PERFILES

2018-IV

EL ACOSO NO PARA, ¿MUDOS O CÓMPLICES?

-“¿Si ve como es de fácil ganarse un cinco? Usted va muy mal, así como va, va a perder la materia y a mí me encantan sus tetas. Entonces usted verá, ya tiene mi número y ya sabe dónde queda mi oficina”

 

 -“Vale doctor gracias, repetiré la materia” 

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Por: Adriana Torres

Los comentarios sexistas, las propuestas incomodas e indecentes a los estudiantes y las miradas acosadoras se están tomando las aulas de clase y parece que a nadie le importa; si caminar en la calle siendo propensas al acoso callejero, a los piropos y miradas morbosas era incomodo, ser víctima de esto en un ambiente educativo es completamente absurdo. 

 

Cada vez son más los casos que se conocen de profesores que abusan de su posición de poder dentro de las instituciones educativas, acosando a sus estudiantes e instaurando miedo en ellos; los amenazan y reprimen porque “es mejor para los dos que de esto nadie se entere”. Intimidad a los estudiantes para que ellos se queden callados, “…me reiteró el peligro que podría correr si la información salía de su oficina”; en estos casos las calificaciones parecen ser la herramienta perfecta de chantaje; “me recordó que yo había perdido el primer parcial de su materia y me dijo que él podía ayudarme con las notas siguientes, ya que para mí sería muy difícil sacar una buena nota en el final. Le respondí que yo sabía que iba mal en la materia, pero que eso no venía al caso. Él insistía.” Y como estos, son muchos los casos que se conocen de estudiantes que se sienten aterrados, vulnerables, amenazados, impotentes y solos cuando son víctimas del acoso sexual dentro de los salones de clase. 

 

Afirmar que una compañera es una exagerada por sentirse incómoda con el piropo de algún profesor, o poner en duda las palabras de quién con temor ha decidido denunciar que es víctima de acoso sexual no es más que el abrebocas de una normalización de la cultura machista en las universidades. Para nadie es un secreto que, en Colombia, en nuestra universidad y hasta en nuestra facultad existen estudiantes que han sido víctimas de acoso y hostigamiento por parte de los profesores y dejar esta problemática en el pasado es desconocer la realidad de muchas de las jóvenes de este país.  

 

Ni como estudiantes, ni como mujeres, ni como personas debemos tolerar comentarios por parte de profesores como “Le digo con toda sinceridad y con toda franqueza que usted serviría más para modelar jeans que para ser abogada” porque por más inofensivos que suene para algunos un “la veo muy bien con esa ropa”, “ he escuchado que esto solo le pasa a los mujeres hermosas como usted”, o “le luce mucho esos pantalones” solo alimenta la aprobación y normalización de estas situaciones, quedarse callados y ser indiferentes cuando esto sucede en un salón de clases es normalizar los comentarios sexistas en nuestra facultad. La creación de hashtags como #DerechoAlPiropo encabezado por Amparo Grisales, no es más que una aprobación a las conductas machistas del día a día, lo siento Amparo, pero nadie quiere tus piropos y mucho menos en un salón de clases.  

 

En Colombia tristemente como mujeres somos más propensas al acoso sexual, a la violencia física y al abuso sexual, sin embargo, creer que la mujer es el único objeto de acoso sexual es caer en el prejuicio de hacer a los hombres inmunes a esta problemática; “Siendo hombre, iniciando segundo semestre de mi carrera, fui víctima de acoso sexual por parte de un profesor de mi facultad.” Este tipo de conductas tampoco pueden ser normalizadas ni toleradas dentro de espacios educativos; “Empezó a preguntarme por mi vida personal: si tenía novia, que me gustaba, cómo me vestía…me dijo casi al oído: eres un niño muy lindo.” Esto demuestra la magnitud de esta problemática en las universidades de nuestro país, nadie está exento de ser víctima de acoso sexual y tomar medidas al respecto es absolutamente urgente y necesario.  

 

La universidad debe ser un espacio donde tanto las estudiantes como los estudiantes se sientan completamente seguros y tranquilos. Absolutamente nadie debe ser objeto de un comentario machista en clase o de propuestas indecentes por parte de los profesores después de estas. Que un estudiante se sienta incomodo de ir a una clase por culpa de comentarios machistas y sexistas por parte de un profesor no es normal, que un profesor llame una estudiante para decirle “…la llamaba para saludarla, lo que pasa es que no he podido dejar de pensarla... es que usted tiene un gran corazón… quisiera saber cuándo nos podemos ver y si me aceptaría un café” tampoco es normal, soportar comentarios como estos en clase: “preguntó a una estudiante si utilizaba medias veladas, y ante la negativa de esta, le dijo que no le dijera qué más no utilizaba porque lo ponía a soñar” jamás debe ser normalizado. Es normal que nos indignemos cuando este tipo de cosas suceden y salir a denunciar es lo más adecuado para hacer, y por esto nadie debe ser juzgado ni puesto en duda porque tristemente el silencio en ocasiones es la mejor opción ante la falta de garantías para alzar la voz cuando suceden este tipo de problemáticas.  “Al día de hoy me arrepiento profundamente, y me siento culpable de no haber podido articular palabra alguna para responder ante esa ofensa. Una mezcla entre indignación, rabia e impotencia me bloqueó y quedé fría con ese comentario, pues nunca me imaginé que un docente fuera tan infame como para faltarme al respeto de esa forma.” 

El primer paso para acabar con el acoso sexual en los espacios universitarios es dejar de normalizar las conductas inapropiadas de los profesores, y el segundo es tener como institución las herramientas y vías necesarias que hagan sentir seguros a los estudiantes de poder denunciar este tipo de problemáticas y darles garantías de que se tomarán medidas al respecto. La desinformación y el miedo hace que muchas veces estas situaciones queden en el olvido: “…concluimos que no era muy inteligente enfrentarse a eso, pues era altamente probable que no nos creyeran, ya que no teníamos pruebas”, “Ni siquiera sabes cómo reaccionar. Nunca dije nada y lo evité siempre”. Muchas veces hay quienes con valentía deciden salir y contar lo sucedido, pero por falta de información, herramientas y vías efectivas se obtienen respuestas como esta: “El profesor tiene 17 denuncias por lo mismo y aquí sigue dictando clase, no seas una de esas 17 niñas que probablemente se gradúe en el doble del tiempo y mejor vuelve a inscribir la materia” ,es evidente que como institución son muchas las medidas que se deben implementar para que los estudiantes que denuncien dejen de obtener respuestas como esa; necesitamos que cada vez sean menos las víctimas que se sumergen en el miedo por falta de mecanismos institucionales efectivos.  

Sabemos que es difícil denunciar un acoso sexual ya que muchas veces este se traduce en un abuso de poder y aprovechamiento de figuras y posiciones de autoridad que hacen que las víctimas se sientan atemorizadas y vulnerables al acoso. No permitan que ese miedo los cohíba de denunciar, todavía somos muchos los que creemos en su testimonio, “Salí y denuncie, ellos atentamente me escucharon, afirmaron creer tanto en mi testimonio como en el de las demás y brindaron todo su apoyo personal e institucional” denunciar esta realidad hará que cada vez sean menos las víctimas de acoso sexual en la universidad, “Decidí que no iba a seguir propiciando esas conductas y menos en mi propia universidad que tanto amo y respeto, que no iba a permitir que nadie más cargara con esta situación en silencio.”  

 

Para que este tipo de situaciones dejen de suceder en la universidad se necesita del trabajo de todos, a  quiénes se sienten ajenos a esta situación no la normalicen ni la pongan en duda solo porque no la han vivido de manera directa; a las instituciones educativas tomen medidas al respecto, ustedes más que nadie deben creer en la palabra de quien con temor han decidió denunciar; a las víctimas recordarles que no están solas, son muchos los grupos estudiantiles (DeGénero, Polifonía, Foro Javeriano) que creen en  su testimonio y que están dispuestos a volver esta realidad visible; y  a quiénes de manera ignorante y apática, siguen repitiendo comentarios como “más te vale tener pruebas de eso que estás diciendo”, “es solo un comentario, no te lo tomes personal” “No todo es que te están coqueteando” o “solo lo dices porque te puso mala nota” y siguen poniendo en duda los testimonios de sus compañeros calificándolos de exagerados, showseros, mentirosos y escandalosos, lamentamos decirles que esto es una realidad de su país, de su universidad y de su facultad, ustedes deciden, ¿mudos o cómplices?.