DE LAS DIRECTORAS

Fotografía como herramienta testimonial

ENTREVISTA A FEDERICO RÍOS

El fotográfo manizaleño ha marcado la historia reciente de Colombia, a través de su lente investigativo y el recorrido con su cámara al hombro. Desde muy joven supo que quería dedicarse a contar historias y destacar la verdadera esencia de espacios, mujeres y hombres alrededor del mundo.

Por: Paula Andrea Tavera

Descubrí el trabajo fotográfico de Federico Ríos con el lanzamiento de su libro “VERDE”, el cual fue mencionado en varios medios nacionales e incluso en las cuentas personales de varios artistas colombianos, que ya seguía hace un tiempo. Investigué quién era, de dónde venía y cuáles han sido sus proyectos más significativos. Con la lectura de varios artículos sobre su trabajo artístico en Colombia y medios internacionales como The New York Times, me atrapó por completo su rigor, autenticidad y valentía. 

 

No tardé mucho en enviarle un mensaje directo, así como él no demoró en darme un sí para una charla telefónica. Tras unos días de varios intentos de llamadas, por fin concretamos una conversación de aproximadamente 40 minutos, donde sentí por completo su precisión y pasión, al hablar del poder las artes. Iniciamos la entrevista al mismo tiempo que el paseador de perros llegó por sus mascotas, así que entre la entrega de los perros en la puerta y su regreso al estudio, me contó sobre su familia y cómo fueron sus padres, los primeros en acercarlo al mundo de la fotografía.

 

Ríos nació en Manizales, ciudad montañosa ubicada en la coordillera central. Cuenta que desde pequeño ha tenido afinidad con las artes, pero jamás imaginó ser un profesional en ellas. Todo inició en 1981, cuando tenía alrededor de seis años y su padre ganó una beca para estudiar en Egipto. En aquel viaje, su padre sacó fotografías con una cámara de 35mm, las cuales a su regreso fueron la sensación para familiares, colegas y vecinos, que se reunían en la casa de Ríos para ver los albúmes de las fotografías impresas de su padre montando en camello por las pirámides, y el sin fin de historia de ese continente. 

 

A partir de ese momento, su casa se convirtió en un museo, donde él inicia a recopilar sentimientos de viajes, la memoria de los sujetos y los espacios fotografiados, y más de todo, el comienzo de una pasión. En este punto, afirma que lo esencial fue como la casa se convirtió en ese espacio de interacción, donde la fotografía es herramienta de validación y confirmación. 

 

Ahora para este punto de nuestra conversación, suena el timbre de la casa, se disculpa por la interrupción y recibe un domicilio de la droguería, y me dice “estas son las cosas del día a día”. Retoma la idea de la entrevista y me cuenta que para ese entonces, cuando aún era niño, su regalo de Primera Comunión fue un viaje a la selva del Amazonas con su padre. Allí, fue donde todo suscitó como si fuese innato. Entre ríos, fauna y flora diversa capturó sus primeras fotografías, -aclara que no tenía mucho conocimiento sobre los encuadres- pero sin duda, fue su primer trabajo fotográfico por fuera de su ciudad natal; Manizales. 

 

Pasando por su juventud, se percibía como artista más no como fotógrafo, pues tenía una fuerte sensibilidad con lo plástico, el teatro y el dibujo. Sin embargo, decidió iniciar sus estudios en periodismo en la Universidad de Manizales. Unos años más tarde, se retiró pues con el proceso de varios trabajos confirmó que la sensibilidad que tenía, se veía reflejada en cada aspecto del estudio de la fotografía. Siendo así, enfrentó sus primeros obstáculos, los cuales fueron llegar a Bogotá, junto con su portafolio bajo su brazo y su cámara fotográfica, y el tocar puertas de medios y colaboraciones con otros artistas, para iniciar su carrera. En este punto, manifiesta que el cambio de Manizales a la capital fue uno de los retos más grandes, pues para la época, las comunicaciones, los contactos y demás eran todo un desafío, pues a diferencia de hoy, las mismas universidades le permiten a los estudiantes crear proyectos y lazos con medios, escuelas o incluso profesores que ya trabajan directamente en la industria. 

 

Con el tiempo y su trabajo independiente, decidió llegar a El Espectador y preguntar por el editor general; entre risas confiesa que sin temor presentó su portafolio. Este fue su primer trabajo en medios nacionales y donde duró un año, pues confiesa que ha sido inquieto y sus ganas por explorar y testificar desde la pluralidad, han sido su punta de lanza para todos sus proyectos. Después ingresó a El Tiempo, donde también duró un año, y tras varios trabajos en otros medios nacionales, decidió lanzarse como freelance. Para este punto de su carrera, afirma que se siente más cómodo, pues cultiva su trabajo desde diversos puntos y maneja su agenda alrededor del mundo. 

 

El viaje es la batería de sus cámaras, la esencia de su trabajo, el reflejo de su pasión. Ríos ha recorrido todo Colombia desde sus entrañas y resalta que volvería a cada uno de los lugares que visitó; no perdería la oportunidad de retomar historias, encontrar e investigar más acerca de la razón de sus cambios, tristezas, alegrías y orgullos. Entre los viajes, la investigación y el rigor, se destaca su valentía al testificar diferentes realidades de migración, pobreza, violencia, injusticia, pero de igual forma, el valor de la diversidad cultural de Colombia y el mundo. 

 

Le pregunté qué lugar de Colombia le faltaba por conocer y para mi sorpresa y diré que para los lectores también, Ríos nunca ha visitado San Andrés y Providencia. Afirma que siempre que surgen proyectos en las islas y aún más con el desastre del huracán Iota, salen otros trabajos por fuera o en otras zonas del país. Sin embargo, recalca que Colombia sigue siendo un territorio que llama a su exploración, es un paisaje inquieto que refleja en varios zonas la ausencia histórica de las fuerzas militares, la falta de control del Estado y más de un millón de historias que se entrecruzan y que en efecto, Ríos testifica a través de sus lentes.

 

Ahora, su trabajo artístico y periodístico invita a los estudiantes y las nuevas generaciones a tomar consciencia sobre la actualidad nacional e internacional, pues el tiempo presente se ha visto marcado por un sin fin de historias que son eje central para el cambio que deseamos tener frente a la tolerancia, inclusión y equidad.