DE LAS DIRECTORAS

El acoso está tan normalizado que si lo queremos conocer solo hay

que hablar con una amiga

¿MUDOS O CÓMPLICES?

Quién diría que se corre más peligro en una fiesta con amigos, que en un callejón oscuro con desconocidos. 

Fuente: Pexels.com

Por: Adriana Torres

Hace un par de semanas mi amiga Julieta estuvo en Peñalisa disfrutando del último fin de semana de libertad antes de empezar la universidad. En Peñalisa y como de costumbre había más conocidos y amigos que invitaron a Julieta y a su amiga Marina a parchar con ellos en su casa. En esa casa había diez personas; entre ellos David Salazar quien el fin de semana pasado había sido bastante insistente con Julieta en una rumba, pero ella simplemente no estaba interesada y las cosas se habían quedado ahí.   

  

Esa noche David decidió volver a jugar sus cartas con Julieta pero una vez más ella no mostró el más mínimo interés e incluso fue cortante con la intensidad y la falta de comprensión de la palabra “no” de este personaje.  

 

Esa noche todos estuvieron hablando y tomando pero el día había sido demasiado largo para Julieta y Marina, quienes decidieron irse a dormir temprano en unos de los cuartos de esa casa. Ni Julieta ni Marina estaban borrachas o prendidas (lo cual en estas situaciones debería ser absolutamente irrelevante, pero en todo caso y siéndole fiel a la realidad, ninguna de ellas se había pasado de tragos esa noche).  Las dos se acostaron en un cuarto donde solo debían dormir ellas, pero en la mitad de la noche una sensación incomoda obligó a Julieta a despertarse.  

 

Cuando Julieta se levantó encontró los dedos de David metidos en su pijama; en otras palabras le estaban echando dedo mientras ella estaba completamente dormida. Julieta instintivamente quitó la mano de David y él de la forma más casual y cínica se levantó de la cama y salió del cuarto. 

 

Al día siguiente Julieta completamente confundida y consternada se despertó temprano y salió de esa casa lo más rápido posible. Lo más irónico es que el paseo y la rumba continuaron en esa casa sin falta; pero lo que si quedo faltando fue la sororidad, la empatía y la indignación. ¿Quién se queda en un paseo donde hay un acosador?  

 

Ese mismo día Julieta tuvo la valentía de denunciar en su grupo de amigos cercanos lo que le había sucedido con David y en respuesta muchas otras mujeres se animaron a contar historias muy similares que habían vivido con David Salazar. Al parecer Julieta no es la primera mujer que este hombre acosa, y a pesar de que llevaba varios años saliéndose con la suya esta vez la historia cogió otro rumbo. La denuncia que hizo Julieta se hizo viral y alcanzó a llegar a muchas personas que también frecuentan el mismo círculo social de este personaje. Hoy el nombre David Salazar suena y ya todas sabemos de quien se trata: un completo acosador.  

 

David como buen acosador decidió negar todo pero de la forma más torpe posible. En un principio le escribió a Julieta pidiéndole perdón y aceptándole que eso había sido un tema de tragos y que se disculpaba, pero cuando la cosa se puso más seria este hombre le volvió a escribir a Julieta diciéndole que ella era una mentirosa que eso jamás había pasado e incluso amenazó con “demandarla penalmente” (gran asesoría jurídica la que se consiguió).  Luego, y  para humillarse aún más, dijo que él había puesto cámaras en ese cuarto y que tenía videos de que ahí no había pasado nada.   

 

Este futuro administrador pronto levantará su título universitario al sur del Parque Nacional, por ahora esperemos su comprensión numérica sea mejor que su comprensión de la palabra “no”; qué tristeza que una universidad tan extraordinaria gradúe a una persona tan ordinaria.  En todo caso el final de esta historia está en manos de quienes tuvimos la oportunidad de escuchar a Julieta. Por un lado hay que reconocer que cuando decidimos hablar podemos de cierta forma prevenir que historias similares se repitan. Si Julieta hubiera sabido que no era la primera vez que David no aceptaba un “no” por respuesta, seguramente jamás hubiera accedido a ir a un paseo con él. Sin embargo sabemos que hablar es difícil, requiere de mucha valentía, la revictimización es real y los tabús alrededor de denunciar son infinitos. Por eso la invitación es rechazar este tipo de conductas de quien sea que las cometa, un desconocido, un compañero e incluso un amigo. La mejor muestra de empatía en estos casos es y será siempre el rechazo social.  

 

Los “amigos” acosadores no son amigos.

 

*Los nombres han sido modificados y no corresponden a los reales*