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Periodismo en decaída

 

¿QUÉ PASA CON EL PERIODISMO EN COLOMBIA?

El periodismo ha pasado de ser una herramienta fundamental para conocer la realidad social y se ha convertido en un instrumento de desinformación.

 

Fuente: Archivo personal

Por:  Orlando Buelvas Dajud

El periodismo es sin espacio a dudas un componente esencial para el desarrollo de la vida en sociedad. Desde los escribas hasta los influencers se ha hecho evidente la necesidad de registrar nuestra historia en letra perenne, como si el olvido fuese un error imperdonable del que acusan a los indiferentes. Aún así, existe un crimen que hoy se comete con mayor ahínco, el de lo más cobardes; el desinformar para ganar una batalla que nos afecta a todos.

Lamentablemente, a nivel nacional, los diarios, periódicos y medios han tomado un rumbo contradictorio a su finalidad principal. No es extraño al leer, sentir que se está consumiendo un contenido meramente politizado que busca defender ideologías y asentar en el lector una sensación de disgusto, como si se tratase de una guerra entre medios. Parece ser casi una guerra fría donde no hay armas, pero si letras, palabras embelesadas con titulares maquillados pero que esconden una cruel finalidad. Los diarios nacionales han llegado al punto de casi vender su alma por verse favorecidos desde ciertos puntos políticos, perdiendo toda la gracia que esconde el escribir.

No es por ello extraño que muchos de los periodistas de renombre tomaran la decisión de independizarse, con iniciativas propias desde sus plataformas, único lugar libre de tintes ajenos a los pensamientos propios de los escritores. Así, también parece irracional que todo lo publicado en Colombia se lea con una lupa dicotómica que solo diferencia entre izquierdas o derechas, comunismo (si es que alguna vez lo hubo) y capitalismo (si es que alguna vez lo habrá). Los artículos, así como las casas editoriales, parecen ser más un choque de egos con un vago fundamento en creencias creídas solo por los más afectados, por quienes ya están acostumbrados a este habito milenario de creer que en Colombia todo está condenado y por lo único que vale la pena luchar es por tener la razón, aunque esa nunca la ha tenido nunca nadie.

Uno de los efectos de la contemporaneidad es la hiperinflación de información consumida a diario por las personas. Es tanta la información y tan poco el desarrollo de esta que solo un titular puede generar una revuelta viral en cuestión de segundos, y en Colombia tienen ello ya por oficio. Los titulares nacionales son lamentables. En algunos casos incendiarios y en muchos otros confusos. La intención dista de ser el informar. Aunque no es nada nuevo, las noticias presentadas por muchos medios se alejan a la realidad colombiana, hasta el ridículo de exponer los “stickers” que usan las personalidades en sus chats, fijar frases absurdas de entrevistas como titulares o tener la precaria necesidad de adentrarse en la vida de políticos para hablar de quien manda en la casa.

La realidad tan abrumadora de un país como el nuestro merece ser la portada del día a día. Desde las noticias más grises hasta las alegrías más nobles. Penosamente los focos de atención se los llevan los juicios públicos, temas que afectan solo a pequeños grupos mientras la mayor parte de la población lucha contra la vida y aún no conoce eso que algunos llaman dignidad.

El oficio del periodista se ha relegado en parte a la creatividad que se encuentra en algunos creadores de contenidos. Tanta ha sido la renuencia del país a un periodismo crítico que las programaciones televisivas que antes llevaron la bandera con programas como “Quac”, “El siguiente programa”, “Zoociedad” y hasta “Especiales Pirry”, han desaparecido llevándonos a creer imposible el regreso de programas críticos a la televisión colombiana, como si el error fuese encarar a las distintas administraciones. El periodismo de a pie, el ruidoso, que antes se burlaba en cara de los mismos dirigentes cuestionándolos y colocándolos en aprietos, hoy agoniza y parece ser parte del pasado de un país que por momentos se permitía soñar.

Las redes sociales muestran otra cara frente a lo anterior. Son el vertedero donde todos son libres de opinar y publicar. El contenido de cada persona puede ser publicado sin ningún tipo de atadura. Aún así, sigue existiendo ese miedo por mostrar la realidad, como si ello fuese un error. No deja de ser triste que muchas de las discusiones relevantes a nivel nacional sea el encuentro entre influenciadores de derechas o izquierdas que muchas veces dicen lo mismo, pero en diferentes palabras.

Colombia tiene que volver a ser crítico. El periodismo hoy está en cuidados paliativos.