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EL PROYECTO GILGAMESH ¿VEREMOS MORIR A LA MUERTE?

Cada vez es menos utópico el proyecto más ambicioso del siglo XXI. Científicos, pensadores e inversionistas de las más grandes potencias están convencidos de que es posible alcanzar la eterna juventud. 

 

Fuente: Archivo personal

Por:  Pablo Güete

En los últimos años, hemos observado cómo Dios o los dioses cada vez se ven más relegados a un segundo plano en la vida de las personas. ¿Qué ha ocupado poco a poco el lugar de los dioses? Yuval Noah Harari, historiador y escritor israelí de renombre y frecuente fuente de consulta de las personas más poderosas del mundo, hace un análisis muy interesante al respecto en sus obras Sapiens: De animales a dioses y Homo Deus: Breve historia del mañana.  

El análisis de Harari inicia por poner de presente que, a lo largo de la historia, las religiones y las ideologías no sacralizaron la vida. Siempre había algo situado por encima o más allá de la existencia terrenal y, en consecuencia, siempre fueron muy tolerantes con la muerte. Las religiones monoteístas más grandes del mundo, el cristianismo y el islamismo, insisten en que el sentido de nuestra existencia depende de nuestro destino en la otra vida, siendo la muerte una parte vital y positiva del mundo. En estas religiones, los humanos mueren porque Dios lo decreta y el momento de la muerte es una experiencia sagrada y llena de sentido. 

Sin embargo, desde el siglo pasado, se ha consolidado la idea de que la vida humana es lo más sagrado que existe (egocentrismo reflejando nuestra época). En los colegios, universidades, parlamentos, tribunales e incluso en el arte nos recuerdan todo el tiempo la importancia de la vida de las personas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que “el derecho a la vida” es el valor más fundamental de la humanidad. 

Es gracias a esa sacralización de la vida que la ciencia está recibiendo los recursos necesarios de los más grandes inversionistas, con el fin de llevar a cabo el que es sin duda el proyecto más ambicioso del siglo XXI. A cualquiera que lea sobre esto por primera vez, le parecerá excesivamente sensacionalista y utópico, pero lo cierto es que es una realidad que la humanidad está apostando por alcanzar la inmortalidad. 

Como explica Harari, hoy en día existen una serie de científicos y pensadores que afirman que la principal empresa de la ciencia moderna es derrotar a la muerte y garantizar a los humanos la eterna juventud. Por ejemplo, Google tiene en marcha una subcompañía llamada Calico, cuyo principal objetivo es “resolver la muerte”. Bill Maris, presidente del fondo de inversiones de Google Ventures, ha declarado que la compañía invierte el 36 por ciento de su cartera de valores en ingeniería genética, medicina regenerativa y nanotecnología, con el objetivo de lograr, para este siglo, que un ser humano pueda vivir hasta los quinientos años. 

Peter Thiel, cofundador de PayPal, es otro inversionista y creyente de la posibilidad de luchar contra la muerte. El inventor Ray Kurzweil, quien ganó la Medalla Nacional de la Tecnología y la Innovación en Estados Unidos y además fue director de ingeniería de Google, sostiene que las personas que, entrados en la segunda mitad del siglo, tengan un cuerpo sano y una gran cuenta bancaria, tendrán una gran probabilidad de alcanzar la inmortalidad sometiéndose a tratamientos de renovación que no solo curarán enfermedades, sino que también regenerará tejidos deteriorados y rejuvenecerá ojos, manos, cerebro etc. Si esto fuera posible, aclaran los inversionistas, dichas personas sería amortales y no inmortales. Lo que quiere decir que mientras no se vean inmersos en un accidente fatídico, pueden seguir viviendo indefinidamente.

 

Para el año 1400 era impensable dar una vuelta al mundo. En 1900 nadie imaginaba que sería posible lanzar a una persona al espacio. Hoy, quizás suene imposible vencer a la muerte, pero lo cierto es que la ciencia avanza más rápido que nunca y un grupo grande de científicos coincide en que “vamos a ver la muerte de la muerte”.  Es posible que avances científicos como la impresión de tejidos humanos u órganos vitales en 3D y desarrollos en nanotecnología, junto con los avances en células madre para reparar las células 'dañadas' permitirán neutralizar el envejecimiento.

Como todo gran avance científico, traerá nuevos desafíos sociales y políticos al mundo; y los debates deberían empezar a darse desde ya. Si bien para muchos es una idea que está lejana de su materialización, es interesante empezar a pensar y hacernos preguntas sobre qué pasará con el rumbo del mundo si se logra frenar la muerte. ¿Seguirá existiendo arte y la gente seguirá desviviéndose por sus proyectos si saben que su tiempo es ilimitado? Si solo puede la gente con gran capacidad adquisitiva alargar su vida, ¿significa que estos serán una especie diferente a los demás?, ¿cómo prepararnos social, política y psicológicamente para la inmortalidad? La Epopeya de Gilgamesh puede estar cerca.