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Inmigrar para trabajar más y ganar menos 

La encuesta Pulso de la Migración publicó los datos recopilados en los primeros meses del año enfocados en la población migratoria de Venezuela. Los datos indicaron que los venezolanos trabajan más horas por menos salario.

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Fuente: pexels.com

Por:  Gabrielle Maichel

En el pasado mes de abril de 2022, el DANE publicó los resultados y análisis de la encuesta Pulso de la Migración, en la cual se recopilaron los datos de la tercera ronda. La encuesta abarca, entre otras cosas, la información relacionada a los motivos de migración, la accesibilidad al empleo, los cambios en los flujos de remesas e ingresos de las personas que han migrado a Colombia. La población analizada fue la migrante desde Venezuela, incluyendo a colombianos que han retornado al país en los últimos cinco años. La cobertura geográfica abarcó veintitrés sedes, entre las cuales se encontraban Barranquilla, Florencia, Neiva, Medellín, Montería, Popayán y Bucaramanga. La tercera ronda encuestó un total de 6.744 migrantes, lo cual corresponde a un 67,9%.  Los resultados señalaron lo siguiente: un estimado de 51,7% de los migrantes dedican un mayor porcentaje de tiempo en actividades laborales; 24,3% aplicaron a puestos laborales; 6,8% se encuentra en un periodo de actividades académicas; y el restante en actividades del hogar. 

 

¿Cuáles son los principales desafíos que atraviesan los inmigrantes? Nos encontramos ante una encuesta de sustento informativo que ayuda a demostrar las realidades sociales, económicas y culturales de un país. Por ende, nos ubicamos ante una población que representa una minoría vulnerable factible para explotar más por menos. ¿Es acaso el estado de necesidad el que los lleva a aceptar lo “menos peor” para ganar algo? Los resultados de las encuestas demuestran que sí. Los venezolanos prefieren obtener un trabajo que los remunere menos que a la misma población colombiana por su alta necesidad tras haber abandonado su país de origen. Esto se produjo dadas las arduas condiciones políticas y económicas que el país atraviesa bajo el mando de Nicolás Maduro. Ahora bien, enfocándonos en los aspectos y dificultades que atraviesan, tras las últimas oleadas de migración, se resaltan la xenofobia, los crímenes sexuales contra las mujeres y niños, las dificultades en el acceso a productos de higiene femenina, la contratación, el bajo nivel de ingresos, la planificación familiar, entre otros. De igual manera, no podemos desconocer la famosa frase de “nos están quitando nuestro trabajo”, aunque cabe preguntarse si realmente esa afirmación es cierta, o si simplemente los venezolanos están dispuestos a aceptar lo mínimo a nada, y los colombianos no. De que es un tema controversial, lo es. Pero no es innecesario ponerse a analizar las realidades sociales y económicas que atraviesa esta minoría. ¿Qué hace uno en un país ajeno, sin recursos, con una familia por mantener? ¿Aceptar lo que se presente con tal de comer? Todas estas son pocas de las preguntas que muchas personas prefieren no realizar por la presión social de unirse a un pensamiento colectivo de quienes están causando mayor daño e inseguridad en el país, sin tener en cuenta que este territorio se ha formado y ha crecido por las diversas luchas y revoluciones en búsqueda de sus derechos. De esta manera, me atrevo a usar la frase de: “es mejor señalar con el dedo y taparse los ojos a ver la realidad cómo verdaderamente es”. La misma se evidencia en los resultados publicados en materia contractual. 

 

Para aquellos que se encontraban empleados, si analizamos las cifras y estadísticas, la mayoría de los que obtuvieron trabajo en los meses de enero a febrero (53,5%) cerraron sus posiciones mediante contratos verbales y menos del 20% lo obtuvieron mediante contrato escrito. Frente a la remuneración, se demostró que menos del 50% obtuvo un salario que variaba entre los $700.000 a $1.050.000 pesos. Respecto al tiempo de trabajo, un estimado del 67,9% de la población venezolana laboró por más de cuarenta horas, el mismo tiempo que un aproximado de 62% de colombianos. Nuevamente, las cifras nos destacan que los inmigrantes venezolanos realizaron mayores horas de jornadas laborales, pero obtuvieron una menor remuneración que la población colombiana. 

 

En consecuencia, la población migrante trabaja más y gana menos salario que los colombianos. Al parecer, ganar lo menos peor es la solución ante vivir en menores condiciones, obviamente. Pero claro, ello no implica una mejora en sus condiciones de dignidad humana. Por ello, formulo la pregunta final cuya respuesta ya supondremos: “¿toca lo que toca para no morir?”.