. 

 

 

Glosario para pasar desapercibido en el Bronx: (Dictado por Polo)

Bicha: la traba

Bichas: drogas

La bazuca: la traba con bazuco

Gamba: 100 pesos

Luca: 1000 pesos

Gurbia: tener hambre (“estoy gurbiento”)

Prenda: ropa

Hoja: la navaja

Combinado: pasta + frijoles

Ñero: habitante de calle que consume drogas

Gamín: desplazados que viven en la calle por no tener poder adquisitivo

Garbimba: ñero, como decirle al socio

La ruca/ruquita: la marihuana

Gare: el bóxer

Raponero: ladrón. Hay 3 clases:

  • Batantero: ladrón que roba mal, porque la persona si se da cuenta

  • Lanza/cosquillero: buen ladrón, porque la persona no se da cuenta

  • Estuchero: ladrón que abre los carros

COMAD: bus suministrador de dosis diaria para habitantes de calle (en administraciones anteriores)

Cortina de humo: la nueva serie “El Bronx”

Bazuco: un vicio muy duro

Ganchos: jefes/capos de las zonas

Chamber: bebida compuesta por alcohol etílico, mezclado a veces con leche condensada

El carro: pipa del bazuco

El Guayo: el fierro, el tarratatán, el manda a callar

 

Recomendaciones para el tour

  • Leer el glosario antes

  • Nada de irse pintoso

  • Chaquetica y doble media

  • Esconder el celular en ropa interior

  • Nada de tacón o zapato incomodo

  • Nada de cosas ostentosas

  • ¡NO ES UN MUSEO!, esto es vida real.

 

Queremos darle un agradecimiento especial a la fundación ARCUPA y a John Bernal por mostrarnos “la otra mirada”.