DE LOS DIRECTORES

El Hay Festival Cartagena cumplió 15 años 

EL WOODSTOCK DE LA MENTE

Literatura, periodismo, ciencia, arte, medioambiente, economía, derecho y hasta matemáticas, el Hay Festival satisface una de las necesidades básicas del ser humano: aprender y cuestionarse.  

Fuente: Archivo personal

Por: Camila Solano Mantilla 

Así como alimentamos nuestro cuerpo, debemos hacerlo con nuestra mente, que, a diferencia de nuestro estómago, tiene un apetito insaciable. Le hemos dado una connotación un poco negativa al aprendizaje, aprender para un examen final, para los preparatorios, para el trabajo, por una nota, o para responder una demanda. Hemos clasificado al aprendizaje como un medio, cuando es realmente un fin en sí mismo. Aprender por aprender. Mantenernos inquietos mentalmente no es fácil. Estamos en un mundo monótono y salirnos de nuestra zona de confort, resulta muy difícil. 

 

El Hay Festival nació como un espacio para intercambiar ideas en Hay-on-Wye, una pequeña ciudad en Gales. Fue creado en 1988 por Peter Florence. Esta ciudad es un lugar muy particular; tiene más de 40 librerías y sólo 1.873 habitantes, es por esto que es conocida como la ciudad de los libros. Aproximadamente 80.000 personas viajan en mayo a Hay-on-Wye, para hacer parte del de este compromiso. Este festival se ha expandido a varias ciudades del mundo, entre ellas, Arequipa, Querétaro, Segovia, Gales, Abu Dhabi, Cartagena, Jericó y Medellín. Consiste en varios conversatorios y diferentes actividades con temas para todos los intereses y gustos. Tener acceso a mentes increíbles y a foros enriquecedores, es completamente gratis para los estudiantes. El festival se ha convertido en uno de los principales difusores de la cultura y ha tenido un alto compromiso social en Colombia. Este año, el Hay Festival Cartagena fue transmitido en vivo por Señal Colombia y Tele Pacífico.  

Tuve la oportunidad de ir este año, con mi mamá, que no se lo pierde. Nunca había ido y para mí, fue muy grato disfrutar este epicentro de conocimiento y nuevas experiencias. “Somos gente pensando el mundo”, dijo Héctor Abad, en una de sus conferencias.  

 

Christophe Galfard, pupilo de Stephen Hawking, explicó algunos de los misterios de nuestro universo. Jennifer Ackerman, escritora científica, habló de la genialidad de los pájaros. Joseph Stiglitz, nobel de economía y su esposa, Anya Schiffrin, contaron cómo en el Foro de Economía Mundial repartieron panfletos con los verdaderos índices económicos del gobierno de Donald Trump, quien rompió el record de fake news; dijo 5 grandes mentiras en menos de 3 minutos. Valeria Luiselli, escritora mexicana, describió cómo se adentró en las cárceles de niños en la frontera de Estados Unidos y México y nos contó que hay una gran ganancia económica por encarcelarlos; los dueños de las empresas penitenciarias ganan aproximadamente 200 USD al día por cada niño que tienen preso. Ida Vitale leyó, con su acento uruguayo, versos preciosos, en la gala de poesía. Alice Zeniter habló sobre su libro El arte de perder, en el que cuenta la guerra de Francia y Argelia, desde el punto de vista de los harkis.  

Me llevé muchas cosas del festival, pero definitivamente el conversatorio que más disfruté, fue el de María Paulina Baena, La Pulla, y Gloria Esquivel, escritora colombiana y creadora del podcast womansplaning, entrevistadas por Vanessa Rosales, escritora también. Son tres mujeres que admiro profundamente y hablaron sobre cómo ha sido su proceso de ocupar lugares de poder, que, durante mucho tiempo, fueron ocupados por hombres. Esquivel dijo que, para ella, La Pulla era una mujer muy valiente porque se muestra físicamente en sus videos y por esto, ha sufrido comentarios desagradables. María Paulina se ha aprendido a escudar en el humor para no tomárselos tan en serio. Hablaron también de la importancia del periodismo como un arma de acción y, la gran conclusión, fue que el periodismo es combativo o no es periodismo.  

Aprendí, me cuestioné y llegué a varias conclusiones y nuevas ideas. Descubrí muchos otros temas que me interesan, que jamás había considerado. Encontré que disfruto intensamente oír a otras personas hablar de lo que les apasiona. Abrí mi perspectiva del contexto global y pude explorar, relacionar y crear conexiones que antes, no tenían ningún sentido para mí. No es un secreto que falta mucho por cambiar, pero este tipo de encuentros son un espacio de reflexión interior dentro de una colectividad de ideas. Nunca había sentido Cartagena así. “Este es el Woodstock de la mente. Este festival, y la multitud que atrae, ilustra el poder de las ideas, para aligerar la mente, para mover el corazón, para cambiar el mundo”. Bill Clinton