QUERELLANDO

2020-II

Otra vez, nada nuevo  

AMIGO DATE CUENTA: CUANDO EL RÍO SUENA, PIEDRAS LLEVA

“Aborrezco a la mujer sabia. Que no viva bajo mi techo la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer.”

- Eurípides 

Por: Isabela Blanco y Adriana Torres

El 16 de marzo, los estudiantes de derecho nos levantamos con una buena noticia: ¡habemus decana! Después de tan solo noventa años, por primera vez en la historia de nuestra facultad, una mujer está al mando del Giraldo. Y les cuento que no cualquier mujer, pues basta ver su hoja de vida para darse cuenta de que está muy capacitada para ser la capitana de este barco. Sin embargo, lo que debería ser un triunfo para todos sus tripulantes, para algunos, fue la oportunidad perfecta para sacar a relucir sus prejuicios. Sin al menos darle el beneficio de la duda, e incluso, antes de que asumiera su cargo, leí mensajes como: “seguro solo la eligieron por ser mujer” o "el feminismo está haciendo al mundo tomar decisiones muy extrañas" y la lista continúa... 

 

Ninguno de estos comentarios es inventado y sorprendentemente, uno fue escrito por una mujer. Sí, por supuesto que es decepcionante que haya mujeres que no celebren el triunfo de sus aliadas, pero también es triste que haya hombres que nos demeriten sin ni siquiera habernos dejado subir al escenario.  

 

Ahora, quiero contarles un secreto: ese es el problema, nuestro problema. Creer que las mujeres llegan a los cargos más altos a causa del “boom feminista”, que es totalmente injusto porque desconoce su esfuerzo. Si así fuese, si el feminismo realmente tuviese la fuerza suficiente para posesionar y remover automáticamente a quienes impulsan o estancan la lucha por la igualdad, para este momento, probablemente tendríamos más presidentas que vicepresidentas en el mundo; tendríamos más leyes que amparan a las mujeres y no que aumentan la brecha entre los sexos. Pero así no son las cosas: el feminismo no tiene ni quiere tener poderes mágicos.  

 

En efecto, lo que sigue teniendo un sabor amargo es que aún creamos que por el simple hecho de ser mujeres, las cosas nos llegan en bandeja de plata. De hecho, la historia demuestra todo lo contrario.  

 

“Me llevó años poder sentarme más de dos minutos en frente de la mesa y el papel blanco” . Erica Jong  

 

Indiscutiblemente, deberíamos aprender a no menospreciar el trabajo de una persona simplemente por ser hombre o mujer.  Jamás se escuchó a alguien afirmar que la música de Mozart era horrible por el hecho de ser varón, o que Newton no era asombroso por ser hombre. Entonces, así como separamos el arte del artista, ¿por qué no separar los logros del género de su autor?  

 

Es más, si alguno de los hombres nominados al cargo de decano - todos brillantes, por cierto - hubiese obtenido el título, sin duda también nos sentiríamos muy orgullosos. Pero ¿lo habrían cuestionado de esa forma antes de dejarlo trabajar? Sinceramente, yo creo que no.  

 

En fin, todavía no entiendo ¿por qué les pica tanto que una de nosotras esté en la cima? ¿Por qué les incomoda ceder su corona, así sea por un ratico? Y a propósito, estén tranquilos; que reconocer que una mujer se merece su triunfo no los hace menos hombres.  

 

Amigo, ¿ya te diste cuenta?