DE LOS DIRECTORES

Sobre la identidad latina

LATINOAMÉRICA, HISTORIA PERDIDA 

Foro Javeriano propone un recuento histórico y social sobre la cultura latina y los vacíos de la misma, exponiendo la preocupante situación de la identidad latina. 

Por: Orlando David Buelvas Dajud

Bien se cuenta que a mediados del siglo XVIII el sacerdote, geógrafo, botánico, médico, matemático y docente, José Celestino Mutis, emprendió la empresa de educar a los granadinos con las obras de astronomía y arte del renacimiento europeo. Los historiadores coinciden en que aquello no fue recibido por la población con total aprobación, al parecer la religión y las creencias tradicionales estaban tan arraigadas que generó controversia para algunos escépticos. Aun así, esto fue un avance, por fin la astronomía era un objeto de estudio serio y lo poco que se entendía como verdad empezaba a ser cuestionado, el conocimiento europeo llegaba al nuevo mundo luego de tres largos siglos. Parece algo maravilloso, por fin en las América granadina sería posible estudiar las obras de Da Vinci, Miguel Ángel o Copérnico. Llegaba con ello el renacimiento al nuevo continente y se apropiaba de su historia, pero ¿dónde queda la historia de América? ¿acaso el siglo XV para Latinoamérica apenas empezó en 1492? ¿qué fue de América cuando no llevaba ese nombre, cuando era el territorio sagrado de las místicas etnias que la componían? Ciertamente, son preguntas que pocos se hacen. 

Los efectos inmediatos de la colonia fueron devastadores. Previo a la llegada de los españoles, las américas contaban con 3 millones de Taínos (de quienes se dice luchaban con espadas de madera para nunca asesinarse entre sí) ubicados entre las Bahamas y las Antillas, 30 millones de aztecas en América central, 33 millones de Incas en el sur y un estimado total de alrededor setenta millones de habitantes en el continente. Todo lo anterior, para que en 1900 se reportara una reducción del 80% del total de la población indígena, en la costa caribe la población se redujo de 2 millones de personas a escasos miles, algunos no solo fueron ridiculizados, sino que desaparecieron y peor aún, desapareció su cultura y sus historias dejaron de ser contadas, para que empezaran a ser contadas las de los conquistadores que ganaban la batalla. 

No es casualidad que las cátedras de historia giren alrededor de un ideal eurocentrista, así como gran parte de la literatura o la misma música. En Colombia, hasta hace pocos meses se consiguió establecer una cátedra obligatoria de historia nacional en los colegios del país, un gran logro si se considera el hecho de que la mayoría de los bachilleres colombianos nunca tuvieron un contacto con su historia o ningún tipo de acercamiento con su identidad, hasta el punto en el que, seguramente son cercanos a las obras de Saramago, Dostoievski o Camus, pero desprestigian el trabajo de Sánchez Juliao o Estanislao Zuleta por ser “muy criollos”. Eso claro, si es que tuvieron acceso a la educación, pero aquello es otro tema. 

Y, es por eso mismo que se da tal conflicto de identidad, hoy en día el orgullo latino es aquello que la globalización le permite ser, es casi como si la cultura propia generara vergüenza y lo mejor que se pudiera hacer sería alejarse de la misma, todo a manera de conseguir encajar y sobresalir en los esquemas sociales muchas veces clasistas, que condenan, no solo a la verdadera cultura latina, sino a su historia, llevando al pueblo latino a perder sus raíces o hasta confundirlas. No por nada existe en Colombia aquel dicho “Los ricos se creen ingleses, la clase media se cree gringa y los pobres se creen mexicanos.” 

Son muchos los misterios que oculta Latinoamérica, tal vez los aztecas tenían practicas muy parecidas a los egipcios o por qué no creer que las metrópolis mayas fueron de las más majestuosas de su tiempo, es un grave error el de negar la historia propia, poco es lo que se sabe del siglo XV latino y sus periodos previos. Lastimosamente gran parte del arte de estas civilizaciones fueron usurpadas o desaparecidas, con ellas no solo se perdieron piezas individuales, se esfumaron anécdotas, creencias, dioses, paradigmas y aun más misterios.  

La identidad latina esta extraviada, no solo por fenómenos como la globalización, pues también parece ser que decidimos olvidar nuestra propia historia para privilegiar la impropia, cumpliendo con modas y ritmos ajenos, cuando lo nuestro parece esfumarse de a poco en un triste olvido cubierto por un inmaduro repudio a lo propio, por motivos que no tienen ningún fundamento.